APORTE PARA LA HOMILÍA – LA AUTORIDAD DE JESÚS

HACIA EL PRÓXIMO DOMINGO

Aporte para la Homilía

Circle-Homilia-Jan-26-2015

LA AUTORIDAD DE JESÚS
Domingo, 1ro de febrero de 2015

  

Evangelio de Jesucristo según san Marcos
Capítulo 1, versículos 21 al 28

“Entraron en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar; «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios». Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!». Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea”.

 

Hacia el Domingo: Preparación día a día

Lun 26 En periferia
Nos encontramos al inicio del evangelio según san Marcos. Jesús acaba de llamar a sus discípulos y entra con ellos a Cafarnaúm. Cafarnaúm está al centro de Galilea, al norte de Israel. Es una provincia frecuentemente despreciada por los habitantes de Jerusalén por estar tan solo al borde de la tierra prometida. Isaías la describía como el “distrito de los paganos” (Isaías, 8, 23b). Jesús eligió inaugurar su enseñanza en este lugar. Doy gracias al Señor por haber elegido esta “periferia” para venir a nuestro encuentro. Pido la gracia de identificar las periferias actuales en las que él trabaja. 


Mar 27 Sábado
Algunas veces tenemos la impresión de que Jesús enseña o sana tan solo el sábado. Podemos comprenderlo al menos de dos maneras: por una parte, busca los momentos en que la gente está reunida y qué mejor que el día del Sabbat en la sinagoga. Por otra parte, el Sabbat es una cuestión crucial en la sociedad religiosa de su época. En efecto, el Sabbat debería ser signo de liberación; ahora bien, con frecuencia aparece como un absoluto religioso que obstaculiza la libertad que se vive en la relación con Dios. Medito sobre las acciones de Jesús y me cuestiono sobre mi manera de volver algunas veces absolutas ciertas reglas religiosas.

Mié 28 ¡Qué maestro!
Jesús pasa mucho tiempo enseñando. Y no enseña de cualquier manera ni a cualquier persona. La narración dice: “Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas”. Trato de recordar las palabras de Jesús que siguen alimentándome y marcándome. Escribo esas palabras en mi agenda y trato de interiorizarlas durante estos días. Pido la gracia de dejarme enseñar por Cristo a profundidad.

Jue 29 Combate por la verdad
La misión de Jesús no se realiza sin un combate ni sin adversarios. Vemos que en la sinagoga se encuentra un hombre atormentado por un espíritu impuro. Este hombre o lo que lo habita se rehúsa a la verdad que viene de Jesús. Se pone a gritar diciendo una mentira disfrazada de verdad. Dice con razón que Jesús es “el Santo de Dios”. Pero asocia la persona de Jesús a una voluntad de destruir. Aquí hay una forma de conocimiento malsano – “sé quién eres” – que no abre a la fe ni a la experiencia de salvación. El día de hoy, elijo comprender que el Señor vino para salvar al mundo y no para acabar con él.

Vie 30 Contra la mentira
A la mentira pronunciada por el espíritu maligno, Jesús opone una respuesta firme y rápida. Interpela vivamente a su adversario: “Cállate y sal de este hombre”. Frente a Jesús, no hay cabida para la mentira. Ahora bien, la mentira nos atraviesa a todos. Y algunas veces nos hace sufrir el descubrir en nosotros esta mentira que coexiste con nuestro deseo de seguir a aquel que es “el camino, la verdad y la vida”. Pido la gracia de resistir en este combate exigente para dejar que se haga la verdad en mí.

Sáb 31 Buen rumor
Luego de este intercambio enérgico y de la liberación de este hombre, la fama de Jesús comienza a extenderse “por todas partes, en toda la región de Galilea”. Esta fama es la que ha llegado hasta nosotros: en Jesús, Dios se acerca a nosotros y viene a salvarnos del mal. Doy gracias por todos los cristianos que me han precedido y transmitido este buen rumor y pido la gracia de ser portador para otros de esta buena noticia.

Dom 1 Crecer en amor y en verdad
Jesús habla y actúa siempre con autoridad. Sus contemporáneos no se equivocan: Jesús no produce un discurso religioso más. Hace lo que dice y dice lo que hace. ¿Su secreto? En él, “El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán” (Salmos 85, 11). Es una invitación para que crezcamos en amor y en verdad en nuestra relación con Dios, en la relación con los demás y con nosotros mismos. En la liturgia de hoy, pongamos atención a todas las palabras que invitan a comprometerse por este camino de crecimiento y de alegría. Sí, “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa”, pero pronunciaste sobre nosotros palabras que nos hacen hombres y mujeres erguidos. Bendito seas por esta obra y no la detengas.

 

Comentario Exegético-Espiritual

La cultura en la que se mueve Jesús era la de una sociedad cerrada; lo que entendemos por este nombre es ese tipo de sociedad característica de la época preindustrial (que por tanto se mantuvo hasta más o menos los finales del s XIX), en donde la estructura del tejido social era rígida y vertical, estaba claramente estratificada en clases, funciones, oficios, y la movilidad social era prácticamente nula; en otras palabras, el que en una sociedad cerrada nacía hijo de obreros o de artesanos no podía aspirar a otra cosa sino a ser él también obrero o artesano, a lo que más podía aspirar era a ser lo que su padre había sido.

Agreguemos a este dato el elemento del honor; la cultura de Jesús es una en la que el honor, la respetabilidad social, el reconocimiento de la propia valía, es un bien escaso y celosamente guardado; a cada estrato social le corresponde una determinada porción de esa honra, que puede ser heredada de padres a hijos, que puede ser duramente conquistada por el propio sujeto, y que fácilmente puede ser perdida. Pretender o siquiera aspirar al honor que le corresponde a otra clase o a otro oficio distinto y superior que el propio, es motivo de escándalo y por tanto duramente sancionado con la pérdida de la porción de honor correspondiente; en una sociedad cerrada, en una cultura del honor, no hay peor delito que lo que todavía nosotros conocemos con el nombre de “arribismo”.

Éstas son las razones que aparecen detrás del asombro que experimenta la multitud desde el momento en que escucha hablar a Jesús en la sinagoga de su pueblo y comentan además su fama: Jesús de hecho es carpintero de oficio, (el mismo oficio que el Evangelista Mateo, señala como propio de su padre José), y que equivale a lo que nosotros llamaríamos ahora un maestro de la construcción o un albañil, es decir, un trabajador no calificado. Por su oficio, Jesús pertenecía a los pobres de su pueblo, esos pobres que no podrían siquiera soñar el empinarse ni ellos ni sus hijos hasta ocupar la silla del Maestro. en una sociedad cerrada a un carpintero no le corresponde enseñar; por cierto no le está vedado hablar en la sinagoga, como tampoco a ningún hombre adulto que sea capaz de leer y comprender la Torah, el texto de la Ley; sin embargo de ahí a ponerse a enseñar como un Maestro hay un abismo social, que no se salta así sin más.

Para ser Rabbí, Maestro, uno tenía que haber sido aceptado como discípulo por otro maestro acreditado (lo que suponía de entrada el freno social de la salvaguarda del escaso y esquivo honor: los maestros no acogían a cualquiera entre el número de sus discípulos), y luego pasar por el filtro de largos y muchas veces humillantes años de duro aprendizaje, para después poder aspirar a ser reconocido en el rango de los maestros y aceptado por su grupo de pares, señalando siempre, a modo de curriculum vitae el  nombre de aquél, a cuyos pies había aprendido la doctrina que ahora se atrevía a enseñar.

Jesús no poseía esas notas de acreditación, no nombra en ningún momento al maestro autorizado desde donde pudo haber ganado la autoridad de enseñar y sin embargo su autoridad, su propia y particular Exusía, es un rasgo fundamental en el que los Evangelios Sinópticos van a insistir. 

Dos veces aparece mencionada en este pasaje, como objeto del asombro de los sencillos del pueblo, la Exusía, la autoridad de Jesús, primeramente referida al oficio de la enseñanza: los pobres de las aldeas de Galilea, ya tenían experiencia en materia de padecer la solemne autoridad de los que se proclamaban doctos y eruditos: los Escribas, esos maestros, expertos en la Ley, de la cual hacían alarde de conocer puntillosamente cada sutil distinción, Ley que interpretaban con distante condescendencia delante de los hombres que acudían a ellos, para que se dignasen dejar fluir un poco de la luz de la inteligencia que irradiaban los antiguos textos sobre los problemas cotidianos: árbitros celosos de la moral, maestros en la instrucción de los ignorantes, expertos en jurisprudencia, los Escribas se arropaban en el respeto temeroso con que la multitud los cubría,  y de paso se llenaban los bolsillos con el fruto del oficio de la interpretación de la Voluntad de Dios contenida en la tradición escrita de Israel. 

Pero he aquí Jesús, revelando en el lenguaje de los simples, la insondable hondura del querer del Padre, y haciéndolo en el pleno ejercicio de su Exusía, esa autoridad distinta a la de los Escribas, que era delegada, remitida al manejo de las letras sagradas, arduamente adquirida y celosamente custodiada; la autoridad de Jesús, se manifiesta en todo el sentido de la expresión con que se la menciona: Exusía: lo que brota del interior de su propio ser, no erudición intelectual lo que Jesús viene a ofrecer, no es oficio literario o jurídico, no es la lección bien aprendida y brillantemente explicada; es la vivencia humilde y profundamente gozosa del Hijo, del Discípulo, del Enviado del Padre; Autoridad que encuentra su asiento en la Voluntad de Dios que ha querido revelar su predilección por los pobres, enviando a su Hijo para que se exprese en la lengua de ellos,  Autoridad que permea y se derrama pródiga desde cada fibra de Su Existencia, porque éste no pretende ser otra cosa sino el canal por el cual pueda fluir incontenible el querer  y la compasión de Dios para la humanidad. 

Es por lo mismo que la Exusía de Jesús nos se queda solo en la límpida palabra con que Jesús va a alegrar y a asombrar a la comunidad que se ha reunido en la sinagoga, sino que se transforma en signo liberador e inapelable en el encuentro con el poseído. Signo de que ha llegado el tiempo de la compasión del Señor que quiere al hombre libre tal como lo quiso crear, desatado, para que  pueda él mismo volver a vincularse agradecido con el Padre,  para caminar con la dignidad del que ha sido salvado, re-formado; para experimentar que esa Exusía, que Jesús ha querido irradiar y compartir desde su carne, para redimir toda carne, es el regalo que seguimos gozando los que hemos sido constituidos por amor en hijos con el Hijo.     

Raúl Moris G. Pbro. Sacerdote del Prado de Chile