GUÍA PARA ESTUDIO DE EVANGELIO – PABLO DESDE LA PERSPECTIVA DEL PADRE CHEVRIER


PROPUESTA DE ESTUDIO DE EVANGELIO
PARA PREPARARNOS A LA ASAMBLEA
DEL PRADO MEXICANO 2015

“PABLO DESDE LA PERSPECTIVA DEL PADRE CHEVRIER ”

Circle-EE-OCT-20-2015

Aporte desde Colombia
Del 21 al 28 de octubre 2015 

 

1. Introducción: la importancia del encuentro con Cristo

Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo.  Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo

                                                           (Flp 3, 7-8)

Cuando Pablo escribe a los Filipenses se encuentra preso, probablemente en Éfeso. Algunos enemigos judaizantes aprovecharon para infiltrarse en la comunidad y denigrar de él. Pablo enumera entonces los motivos por los cuales podría gloriarse:   

Si algún otro cree tener motivo para confiar en la carne, yo mucho más: circuncidado el octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;  en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, hallado irreprensible

                                                     (Flp 3, 4b-6)    

Encontramos al menos dos motivos básicos por los cuales Pablo se consideraba dichoso: 

  • Era un israelita legítimo y llevaba como signo la circuncisión.
  • Cumplía cabalmente la Ley (era irreprensible) y la defendía.

Pero todo esto llega a considerarlo pérdida y basura comparado con el conocimiento de Cristo Jesús (Flp 3, 7-8). Ahora bien: ¿cómo llega el Apóstol a dicha conclusión? Gracias a la experiencia en el camino hacia Damasco 
(Hch 9, 3-5): en el primer encuentro que Pablo tiene con Cristo, éste se identifica con los que sufren (“Yo soy Jesús, a quien tu persigues”) y se le muestra vivo y resucitado. Los esquemas de Pablo entran en crisis: aquél que era maldito por el hecho de colgar de un madero (Gal 3,13) se encuentra ahora vivo; aquel que no era un riguroso observante de la Ley había sido ahora rehabilitado por Dios. ¿Para qué sirve, entonces la Ley ? Pablo descubre que la Ley no es instrumento de salvación; sólo nos salva la fe en Cristo Jesús, y va a desarrollar este argumento  en Romanos y Gálatas.

Teniendo en cuenta aquello que para Pablo ha significado la categoría “encuentro con Cristo”, es posible abordar algunos títulos paulinos que causaron gran impresión al Padre Chevrier.

 

2. Títulos de Cristo

A) Cristo es nuestra sabiduría, justicia, santificación y redención En la IV sección del VD el Padre Chevrier dedica varias páginas al análisis de 
1 Cor 1,30:

“…mas por obra suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención”.

Este versículo concluye el primer capítulo de 1 Corintios, en el cual Pablo aborda dos cuestiones:

  • El fracaso de la sabiduría humana en Atenas (Hch 17).
  • La gran dificultad de los corintios: son una comunidad dividida; unos dicen ser de Pablo, otros de Apolo, otros de Cefas, otros de Cristo.

El primer título dado a Cristo (sabiduría) ratifica la banalidad de la sabiduría humana; los tres restantes resumen, desde categorías judías, la centralidad de Cristo en la historia de la salvación: sólo Él es importante y ante Él todo ser humano, llámese Pablo, Pedro, Apolo, etc, ocupa un lugar secundario. 

  • El P. Chevrier comprende el sentido de la sabiduría desde la experiencia de Navidad en 1856, en la que descubre a Cristo como Luz: Jesucristo ha llegado a ser nuestra sabiduría al iluminarnos con sus luces y enseñarnos a diferenciar lo verdadero de lo falso. Dice pues: “cuando queremos, pues, conocer alguna cosa, estimarla, juzgarla, darle su valor, no tenemos otra cosa que buscar la luz, Jesucristo, y Él nos iluminará y nos enseñará lo que esto vale y cómo debemos estimarlo (…). Por lo mismo que es nuestra verdadera luz, es nuestra sabiduría, porque si actuamos conforme a  esta luz, nunca erraremos el camino. ” (VD 91). 
  • Cristo nos vuelve justos, nos hace justos, por medio del cumplimiento de los preceptos que nos dio.
  • Cristo nos hace santos, nos comunica la gracia que purifica nuestras almas.
  • El aspecto “redención” permite al P. Chevrier establecer un paralelo con otros textos en los que se resalta el aspecto de humillación al que ha llegado Cristo:

- Gal 3, 13: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros”.

- 2 Cor 5, 21: “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él”.

- Col 2, 14: “habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz”.

  

B) Otros títulos

El P. Chevrier propone otros títulos; con el fin de dar continuidad a lo que se ha mencionado, nos detendremos en aquellos que profundizan más directamente en el aspecto de la centralidad de Cristo: Jefe, Fundamento de todo, Centro.

 

  • Jefe: (Hechos 5,31) “Para guiarnos, él es  nuestra cabeza, nuestro jefe, nuestro guía a quien debemos seguir” (VD 100):

“En él habita la plenitud de la divinidad…” (Col 2,10)

“Dios lo ha elevado por  encima de todas las cosas y le dio nombre sobre todo  nombre” (Flp 2,9).

“Jesús es cabeza de la Iglesia que es su cuerpo” (Ef 5,23).

“Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en  toda la plenitud”. (Col 1,18-19).

  • Fundamento de todas las cosas: es decir, que todas las cosas deben sostenerse en Él. Nadie puede poner otro fundamento que el que ha sido puesto, y este fundamento es Jesucristo (1 Cor 3,11). Todo se sostiene en Él, todo se apoya en Él. Y esta frase cae de perlas a propósito 1 Cor 1,30: “Quiten a Jesucristo de la tierra, ¿Queda algún fundamento sólido? Ninguno. No quedan más que hombres. Pero los hombres no son  fundamentos firmes si  no se  apoyan  en Dios” (VD 102).

Conviene complementar con este otro escrito tomado de VD p. 103:

  • Centro: VD 104: “Del centro de la circunferencia parten todos los radios y hacia él todos los radios se dirigen. En el centro  todo converge y de él  todo parte.

Jesucristo es también el centro donde todo debe reunirse y de donde todo ha de partir.  Para ir al cielo hay que pasar por este centro.

El pesebre, el calvario, el tabernáculo, ¿no son los centros  donde deben acudir todos los hombres para recibir la vida, la paz, y reencaminarse desde allí para ir a Dios?

Nos los explica  San Pablo: Dios ha prodigado  la riqueza de su gracia sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según el benévolo designio que en él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que  todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y  lo que hay en la tierra. En él  hemos sido llamados (Ef 1,1- 7). 

Jesucristo es el centro en el cual debemos fundirnos todos y por entero. 
El P. Chevrier cita aquí Gal 3,28

“No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”

Este texto es fundamental en Pablo, quien deja ver la inutilidad de la ley mosaica, siendo una ley que establecía ante todo la división profunda -como dirá después en Romanos- entre judíos y gentiles. Los primeros despreciaban a los otros, pues se consideraban el único pueblo elegido, y pensaban que para los demás vendría una inevitable condenación, ya que carecían del único medio de salvación: la Ley.

Dicha división se daba incluso al interior del mismo Israel: los varones judíos cuando se levantaban en la mañana debían orar más o menos así: “gracias, Yhwh, porque no soy ni pagano, ni mujer.

Así pues, Cristo como centro, es garante de Unidad,  ya que estando en Él no es posible concebir división alguna. Cristo es visto desde su esencia (centro), pero al mismo tiempo desde la consecuencia que la aceptación de su persona obra en quienes se adhieren a Él.

Trayendo a colación una vez más el primer capítulo de 1 Corintios, podríamos parafrasear Gal 3,28  tal como sigue: “ya no existen los del grupo de Pablo, ya no existen los del grupo de Apolo, ya no existen los del grupo de Cefas, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.

 

3. “Conocer a Jesucristo lo es todo” (VD 113)

Todo se contiene  en el conocimiento que tengamos de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo (…). En Él están todos los tesoros de la ciencia y de la sabiduría (…). Ningún estudio, ninguna ciencia, ha de ser preferida a ésta. Es la más necesaria, la más útil, la más importante, sobre todo para aquel que  quiera ser presbítero, su discípulo. Porque sólo este conocimiento puede hacer presbíteros. Las otras ciencias son solamente  accesorias y  circunstanciales” (VD 113).

En las pp. 114-118 del VD el P. Chevrier analiza las consecuencias de quien ha hecho de Jesucristo su mayor tesoro, y así nos anima a acoger el magisterio de Aparecida-2007, #14: “No tenemos otro tesoro que este…”, ver también los números 28; 29 y 95. A continuación detallaremos aquellas consecuencias en las que Pablo es puesto como ejemplo: 

+ No estima nada por encima de Jesucristo: “no quiero saber nada más que a Jesucristo y a Jesucristo crucificado” (1 Cor 2,2).

+ No quiere agradar más que a Jesucristo: “Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gal 1,10).

Del conocimiento de Jesucristo brota  necesariamente el amor. Cuanto más conozcamos a Jesucristo, su hermosura, su grandeza, sus riquezas, tanto más crece  nuestro amor a él. Cuanto más procuramos  agradarle, tanto más alejaremos de nosotros lo que no está en conformidad con Jesucristo” (VD 115).

+ Por amor a Jesucristo no teme incluso pasar por loco: “Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno de ustedes se cree sabio según este mundo, hágase loco a fin de llegar a ser sabio” (1 Cor 3,18).

El que  es de Jesús debe dejar de lado totalmente  la estima  del mundo, la gloria del mundo. Piense  el mundo  lo que quiera, poco importa, que me tenga por loco, poco  importa. Yo soy de Jesucristo, lo soy; camino sobre sus huellas. 
Le sigo” (VD 116).

+ Nada le puede separar de Jesucristo:“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.  Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes,  39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rm 8, 35. 37-39).

+ Toda su felicidad está en seguir a Jesucristo, y quiere conformarse a la imagen de Jesús, su Maestro y su Modelo (Rm 8,29). 

+ No vive más que para Jesucristo: “Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron;  15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos “(2 Cor 5, 14-15

+ Jesucristo es su vida: comentemos brevemente Gal 2, 18-20

Porque si yo reedifico lo que en otro tiempo destruí, yo mismo resulto transgresor.  19 Pues mediante la ley yo morí a la ley, a fin de vivir para Dios.  20 Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.  21 No hago nula la gracia de Dios, porque si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano” 

Pablo trata el tema de la justificación por la fe, que desarrollará luego en Romanos. Una vez más se observa la consecuencia del encuentro con Cristo: los esquemas de Pablo han sido transformados: el único medio de salvación es Cristo, y esta salvación se obra por gracia y no por méritos propios. A Pablo no le interesa ya ser considerado él también “un maldito” (“con Cristo estoy crucificado”); lo único trascendental para él es la habitación de Cristo en él: (“ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”), ya que ha descubierto en Él la razón última de su existencia.