GUÍA DE ESTUDIO DE EVANGELIO – NO A LA MUNDANIDAD ESPIRITUAL

PROPUESTA DEL EQUIPO DE CIUDAD JUÁREZ

¡NO A LA MUNDANIDAD ESPIRITUAL!
¡No nos dejemos robar el Evangelio!

Circle-Efren-Hernandez
P. Efrén Hernámdez

Del 2 al 9 de septiembre de 2014

 

1. Oración Inicial

¡Oh pobreza, qué hermosa eres! Jesucristo, mi Maestro, te ha encontrado tan bella que te ha desposado al bajar del cielo, ha hecho de ti la compañera de su vida y ha querido morir contigo en la cruz. Concédeme, Maestro mío, esta hermosa pobreza. Que la tome con alegría, que la abrace con amor, para hacer de ella la compañera de toda mi vida y morir con ella sobre un trozo de madera, como mi Maestro (vd323).

 

2. Un hecho de Vida desde el cual le preguntamos hoy al Evangelio

Recién se han aprobado una serie de reformas relacionadas con la educación, las comunicaciones, y el uso de la energía.   Todas ellas supuestamente en función del bien común.   Aprobación realizada por los integrantes de las Cámaras  del Poder Legislativo.   Aprobaciones denunciadas por analistas políticos, económicos y de los medios de comunicación, como realizadas en un marco de corrupción, de beneficio personal, de robo al erario público, de beneficio a compañías  que les han sobornado para aprobarlas en su beneficio, etc. etc.      Y la gente nos comenta y pregunta: ¿qué va a pasar?, ¿qué podemos hacer?

 

3. La Palabra de Dios escuchada  Sant. 4, 1 – 17

“De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros? Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden. O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones.

¡Corazones adúlteros! ¿No saben acaso que haciéndose amigos del mundo se hacen enemigos de Dios? Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. No piensen que la Escritura afirma en vano: El alma que Dios puso en nosotros está llena de deseos envidiosos. Pero él nos da una gracia más grande todavía, según la palabra de la Escritura que dice: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes. Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Que los pecadores purifiquen sus manos; que se santifiquen los que tienen el corazón dividido. Reconozcan su miseria con dolor y con lágrimas. Que la alegría de ustedes se transforme en llanto, y el gozo, en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.

 Hermanos, no hablen mal los unos de los otros. El que habla en contra de un hermano o lo condena, habla en contra de la Ley y la condena. Ahora bien, si tú condenas la Ley, no eres cumplidor de la Ley, sino juez de la misma. Y no hay más que un solo legislador y juez, aquel que tiene el poder de salvar o de condenar. ¿Quién eres tú para condenar al prójimo? Y ustedes, los que ahora dicen: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad y nos quedaremos allí todo el año, haremos negocio y ganaremos dinero», ¿saben acaso qué les pasará mañana? Por su vida es como el humo, que aparece un momento y luego se disipa. Digan más bien: «Si Dios quiere, viviremos y haremos esto o aquello». Ustedes, en cambio, se glorían presuntuosamente, y esa jactancia es mala. El que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado” .

 

4. En la Escuela del Padre Chevrier: podemos ver:  VD  páginas146 y 155

No améis al mundo ni lo que hay en el mundo.
Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él (1 Jn 2,15).
La amistad con el mundo es enemistad con Dios. Cualquiera que desee ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios (Sant 4,4).
No os acomodéis al mundo presente (Rom 12,2).
Vosotros no sois del mundo, decía Jesucristo a sus apóstoles.

 

Por qué hay que renunciar a la Familia y al Mundo

Nadie puede servir a dos señores  Sabemos que el mundo entero yace en el  poder del maligno (1 Jn 5,19). El mundo no puede recibir al Espíritu Santo, porque no lo ve ni lo conoce (Jn  14,17).

Si alguien ama al mundo, el amor de Dios no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo es o concupiscencia de la carne o concupiscencia de los ojos, u orgullo de la vida, que no viene de Dios sino del mundo. El mundo y sus concupiscencias pasan; pero el que cumple la voluntad de Dios permanece para siempre (l Jn 2,15-17).

La sabiduría que viene de abajo es terrena, animal, diabólica. Donde haya envidia y espíritu de contienda, hay desconcierto y toda clase de maldad. La sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, pacífica, complaciente, dócil, susceptible de todo bien, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial, sin hipocresía (Sant 3,15-17).
El hombre animal no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede entender, pues sólo el Espíritu puede juzgarlas (1 Cor 2,14).
La sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios, según dice la Escritura: El que prende a los sabios en su propia astucia. El Señor conoce cuán vanos son los pensamientos de los sabios (l Cor 3,19-20).

Yo soy de arriba, vosotros sois de abajo, vosotros sois del mundo, yo no soy del mundo (Jn 8,23).
Ellos son del mundo;
por eso hablan según el mundo.
Pero nosotros somos de Dios.
Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios, no nos escucha. En esto conocemos el espíritu  de la verdad y el espíritu del error (l Jn 4,5-6).
El mundo pone su felicidad en las cosas exteriores y sensuales. Jesús la cifra en las cosas espirituales. María ha escogido la mejor parte.

No debemos relacionarlos con las gentes del mundo más que cuando sea necesario y para el bien de las almas.

Vosotros no sois del mundo, Yo os he escogido y sacado del mundo, dijo Nuestro Señor a sus apóstoles (Jn 15,19). Como nosotros no somos del mundo, porque Jesucristo nos escogió y separó del mundo no debemos amar el mundo ni seguirlo ni hacer lo que el mundo. Debemos sentir repugnancia, oposición, odio incluso hacia todas las futilidades, vanidades del mundo, sus conversaciones, sus fiestas, sus comilonas, sus placeres, sus diversiones. De lo contrario, no hay en nosotros amor de Dios, pues san Juan dice: Si alguno ama el mundo, el amor del Dios no está en él (l Jn 2,15).

Dice también Santiago: el amor del mundo es enemistad contra Dios (Sant 4,4). Andando a menudo en el mundo, adquirimos necesariamente los gustos y las ideas del mundo. Sentimos tal inclinación a las cosas naturales que nos cuesta mantenernos a la altura de nuestra vocación. El contacto con el mundo no puede por menos de sernos funesto. Pronto nos hacemos mundanos si frecuentamos las gentes mundanas. “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Es también una gran pérdida de tiempo ir al mundo con frecuencia.
¡Cuántas cosas inútiles! ¡Qué de conversaciones banales, sin sentido alguno! ¡Da pena ver a un sacerdote pasar la tarde entera en un salón, hablando de la lluvia, del buen tiempo, de política y de otras cosas inútiles! ¡Perder el tiempo cuando hay que convertir tantas almas. Un sacerdote no debería jamás sentarse a hablar y decir tonterías. Cuando un sacerdote va con frecuencia al mundo, enseguida pierde su autoridad, su ascendiente sobre los demás. Tienen que ser grandes santos para ir al mundo y conservar su autoridad de sacerdote sobre los otros, sobre todo cuando uno es joven.

Las gentes del mundo ven enseguida nuestros defectos, nuestras miserias; los examinan y los hacen objeto de su conversación, resultando ser nosotros el tema de sus críticas y reprobación; en vez de edificarles, al contrario, los hemos escandalizado.
Es muy difícil mantenerse a la altura de su ministerio y no desfallecer alguna vez; es mejor que la gente venga a visitarnos en vez de ir nosotros a verlos.

Nos invitan, nos obligan a ir a sus casas, nos hacen mil cumplidos, mil adulaciones de antemano. No les creamos. Es preferible pasar por huraños en este caso a que nos tengan por visitadores. A mi parecer, no debería el sacerdote dejarse ver más que en el púlpito, en el confesionario, en el altar, en casa de los pobres y de los enfermos. Por todas partes, el sacerdote está siempre expuesto a la crítica y a mundanizarse, asimilando los gustos y las ideas del mundo.

5. Cuestionamientos:

  1. ¿Cuáles son las principales actitudes que resaltan en esos hechos o conflictos entre los poderosos, los analistas y el pueblo?
  2. ¿Qué actitudes semejantes se dan entre nosotros, los sacerdotes, entre los fieles, y entre ellos y nosotros?
  3. Según Santiago, ¿cuáles son las raíces de estas situaciones?
  4. ¿Qué advertencias nos hace?
  5. ¿Qué nos recomienda el B P. Chevrier?
  6. ¿Qué puedo compartir y sugerir a los fieles laicos?

6. Oración Final

Te pedimos Señor, por intercesión y el ejemplo del B. Antonio Chverier, nos concedas trabajar por nuestra propia santificación y por la del pueblo; que nos permitas vivir solidariamente las cargas del pueblo que sobre lleva injustamente, así como también, atrevernos a devolverles  su vida iluminada con el Evangelio. AMÉN.

 

 

  

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