APORTE PARA LA HOMILÍA – PRESTAR OÍDO A LA REVELACIÓN DE LA SABIDURÍA DE DIOS…

HACIA EL PRÓXIMO DOMINGO

Aporte para la Homilía

PRESTAR OÍDO A LA REVELACIÓN DE LA SABIDURÍA DE DIOS…

Circle-Homilia-Aug-18-2014

Domingo XXI del Tiempo Ordinario
24 de agosto de 2014

 

El Evangelio
“Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del Hombre? ¿Quién dicen que es?” Ellos le respondieron: Unos  dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”. “Y ustedes”, les preguntó, “¿Quién dicen que soy?”

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Y Jesús le dijo: “Feliz tú, Simón, Hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías”. (Mt 16, 13-20)


Hacia el Próximo Domingo
Del Centro de Espiritualidad Apostólica San Pablo.

Lun 18 ¿Qué dice la gente?
Jesús salió de Galilea. Lejos de las polémicas y sin ser molestado por solicitudes, toma tiempo para hablar con sus discípulos. Quiere decirles más sobre sí mismo, pero con una suavidad pedagógica, comienza preguntándoles qué piensa la gente. Al igual que nosotros, los discípulos no son indiferentes a quienes les rodean y a los rumores que corren. Entonces, al igual que los discípulos, podemos reflexionar sobre las palabras que la gente que frecuentamos pone “sobre” Cristo: ¿cómo nos ayuda o nos molesta esto? ¿Estas palabras interpelan nuestra fe, la “cimbran”?

Mar 19 ¿Y ustedes?
El día de hoy, sin tratar de oír todavía la respuesta de Pedro, puedo dejar que resuenen las preguntas de Jesús: “Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?”. ¿Qué le diré, con mis propias palabras? La fe en Cristo no puede dejarme tranquilo en mi zona de confort. Me expone, me invita a tomar la palabra. Estoy invitado a involucrarme. El día de hoy, tomo tiempo para formular mi respuesta en unas cuantas frases y presentarla al Señor.

Mié 20 Tú eres el Mesías
Cuando estalla la respuesta de Pedro, los demás discípulos permanecen expectantes. Incluso Pedro, el que no comprende la Transfiguración, el que se hunde en el agua por falta de fe y el que negará tres veces a Cristo durante su Pasión, aquí da testimonio enérgico de la fe más pura y más espontánea que Jesús desea para nosotros. Los discípulos no han visto venir necesariamente esta fórmula breve y que expresa tanto: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Puedo imaginarme entre los discípulos para escuchar a Pedro y preguntarme cómo reaccionan. Y yo, ¿qué pienso de la respuesta de Pedro, primero en pecar pero primero en seguir a Cristo? ¿Qué me enseña sobre mi vida?

Jue 21 Dichosos…
Sí, como Pedro, podemos confesar nuestra fe en Jesucristo gracias al Padre que nos lo revela. Pero el Padre no nos envía un SMS… Entonces, puedo pensar en todos los medios que Dios ha empleado para decirme que Jesús es el Hijo de Dios vivo: el encuentro de testigos, el sentimiento interior de una alegría duradera y profunda, lo que el frecuentar a los más pobres ha podido revelarme, un pasaje bíblico particular que ha podido conmoverme… Al recordar con precisión todo esto, puedo darle gracias y pedirle su fuerza para ser fiel a lo que me dice.

Vie 22 Tú eres Pedro…
“Sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. Esta frase se ha utilizado con frecuencia para fundar el papado. Entonces, en este día, podemos orar por el Papa Francisco. Para que él y la curia que lo ayuda sean fieles a la misión de repetir quién es Jesús a los discípulos, a fin de que ellos lo digan al mundo. Entonces, la Iglesia podrá estar unida en una diversidad cada vez mayor.

Sáb 23 Iglesia
“Sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella”: el Papa no es más que uno de los elementos de un conjunto infinitamente más vasto, la Iglesia, una construcción que, Jesús promete, resistirá a la muerte. ¿Estoy listo yo también para convertirme en una de estas piedras del edificio para que se eleve la Iglesia? Para que la bóveda se sostenga, debo mantener mi lugar. Entonces, puedo preguntarme cuál es mi lugar en la Iglesia: ¿sobre quién me apoyo? ¿Quién se apoya sobre mí? Puedo también orar preguntándome qué lugar doy a los demás, prestando atención a quienes Jesús declaró como primeros en el Reino.

Dom 24 ¡No decir nada!
Es sorprendente oír a Jesús que pide a los discípulos no decir nada. Esta orden de silencio puede ser para nosotros una invitación a imitarlo: tomemos tiempo para respetar el ritmo de cada uno y esperemos el momento favorable para revelar quién es él. El día de hoy, nos volvemos a encontrar en comunidad para celebrar la Misa, al Hijo de Dios vivo. ¿Cómo se vuelve nuestra comunidad un medio que despliega el Padre para anunciar a Jesucristo? Un medio que se adapta al ritmo de quienes no lo conocen todavía pero que tienen sed de descubrirlo. Sabiendo deshacernos de una “obligación de resultado”, que nuestra comunidad sepa ser el justo instrumento para anunciar al Hijo amado del Padre.

 

Comentario Exegético-Espiritual
Raúl Moris, Prado de Chile.

Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su Voluntad (DV2), con estas palabras comienza el parágrafo segundo de la Constitución Dogmática Dei Verbum (1965) primer producto de la reflexión a la luz de la fe realizada por los Padres Conciliares del Concilio Vaticano II.

Estas palabras de la Iglesia del s XX se encuentran en absoluta consonancia con el relato de la Confesión  Mesiánica de Pedro en Cesarea de Filipo, porque es de esta misma acción de la sabiduría divina, de su recepción por parte de la Iglesia, y de la total apertura de mente y corazón que nos exige esta Revelación, de lo que nos habla el pasaje del Evangelio de hoy.

Jesús ha conducido a sus discípulos hasta un momento crucial en su camino de fe; estos hombres han hecho la experiencia de compartir con Él sus palabras, signos y acciones, han hecho la experiencia del encuentro personal, en el cual gradualmente les ha ido revelando por entero su identidad; por eso ahora ha llegado el tiempo de dar cuenta de cuánto han comprendido de esta Revelación.

Pedro y el resto de los discípulos han hecho un recorrido análogo al de los hombres que la tradición del Antiguo Testamento nos cuenta una y otra vez: no han salido ellos a buscar a Dios, no han descubierto el rostro del Señor  mediante un ejercicio de su inteligencia, de su capacidad de entender el mundo y sus relaciones; ha sido Dios mismo quien ha venido a su encuentro, de manera gratuita, desde la prístina iniciativa de su amor por la humanidad. El proceso que han vivido no es el de un desvelamiento paulatino de la naturaleza divina, fruto del esfuerzo y del escrutinio de la inteligencia humana, sino el de la Revelación del Misterio: la comunicación del Plan de Salvación: el designio de la Voluntad, y al mismo tiempo la comunicación de la propia identidad de Dios: el rostro compasivo y misericordioso del Señor que no ha sentido temor de mostrarse pequeño, que ha querido encarnarse para que, viviendo nuestra vida, la existencia temporal y limitada de los hombres, la eternidad de su vida plena nos fuera compartida.

Es por eso tan significativo el escenario en el que se sitúa la interrogación de Jesús a sus Discípulos y el modo como aborda el Señor  tanto la pregunta central como la respuesta solemnemente pronunciada por Pedro, en su nombre y en el de los Apóstoles:

Estamos en Cesarea de Filipo, territorio pagano, parte de ese difuso paisaje en donde Mateo sitúa a Jesús después de atravesar el Mar de Tiberíades, luego de la primera multiplicación del pan y los peces; difuso paisaje porque Jesús parece recorrer sin plan definido los territorios circundantes al oriente y al norte de Galilea: Genezaret, en la costa oriental del lago, las inmediaciones de Tiro y Sidón, al norte, en donde ocurre el encuentro con la mujer cananea; la imprecisa región de Magadán, y finalmente las cercanías de Cesarea de Filipo, al nororiente, en donde volviéndose Jesús hacia sus Discípulos, los emplaza a responder la pregunta por su identidad.

Estamos en un tiempo de definiciones, por eso la distancia en relación a Israel y Galilea es necesaria, será para mirar en perspectiva la propia tradición, la propia historia; y situarse ante ella; está por delante un tiempo de decisiones: el vasto mundo del paganismo aguarda a la espera de buenas noticias, que tendrán que ser anunciadas por estos mismos hombres después de la Resurrección del Señor; es el momento de saber en dónde se asienta y se impulsa el seguimiento que han emprendido tras la llamada de Jesús.

Por eso la primera pregunta apunta hacia las expectativas mesiánicas en general: ¿Qué dice la gente acerca del Hijo del Hombre? No se trata de una noticia que venga desde lo alto sin hacerse cargo del andar transcurrido, sin hacerse cargo de las esperanzas, de los anhelos de justicia, de compasión, de liberación, de verdad, de las incertidumbres que claman con urgencia al cielo por respuesta, y que repletan los corazones de los excluidos, de los pobres.

Pero la pregunta no se responde de verdad, si no es apelando a la experiencia personal que estos hombres han hecho: Jesús no quiere que le respondan con un catecismo bien aprendido, no quiere en este momento ni citas de los profetas, ni comentarios a la Ley de Israel, busca la respuesta que nace del encuentro vital con Él mismo, la respuesta de los que han emprendido con Él la marcha para recorrer con Él su camino: Y ustedes, ¿Quién dicen que soy?

Y es aquí en donde la respuesta de Pedro va a marcar la ruta de la comunidad nueva que está fundando Jesús: la Iglesia; la respuesta que nace del acoger con asombro y gratitud este acto de comunicación del amor y de la sabiduría eterna del Padre, y de disponerse a obsequiar la propia inteligencia y voluntad para ordenarlas al servicio de este amor primero y  así transformarse en canal de transmisión fiel de esa Revelación que busca nuestra salvación.

Acoger una Revelación que es en primer lugar buena noticia y vocación para la humanidad entera, pero que es también desafío, porque nace del sabio diseño que el Padre ha concebido desde el puro despliegue de su amor inconmensurable para con nosotros, pero de una sabiduría que siempre nos quedará grande, que siempre vendrá a desbaratar nuestra lógica de poder y de merecimientos, que siempre nos va a enfrentar con la necesidad de ajustar el oído de discípulo, para poder escucharla entre el ensordecedor vocerío que nos asalta desde todos los lados de nuestra cultura, y nos exigirá una y otra vez discernir la ruta por donde el Señor nos envía a peregrinar; discernir una y otra vez los signos que el Señor dispone a lo largo de la senda, para que no nos extraviemos por los falsos atajos que nosotros mismos queremos inventarnos, ni nos desanimemos delante de los obstáculos que nosotros mismos gustamos de erigir delante de nuestro paso y del paso de los que marchan con nosotros.

Discernir que el acoger esta revelación como buena noticia, supone ponernos al servicio de ella por amor al Padre y a la humanidad, como el propio Jesucristo, y no instrumentalizarla para levantar con ella nuestras fortalezas y blindar los palacios del poder: porque el encargo de las llaves que se le da a Pedro por haberse abierto por entero a la Revelación, no lo convierte en el dueño y señor de la casa, sino solo en el mayordomo, que está llamado a abrir de par en par las puertas, con alegre convicción y solícita compasión, a todos aquellos a los que el Señor invita a entrar, sin preguntarse por qué los invita a ellos, sin exigirles credenciales, sin intentar poner condiciones que bloqueen la libérrima voluntad de su Señor, que ha decidido amar sin exclusiones; el mayordomo al que al final de esta historia de salvación se le volverá a interrogar por el celo con el que custodió, por el empeño con el que convirtió en mapa de ruta, y la fidelidad con que compartió y transmitió intacta esta Revelación de la Sabiduría Creadora y Rectora del universo entero que nos es otra cosa que la manifestación del amor indefectible con que nos ha amado y nos seguirá amando por siempre Dios.