APORTE PARA LA HOMILÍA – DOMINGO 3o DE ADVIENTO “Y NOSOTROS… ¿QUÉ DEBEMOS DE HACER?”

HACIA EL PRÓXIMO DOMINGO

Aporte para la Homilía 

Circle-HOMILIA-DIC-12-2015

DOMINGO 3º DE ADVIENTO

“Y NOSOTROS… ¿QUÉ DEBEMOS DE HACER?”
Lc 10, 1-18

Domingo 12 de diciembre de 2015

 

Evangelio de Jesucristo según san Lucas

“La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer entonces?». Él les respondía: «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto». Algunos publicanos vinieron también a hacer bautizar y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?». Él les respondió: «No exijan más de lo estipulado». A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Juan les respondió: «No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo». Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible». Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia”.

 

1. HACIA EL PRÓXIMO DOMINGO….

Lun 7 El éxito de un Bautista
Las palabras de Isaías, que cita Juan Bautista en el Evangelio proclamado ayer, resuenan todavía en mi corazón. Sigo contemplando a Juan, este hombre anti-mundano hacia quien se apresuran las multitudes. Juan Bautista es lo que hoy llamaríamos con condescendencia un original, pero está lleno de una fuerza interior que lo vuelve por completo hacia Aquel que viene. Su “éxito” no es el de la provocación fácil sino el de la interpelación a profundidad. ¿Quiénes son los Juan Bautista de mi vida?, ¿un padre, un artista, un vecino?

Mar 8 Inmaculada
En estos días escuchamos al último de los profetas de quien Jesús dice “no ha nacido ningún hombre más grande” (Mt 11, 11). Con el poder de borrar, el primo de Jesús se hizo agente cercano a la obra de Dios entre los hombres. El día de hoy, con toda la Iglesia, agradezco por otro de estos “agentes cercanos”: la Virgen María, madre de Dios. Con mis palabras, pido a María que me ayude a descubrir más a su Hijo.

Mié 9 ¿Qué hacer?
“¿Qué debemos hacer?” Esta pregunta nos preocupa a todos, cuando se acerca la venida del Mesías, sin importar si nuestra vida es derecha, tortuosa, un poco vergonzosa… San Ignacio se la planteó, particularmente cuando comprendió que no podría permanecer en Tierra Santa aun cuando lo deseaba. Y en sus Ejercicios Espirituales, invita al participante en el retiro a preguntarse contemplando a Cristo en la cruz: “¿qué debo hacer?”. Respondo a esta pregunta tratando de ver con una sola mirada toda mi vida, en sus diferentes facetas (afectiva, profesional, eclesial…): ¿qué debo hacer ahora?

Jue 10 ¿Justicia, pertinencia?
Juan Bautista es un profeta concreto y práctico. Sus respuestas no tienen nada de alambicado, son precisas: la paz en las relaciones, el sentido de compartir y, cosa interesante, contentarse con lo que se me paga. Nuestras tiendas se desbordan de mercancía cuando se acerca la Navidad. Y si, deseosos de justicia, nos preguntáramos si esto está relacionado con la pertinencia?

Vie 11 Espera activa
“El pueblo estaba a la espera”, se nos dice en medio del evangelio. Hermosa actitud de la espera, no la que nos hace pasivos sino por el contrario la que nos dispone a una vigilancia atenta a lo que sucede. “Tener a Dios es esperarlo”, escribe Fenelon. Durante el Adviento, el Señor ya está con nosotros. ¿Qué expectativas me tienen a la espera hoy en día? ¿Para qué me preparo: un reconocimiento profesional, una relación más profunda con un amigo, un nacimiento en mi círculo cercano?

Sáb 12 Cosecha del Señor
Tan precisas como las recomendaciones hechas a las multitudes son las metáforas agrícolas que sugieren la actividad por venir de Cristo. Ya se perfila el Juicio final, tiempo de una separación entre elegidos y condenados. Si creo que Cristo regresará, entiendo mejor el llamado a convertirme y a prepararme. ¿Qué entiendo del Reino, era definitivamente nueva que inaugura Jesús?

Dom 13 La alegría del Evangelio
“Aclama y grita de alegría… porque es grande en medio de ti el Santo de Israel”, dice el Salmo. “Alégrense siempre en el Señor”, pide Pablo a los Filipenses (Segunda Lectura). “El exulta de alegría a causa de ti (…) y lanza por ti gritos de alegría”, dice el profeta Sofonías (Primera Lectura) inspirándose en su predecesor Jeremías. No es difícil encontrar la tonalidad común en los textos de este domingo. Sí, “El Señor, tu Dios, está en medio de ti” (So 3,17), en medio de nosotros. La Iglesia ha saboreado la espera del Señor y el calendario litúrgico que diseñó nos ayuda: recibimos, en comunidad, este tiempo de Adviento como un regalo para reconocer que el Señor ya está entre nosotros, mientras nos preparamos a celebrar su nacimiento en medio de los hombres.

 

Una manera de vivir el «menos es más» (3/5)

Una sana humildad, una sobriedad dichosa

La sobriedad y la humildad no han gozado de una valoración positiva en el último siglo. Pero cuando se debilita de manera generalizada el ejercicio de alguna virtud en la vida personal y social, ello termina provocando múltiples desequilibrios, también ambientales. Por eso, ya no basta hablar sólo de la integridad de los ecosistemas. Hay que atreverse a hablar de la integridad de la vida humana, de la necesidad de alentar y conjugar todos los grandes valores. La desaparición de la humildad, en un ser humano desaforadamente entusiasmado con la posibilidad de dominarlo todo sin límite alguno, sólo puede terminar dañando a la sociedad y al ambiente. No es fácil desarrollar esta sana humildad y una feliz sobriedad si nos volvemos autónomos, si excluimos de nuestra vida a Dios y nuestro yo ocupa su lugar, si creemos que es nuestra propia subjetividad la que determina lo que está bien o lo que está mal.

Papa Francisco, Laudato si’, n°224.

Orar al centro del mundo con el Papa Francisco

Oremos para que las familias, en particular las que sufren, encuentren en el nacimiento de Jesús un signo de profunda esperanza.
 

“¿Qué debemos hacer?”

Lucas 3, 12 y 14

Cuando se prepara una hermosa fiesta de Navidad, es muy legítimo plantearse esta pregunta: ¿qué debo hacer? Cuando esperamos a una persona muy querida, esta pregunta es legítima. Cuando deseamos seguir a Cristo, cada día un poco más, es todavía más legítima.

Pero la manera de plantear esta pregunta dirigida hacia el resultado inmediato – “tengo una respuesta, lo hago y entonces está bien” – ¿acaso no ocultaría cierto deseo de control o aun de dominio sobre nuestra vida… y quizá incluso sobre Dios? Plantear esta pregunta con un pequeño añadido como “¿qué debemos hacer para amar mejor a Cristo y seguirlo?” lo cambiaría todo. Y además las respuestas seguramente serían sorprendentes, incluso incómodas.

 

2. COMENTARIO EXEGÉTICO-ESPIRITUAL Raúl Moris, Prado de Chile

Avanzando en el tiempo de espera, el Adviento nos invita a la alegría, como se alegra el centinela que atento en su puesto de vigía aguarda a que se asomen las primeras luces, que tímidas pero irrefrenables, anuncian que la larga noche de la guardia está por acabar.

El Evangelio de hoy nos dará las razones para insistir en la alegría: continúa desarrollando Lucas la presentación del ministerio de Juan el Bautista; ya nos lo ha presentado como el Profeta por largo tiempo esperado, el Profeta que ha de tener la misión de ser el precursor del Mesías, inaugurando con su predicación el tiempo nuevo, el tiempo del Señor; Profeta que irrumpe en la historia concreta de su pueblo y en la del mundo, asumiendo sobre sí las palabras de Isaías, urgiendo al pueblo a la difícil tarea de allanar las sendas de su corazón para hacerlas transitables al paso del Señor; apareciendo como uno que asume el eco de la lejana voz de la esperanza de Israel, como uno que viene desde lo antiguo: Juan se manifiesta en el desierto, vive como un ermitaño, como los antiguos Nazires, hombres consagrados al Señor, que abandonaban todo negocio humano para ocupar la vida entera a la escucha de Dios, para prestarle su voz, sus manos, sus pies, sus fuerzas, para anunciarlo con el propio testimonio de sus vidas, de sus palabras y actos.

Juan viene a proclamar con sus palabras y con su signo más característico: el Bautismo en el Jordán, la necesidad de purificación, la necesidad de abrirse por entero al Señor, para acoger su modo de mirar el mundo, de estar en él; para dejar actuar en nosotros su Gracia renovadora, en otras palabras:  viene a proclamar la necesidad de la Metanoia, de la Conversión.

El  primer motivo para la alegría en este Evangelio será la capacidad de apertura universal de Juan el Bautista; expresada por Lucas en la inclusión de la diversidad de los tres grupos que se acercan a preguntarle qué hacer.

El primer grupo es anónimo, Lucas lo llama simplemente: “el gentío”; la multitud sin nombre que no se cansa de esperar, que logran descubrir en Juan una oportunidad para volver a alimentar su espera, para seguir caminando, un poco menos a tientas, un poco más consolados al tomar contacto con un hombre de Dios; es la muchedumbre formada por los que no cuentan, a menos que se los quiera emplear como mano de obra, o como primera línea en la batalla -esa que cae primero- es la muchedumbre de los pobres, mantenida en la ignorancia, sometida por el temor…, no aparecen escribas, ni fariseos, ni notables de la ciudad en este grupo que se acerca a recibir el bautismo y que pregunta cómo vivir de ahora en adelante; se trata de la masa sin rostro que ahora, después del bautismo ha descubierto que puede hacer algo por sí misma, que está formada por cientos de rostros distintos y queridos cada uno por Dios, que son hombres y mujeres que se sienten llamados a colaborar con la obra que el Señor ha comenzado en ellos, por mediación de Juan, y por eso preguntan, porque han descubierto cuánto vale lo que cada uno puede hacer libre, al acoger la urgencia del llamado.

El segundo grupo está compuesto por Publicanos, los despreciados funcionarios del sistema de impuestos del Imperio, los hombres que siendo del pueblo de Israel, se han doblegado sin más al poder de ocupación, y lo que es peor, han encontrado en él un nicho desde donde sacar provecho personal; son los colaboracionistas, los que se han vendido sin chistar al poder de turno, y desde el lugar tras el cual se han parapetado, se las arreglan, haciéndose cómplices de la opresión; son estos indeseables del pueblo de Israel lo que también se acercan a Juan para hacerse bautizar: han sabido o han sentido que también para ellos alcanza la gracia del perdón, que también ellos pueden responder a la llamada a la conversión, a la que gratuitamente se han abierto -lo sepan o no- cuando han hecho el gesto de encaminarse hacia el Bautista, recibir el Bautismo y disponerse a escuchar una palabra dicha para ellos. 

El tercer grupo está compuesto por soldados, Lucas no nos da mayores indicios que este nombre genérico; podemos suponer, por las costumbres a los que Juan los enfrenta: la Extorsión y la Delación, frecuentes en la soldadesca de las legiones romanas, que se trata de soldados de las tropas de ocupación (por otra parte, no pueden ser Judíos, ya que una de las medidas de la ocupación romana es impedir la presencia de contingente armado local en las tierras sometidas, y especialmente en el territorio de la Provincia de Judea) son además soldados a sueldo, lo que era característico de la Legión Romana; son por tanto extranjeros y paganos. Si también ellos se acercan a Juan, es porque han comprendido que tampoco ellos están excluidos de la Buena Noticia del Bautista.

Estos tres grupos van a constituir para Lucas un anticipo de los destinatarios del Evangelio, a ellos: a los que no cuentan, a los despreciados, a los excluidos, se va a acercar decididamente Jesús cuando comience su ministerio, no serán sus adversarios, sino sus huéspedes  y comensales, serán los llamados a llevar la delantera en el anuncio del Reino.

El segundo motivo para alegrarse radica en la índole de las recomendaciones que les hace Juan, probablemente ellos luego de su Bautismo, esperan difíciles pruebas de parte de Dios, tanto nos cuesta aceptar la gratuidad, tanto nos cuesta hacer entrar la experiencia de la gratuidad del amor en las coordenadas de nuestra vida, acostumbrada a una lógica de merecimientos, a una lógica en donde todo tiene un precio, que los tres grupos se acerca a Juan para conocer el costo de la acogida que han recibido:  Y nosotros, ¿qué debemos hacer?…

La sorpresa de ellos y su alegría tiene que haber sido grande cuando conocen las exigencias que el Bautista les pone: nada que escape a sus posibilidades ordinarias: manifestar su conversión practicando de verdad la justicia, la solidaridad, el respeto y el amor que se deben los que han acogido la gracia del Señor, hacer de estas acciones, que no son extraordinarias ni ajenas a sus respectivos ámbitos, la ocasión de anuncio de un nuevo orden de cosas, la ocasión de anuncio del querer de Dios; a la muchedumbre no se le exige más que hacerse solidaria, compartiendo de lo poco que pueden poseer para que todos los que van codo a codo en la marcha de la historia, puedan con dignidad seguir avanzando; a los publicanos no se les exige renunciar a su oficio, sino a practicarlo desde la justicia y caridad; a los soldados no se les exige renunciar al cuartel sino reconocer al resto como hermanos, a los que no se les puede hacer violencia. De este modo la propia conversión se convierte en hechos, en anuncio fecundo, en invitación para que otros sepan que están incluidos en el plan del Señor.

El tercer motivo para la alegría lo proporciona la propia  actitud de Juan el Bautista, al abrazar con gozo la misión de Precursor, al saberse parte de una historia que la escribe Dios, y ponerse al servicio de ella sin reclamar protagonismos, para dejar que se acerque el Señor, para anunciar su llegada, para prepararle el camino, para hacernos descubrir, con las primeros tenues resplandores del alba, el día que está llegando.