GUÍA PARA ESTUDIO DE EVANGELIO: MATEO 9,35 – 10,1.

1ª Semana de Diciembre 2013

Carlos Pérez, Chihuahua

Carlos-Perez-Chihuhua

1. OCASIÓN DE ESTE ESTUDIO DE EVANGELIO

Hace tiempo apareció en esta misma página web la experiencia de un pradosiano que atiende una capilla a donde acude la gente para celebrar el funeral de un familiar. Creo que muchos, si no es que todos, nos sentimos reflejados en ese testimonio. Nos inquieta qué hacer y cómo salir al encuentro de esta gente que se aparece una vez o pocas veces para un servicio religioso. En la Iglesia estamos convencidos de que se trata de empezar o continuar procesos evangelizadores con nuestras gentes y comunidades. Esta inquietud se la queremos plantear al evangelio, personalmente a nuestro Señor Jesucristo.

       Cada uno podrá recordar, echar mano de su propio Cuaderno de Pastoral, y tener delante la experiencia de esos hermanos “alejados” que nos interpelan como pastores, quizás nosotros mismos  o la Iglesia en su conjunto lejanos para ellos. 

 

 2. INVOCAMOS AL ESPÍRITU MISIONERO

Hagamos primeramente un momento de silencio para suplicar la asistencia del Espíritu Santo, para que sea el Espíritu el que nos ilumine, nos abra el entendimiento y el corazón a la Palabra de Dios. Sólo los pequeños y los humildes tienen acceso a los misterios de Dios.

 

3. LA PALABRA DEL SEÑOR

 Les proponemos como partida Mateo 9,35 – 10,1, poniendo atención a las palabras, a las personas, al ambiente, al contexto. Pensar que nosotros estamos involucrados en ese texto que estamos leyendo.

« Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. »

Así, en ambiente de oración podemos ir respondiendo las siguientes preguntas, no todas, sólo las que más me ayuden a entrar en el conocimiento de Jesucristo y de su entorno. Se pueden hacer otras preguntas que partan de nuestra realidad.

 

A. Mirando a Jesús

- ¿Cuál era la praxis de Jesús? ¿Cuál era el tema central de su enseñanza y de su acción?

- ¿Qué nos dice el evangelista acerca del corazón y de la mirada de Jesucristo respecto a las muchedumbres?

- ¿Qué salidas encuentra Jesús ante la situación en la que ve a las multitudes?

- ¿Qué enseñanza deja Jesús como maestro a sus discípulos en relación con las multitudes? ¿Qué facultades les confiere?

 

B. Mirando a nuestra Iglesia

- ¿Cómo sale nuestra iglesia, clérigos y laicos, al encuentro de la gente que pide servicios religiosos? ¿Y a la que no los pide?

- ¿Hasta dónde llega la acción de la iglesia en relación con estas gentes?

- ¿Qué facultades y qué alcances se ha otorgado nuestra iglesia, en particular sus pastores, para remediar la situación en la que vemos a nuestras gentes?

 

C. Mirando hacia nosotros Mismos

- ¿Con qué corazón salgo al encuentro de las personas que me piden un funeral, una celebración matrimonial o de quince años, un bautizo, una bendición? ¿Cómo veo al resto de la población de la parroquia y de la diócesis?

- ¿Sólo otorgo el servicio o qué acciones pongo en práctica con ellos para sembrar la Palabra y el Reino de Jesús en sus vidas?

- ¿Qué llamadas recibo al estudiar esta palabra y la persona de Jesucristo?

 

D. Otros pasajes del Evangelio, de las Cartas Apostólicas o del resto de la Sagrada Escritura.

- ¿Qué otros pasajes del evangelio o de la Sagrada Escritura enriquecen la respuesta de Jesucristo al desamparo de las multitudes?

- Pienso en Marcos 9,14-28. Hechos 15,36. Ti 1,5.

- ¿Qué otros textos pueden ayudar para dar una respuesta más consistente a la necesidad espiritual y material de nuestra gente?

 

3.  UNA PALABRA DE ANTONIO CHEVRIER.-

« Es necesario que haya unos hermanos que amen a estos niños, que los comprendan y tengan hacia ellos afecto y entrega. Si un niño tiene sed o hambre y va a pedir un trozo de pan a la cocina, se le responde echándole un jarro de agua a la cara, se le trata de burro, se le mira con desprecio o no se le presta atención. ¿Cómo quiere usted que estos niños amen la casa y regresen a ella con gusto? Si al menos hubieran comprendido un poco lo que es la abnegación… ¡Pero es tan difícil adquirir y transmitir este espíritu!…

… es un hecho que los habitantes de la ciudad no ven a estos niños con agrado, les molesta el ruido que hacen, no les llaman por otro nombre que “chaval” y siempre los miran con desprecio. En efecto, cuando llegan estos pobres niños, tan harapientos, tan malos como desgraciadamente son, no es agradable verlos. El señor Auger no podía ni olerlos y cuando se marchó y me dio unas botellas de vino para reponerme y recobrar fuerzas, me dijo: “mucho cuidado con dárselas a su cuadrilla”. ¡Pobre gente! Es lamentable que hablen así, pero, ¿qué quiere usted?, ésa es su mentalidad, no ven más lejos. Y esta mentalidad es la de la mayoría. También los niños son rechazados, mal vistos y despreciados; ¿cómo quiere usted que se acerquen a un mundo que los desprecia y los repudia? » (Carta # 23, a Camilo Rambaud).

 

4. DAR GRACIAS A DIOS POR LOS LLAMADOS QUE NOS HA DADO EN SU PALABRA. 

 

St Fons 15