GUÍA DE ESTUDIO DE EVANGELIO – LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

PROPUESTA DEL EQUIPO DE GUADALAJARA
Semana del 26 al 31 de mayo de 2014

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
1o de Junio de 2014

Circle-EE-May26-2014

P. Hermilio Cárdenas González

 

Introducción (Cfr. Catecismo de la Iglesia católica, 659 – 664).

La siguiente guía de estudio del Evangelio trata de ayudarnos a vivir, personal y comunitariamente,  la fiesta litúrgica de la Ascensión del Señor y a reafirmar su presencia como resucitado en medio de nosotros.

La Ascensión del Señor mira, por una parte, “al cielo”, pues Cristo ha entrado definitivamente a donde esta Dios. De aquí que nuestra humanidad ha sido glorificada ante Dios, todo lo que seremos está oculto todavía en Dios (cfr. Col 3,3), por lo tanto, todo lo humano le importa a Dios. Por otra parte, mira “a la tierra”, ahora los discípulos son enviados a una misión universal “Vayan y enseñen a todas las gentes…” (Mt 28,19). Por tanto, la ascensión de Cristo no solamente es un término sino un comienzo, el tiempo de la Iglesia. Hoy Jesús Resucitado continúa su obra en la Iglesia y en la historia a través de su Espíritu.

No se fue para alejarse de nuestra pequeñez, sino para que pusiéramos nuestra esperanza en llegar como miembros suyos a donde Él, nuestra cabeza y principio, nos ha precedido” (Prefacio de la Ascensión I).

 

1-    Oración al Espíritu Santo

Ven Santo Espíritu; haz venir del cielo el resplandor de tu presencia.

Ven, Padre de los pobres; Espíritu generoso; ven, luz de los corazones.

Tú, el perfecto consolador, frescura maravillosa en nuestra alma. Tú haces habitar la paz; en el sufrimiento, eres el alivio; en la tristeza, el consuelo.

Luz bienhechora, ven a habitar en lo más íntimo de nuestro ser para que te seamos fieles; sin tu presencia, nada hay en el hombre, nada que sea limpio.

Lava nuestro pecado, riega nuestra sequedad, sana nuestras heridas, haz flexible nuestras rigideces, inflama nuestra tibieza, endereza nuestros extravíos.

A los que confían en Ti y te reciben en la fe, cólmales de tus dones, concédeles crecear en Ti y perseverar en el camino de la salvación; dales la alegría perdurable. ¡Aleluya!

(Taize)

 

2-    Texto del Evangelio

Mt 28,16-20

Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

  • ¿Qué aspecto de Jesús nos revela el Evangelio al decirnos “al verlo le adoraron, algunos sin embargo dudaron”?
  • ¿Cómo Jesús resucitado nos asegura su presencia constante al decirnos “Yo estoy con vosotros todos los días”?
  • Para los miembros del Prado ¿Qué comporta el envío por parte de Jesucristo con su poder absoluto y universal?

3-    Alusión al P. Antonio Chevrier
El P. Antonio, después de desarrollar la invitación a seguir a Jesucristo con los diferentes “síguemes”, ahora habla de una promesa: “me seguiréis en mi gloria” (VD 501-503). Las promesas hechas a los Apóstoles (Mt 19, 27-29) y a Pablo (2 Tim 4,7-8), hoy se dirige sin duda a nosotros para aceptar con gusto la cruz que viene de la misión.

4-    ¿Qué ecos nos deja éste estudio de Evangelio?

 

5-    Oración final
“Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado” (Lc 24,29). Quédate con nosotros, Señor, acompáñanos aunque no siempre hayamos sabido reconocerte.

Quédate con nosotros, porque en torno a nosotros se van haciendo más densas las sombras, y tú eres la Luz; en nuestros corazones se insinúa la desesperanza, y tú los haces arder con la certeza de la Pascua. Estamos cansados del camino, pero tú nos confortas en la fracción del pan para anunciar a nuestros hermanos que en verdad tú has resucitado y que nos has dado la misión de ser testigos de tu resurrección.

Quédate con nosotros, Señor, cuando en torno a nuestra fe católica surgen las nieblas de la duda, del cansancio o de la dificultad: tú, que eres la Verdad misma como revelador del Padre, ilumina nuestras mentes con tu Palabra; ayúdanos a sentir la belleza de creer en ti…” (DA 554).