APORTE PARA LA HOMILÍA – DOMINGO DE CRISTO REY

HACIA EL PRÓXIMO DOMINGO

Aporte para la Homilía 

Circle-HOMILIA-NOV-20-2015

DOMINGO DE CRISTO REY

ENTOCNES TÚ ERES REY
Jn 18, 33-37

Domingo 22 de noviembre de 2015

 

Evangelio de Jesucristo según san Juan

Capítulo 18, versículos 33b a 37

“Pilato llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le respondió: «¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?». Pilato explicó: «¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho». Jesús respondió: «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí». Pilato le dijo: «¿Entonces tú eres rey». Jesús respondió: «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz».

 

1. Hacia el Domingo… Preparación orante de la homilía del próximo domingo durante la semana, del Centro de Espiritualidad Apostólica San Pablo.

Lun 16 Rey Servidor
Rey: vieja ilusión de todos los humanos que nacen en la tierra, sueño de absoluto poder. En las escuelas, sucede que los pequeños muestran su fuerza y obtienen placer malsano al dominar a sus pequeños compañeros. Sin embargo, aprendemos al cabo de los días, de las semanas y de los años que, en definitiva, no somos reyes de absolutamente nada. Seguimos a Cristo Rey y Servidor y aprendemos de él cómo dar la vida por los amigos. Amar se vuelve la realeza del Servidor. Entonces, pido la gracia de que se me coloque junto a Cristo Servidor.
 

Mar 17 Rey Amor
Pilato pregunta a Jesús: “¿Eres Rey?”, luego le responde: “¿Acaso yo soy judío?”. De hecho, ¿por qué sería condenable ser judío, cristiano o musulmán, alemán, australiano o africano? ¿Cómo es que nos gusta tanto recorrer el mundo, viajar a otro país y al mismo tiempo que seamos tan reticentes a recibir en nuestro país a los extranjeros? Con Cristo Rey, contemplemos a los hombres y mujeres que están sobre la faz de la tierra, tan diversos: blancos o negros, judíos o musulmanes… Pido la gracia de amar a mi prójimo como a mí mismo.
 

Mié 18 Rey Pobre
“¿Qué es lo que has hecho”. Es la pregunta de los jueces… Los hechos hablan más, o mejor, que las palabras. Y el acusado no siempre es culpable. Pienso en todas las situaciones de gran pobreza, de abandono, de angustia; pienso en mis fracasos, en aquello que nunca llega a buen término, en las injusticias, las falsas acusaciones, los rumores… Y también en lo que yo hago por Cristo, en lo que hago y lo que debo hacer… Pido simplemente la gracia de aceptar mi pobreza y vivir el día de hoy en comunión con el Rey de los pobres.
 

Jue 19 Rey Diferente
Nos alegramos por los avances tecnológicos aunque traigan consigo también la caída de quienes no pueden acceder a ellos. El Espíritu indica otros caminos: a contratiempo, a contracorriente, o bien simplemente diferentes y que toman la mayoría de nuestros contemporáneos. Nosotros seguimos a Cristo y su reino no es de este mundo. Nosotros seguimos a un Señor sin ejército ni armadura, vestido como un esclavo, un pastor que cuida de los más débiles. Pido la gracia de seguir a este Rey tan diferente que sorprende y nos lleva fuera de los senderos marcados.
 

Vie 20 Rey Humilde
Cristo nunca se proclama Rey. Descubre lo que se dice de Él. ¿Eres Rey? Probablemente nunca se ha planteado él mismo una pregunta como esta, pues su aspecto no es el de un Rey. Este anuncio no parece procurarle ningún sentimiento de poder o de dominio. No otorga ni contradice. Ser “Rey” seguramente no era su preocupación, salvo por lograr la grandeza del ser humilde y la búsqueda de la mayor gloria de Dios, en todas las cosas, en todas las circunstancias. Pido la gracia de crecer en humildad para la mayor gloria de Dios.

Sáb 21 Rey Verdad
Él estaba lleno de gracia y de verdad… La verdad no es una religión, o un rito o incluso un conjunto de leyes o de reglamentos; la verdad es una persona: “Yo soy la Verdad”. Una palabra conforme a la realidad. Una palabra que lucha con los problemas de su propia existencia. Experimentamos nuestra verdad, unida a la alegría, la gracia, la paz, la justicia, a lo que hacen nacer en nosotros la acción y la presencia de Dios. Pido la gracia de ser “verdadero” y para ello de tomar tiempo para releer la semana transcurrida, el mes o el año.

Dom 22 Rey del Universo
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos (1 Jn 1): ¡Reina el Señor, revestido de majestad! El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder. El mundo está firmemente establecido: ¡no se moverá jamás! Tu trono está firme desde siempre, tú existes desde la eternidad. Los ríos hacen resonar sus voces, Señor, los ríos hacen resonar su fragor. Pero más fuerte que las aguas impetuosas, más fuerte que el oleaje del mar, es el Señor en las alturas. Tus testimonios, Señor, son dignos de fe, la santidad embellece tu Casa a lo largo de los tiempos (Salmo 93). Pido la gracia de dar testimonio de Cristo, Rey del Universo.
 

Una manera de vivir volcado hacia el Señor

El lema de san Ignacio de Loyola es Ad Majorem Dei Gloriam: para una mayor gloria de Dios. Sus cartas iniciaban con las iniciales AMDG que expresaban su razón de escribir y de vivir. Como él, comenzar cada una de nuestras acciones dedicándolas así a Dios nos permite preguntarnos cómo puede glorificarse a Dios a través de lo que emprendemos.

Orar al centro del mundo con el Papa Francisco
Oremos para que los pastores de la Iglesia, con un profundo amor por su rebaño, acompañen su camino y conserven viva su esperanza.

En la casa
Para hacer memoria del año litúrgico transcurrido y agradecer al Señor todos los dones recibidos a lo largo de este tiempo, tomo tiempo para evocar las diferentes fiestas que vivimos desde el primer domingo de Adviento. Cada quien lo anota o dibuja en un papel de color que corresponda al color litúrgico del tiempo evocado. Al reunir estas hojas de papel es posible reconstituir un calendario litúrgico que lleve a Cristo rey en el centro del universo. Después de haber tomado tiempo para mirar atentamente los diversos papeles, cada quien expresa una oración alrededor de los descubrimientos realizados y las luces recibidas. Se termina con un Padre Nuestro.
 

“Mi realeza no es de este mundo”
Juan 18, 36

 

Cuando Jesús comienza a predicar después de su bautismo, anuncia la venida del reino de Dios y la necesidad de convertirse para recibirlo. En la víspera de su muerte, afirma ante Pilato que su realeza no es de este mundo. En este último domingo del año litúrgico, nuestra mirada se vuelve hacia Cristo Rey del universo, vencedor del mal y del pecado, que recoge todo en él para ofrecerlo al Padre. Hacia este más allá caminamos a tientas y es bueno para nosotros abrirnos a esta realidad que nos rebasa pero que ya se nos promete. ¿Qué podemos percibir hoy en día de este Reino? La vida de Jesús nos revela que él es justicia, paz, amor y verdad. Esto es a lo que todos debemos aspirar. Pero la vida cotidiana nos muestra que vivir en seguimiento de Cristo Rey del universo es del orden de un combate contra las fuerzas del mal y los deseos de dominio que nos habitan y nos alejan de Dios. Es el deseo de Cristo abrirnos su Reino. Pidamos mantenernos con él del lado de la vida rechazando cada día las fuerzas de la muerte, para terminar este año litúrgico de manera bella y cultivar la esperanza.

 

2. Comentario Exegético-Espiritual. Raúl Moris, Prado de Chile.

¿Eres tú el rey de los judíos?… con esta pregunta va a dar inicio el interrogatorio de Pilatos a Jesús,  interrogatorio que en ningún Evangelio se encuentra tan desarrollado como en el de Juan, y que constituye en el cuarto Evangelio, la ocasión para que Jesús revele explícitamente el modo en que Dios ha dispuesto para el cumplimiento y verdadera encarnación de la expectativa mesiánica del pueblo de Israel.

Los distintos Evangelistas van a dar cuenta de este título que -como ellos mismos testimoniarán- es el motivo declarado de la condena por parte de la clase dirigente de Jerusalén y la razón inscrita en el pretendidamente infamante cartel que Pilatos ordena clavar como provocación sobre la cruz; sin embargo el título de Rey, aplicado a Jesús va a presentar matices en los distintos relatos; si para Mateo, recogiendo una imagen que desde antiguo había quedado grabada en la memoria de Israel, Jesús será el Rey Pastor y Juez escatológico, el que al final de los tiempos vendrá con gloria a presidir el gran tribunal de justicia en donde la humanidad será juzgada de acuerdo a cómo fueron agentes de la misericordia, (cf Mt 25, 31-46), y para Lucas, Jesús será el Rey Salvador que se manifiesta como tal en la total donación de su vida en nombre de su pueblo, el rey que se inmola por los suyos en el gran sacrificio que restaura la relación del cielo con la tierra (Cf Lc 23, 35-43); la pregunta que corresponde hacer, y que nos ayudará a responder la lectura atenta de este pasaje, es cuál es el modelo de realeza con el que Juan nos presenta a Cristo Rey.

Como es un recurso frecuente en su Evangelio, Juan  aprovechará el malentendido que puede suscitarse de los distintos significados  de las palabras de Jesús y de las diversas expectativas que ellas despiertan para poder hacer una exposición de cómo es preciso entender la palabra Rey cuando es pronunciada aquí como una buena noticia.

El punto de partida será de carácter exclusivamente político; así parece considerar Pilatos la pretendida realeza de Jesús, o al menos así parece que -según Juan- los sumos sacerdotes del Templo quieren que el representante del poder imperial la entienda, de modo de que se persuada de que representa un peligro político, -el cargo es el de sedición frente a la autoridad de ocupación, el crimen es contra Roma-, así lo atestigua también el título acusado: Rey de los judíos -en vez de Rey de Israel, que habría aludido directamente a la esperanza puesta en el Mesías- Pilatos no es llamado a dirimir una disputa religiosa, ni tampoco se siente llamado a asumir ese rol -cómo podría además hacerlo si la religión de Israel le es completamente ajena- ante esta estrecha lectura política del cargo, ya en la primera réplica de Jesús se anuncia la índole diversa del ejercicio de su realeza.

¿Dices eso por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?… si bien Juan nos presenta dos interlocutores hablando entre sí, en realidad no estamos frente a un verdadero diálogo: los dos participantes se encuentran en esferas de sentido diferentes e inconexas, durante todo el pasaje las intervenciones no se siguen en un orden lógico: a la primera pregunta de Pilatos, Jesús responde con otra, que parece ser una velada invitación a encaminarse por la senda del discipulado; a la siguiente intervención de Pilatos, con la que rechaza la invitación implícita de Jesús a abrirse a su perspectiva, la pregunta ya ha cambiado, pero la respuesta de Jesús, tampoco responde a esa nueva pregunta, sino que es una exposición acerca de lo diverso que resulta su realeza a los que esperan una fundada en los criterios “del mundo”, fundada en la dinámica del poder, y así hasta el final de este desencuentro, que concluye con la pregunta de Pilatos nunca respondida y que sella definitivamente su postura. La pregunta inicial de Jesús, sólo revelará su sentido en su última intervención en este pasaje, cuando revela a Pilatos por fin su propia comprensión de lo que significa ser Rey. Con esta primera pregunta, Jesús le está abriendo la posibilidad a Pilatos de abrir la puerta de su entendimiento para dejarse ganar por la buena noticia del Señor, con la réplica de Pilatos la suerte del diálogo está echada: de ser una ocasión y posibilidad de encuentro se ha transformado en un irremediable desencuentro. 
 

Tu nación y los sumos sacerdotes, te han puesto en mis manos… Es notable el uso del término griego Ethnos, ”Nación” puesto hábilmente en boca de Pilatos por el Evangelista para referirse a los acusadores de Jesús, en vez de Laos, “Pueblo”; notable, porque en el modo como los judíos se veían a sí mismos, estos términos implican una diferencia radical: sólo hay un Laos, un solo Pueblo, constituido por la elección de Dios: el Pueblo de Israel; los demás, las naciones, los gentiles, no han recibido esta vocación y misión. Al usar el término Ethnos, el Cuarto Evangelio está poniendo en un mismo nivel a Israel y a los gentiles; los sumos sacerdotes, que dolosamente han querido condenar a Jesús, presentándolo ante Pilatos como el simple cabecilla de una revuelta políticamente peligrosa, ellos mismos por su ceguera y contumacia han perdido el título de Pueblo, en el sentido teológico de “Pueblo de la Elección” que con tanto orgullo ostentaban; en el horizonte comienza a perfilarse la figura del nuevo Pueblo convocado por Jesús, del Pueblo de la Nueva Alianza, pero antes, será preciso que el Señor manifieste cuál es la índole peculiar de su Reino y de qué modo se  adquiere carta de ciudadanía en él.

Si mi Reino fuera de este mundo… La relación del Reino – anunciado e inaugurado por Jesús- con la realidad temporal, con los asuntos humanos, es una relación compleja: en primer lugar, no procede ni se origina en esta misma realidad, sino que adviene a ella desde la eternidad de Dios, por tanto no ha de confundirse, no puede reducirse a un proyecto político, por muy liberador, por muy justiciero o equitativo, que sea, por mucho que se empeñe en la anhelada promoción del hombre, de todos los hombres; no obstante, en segundo lugar, el que no provenga de la dinámica del mundo no implica que corra paralelo o que se desentienda de éste, que sea meramente el anuncio de una dimensión encerrada en la lejanía del fin de la historia.

Estos dos deficientes comprensiones del Reino es lo que se encargará de despejar Jesús delante de Pilatos, primero, mediante el uso de una hipótesis que permita establecer un contraejemplo, y en segundo lugar, a través de la declaración positiva de su misión de cara al mundo: Si mi Reino tuviera su origen en la dinámica de este mundo, entonces debería funcionar de acuerdo a ella, entonces –comienza a decirnos Jesús- tendría servidores (en griego hüperetai, con el que en otros pasajes se alude a la guardia armada del Templo, al servicio de la casta sacerdotal) y estos servidores-guardianes, lucharían para imponer por la fuerza el Reino, o para defenderlo de las agresiones, así es esperable que suceda en los asuntos políticos, pero  mi Reino no es de aquí…, no procede de la voluntad de poder que rige los negocios de las  naciones, no posee por tanto, guardias armados, soldados a paga, súbditos sometidos al arbitrio despótico de su rey…
 

Yo soy Rey. Para esto he nacido y he venido al mundo… Ante la pregunta estupefacta de Pilatos, que no logra dejar su comprensión de realeza para acoger la de Jesús, viene la revelación de la realeza de Jesús  y de la índole de Su Reino: éste es una buena noticia aquí y ahora para el mundo, pero implica un emplazamiento y una exigencia:  el Rey que es Jesús, es el Rey Maestro, revelador de la verdad, verdad que no es otra cosa que la manifestación del Amor siempre fiel de un Dios que no se retracta de su voluntad de llamar a la humanidad para que viva; Rey Maestro, que ha venido a convocar un reino no de súbditos, sino de discípulos, capaces de escuchar, un reino que no conoce fronteras, a menos que nosotros mismos las emplacemos en el entendimiento de nuestro corazón: las barreras que levantó Pilatos ante la primera pregunta de Jesús, la barrera de la pregunta final de este pasaje cuando Pilatos pregunte desolado qué es verdad, teniendo a Quien es la Verdad enfrente suyo; un Reino que espera de nosotros el cambio de perspectivas, de mentalidad, que nos convierte de meros auditores o lectores de estas palabras, en discípulos de ellas, dejándolas fructificar en nosotros para salir con buenas noticias que desafíen desde la Verdad al mundo, para convertirnos de verdad nosotros mismos e invitar a este mundo nuestro a la conversión.