SUBSIDIO PARA LA HOMILÍA DEL DOMINGO 14 ORDINARIO 5 de julio del 2020

SUBSIDIO PARA LA HOMILÍA DEL DOMINGO 14 ORDINARIO

“VENGAN A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁN AFLIGIDOS Y AGOBIADOS Y YO LOS ALIVIARÉ”

5 de julio del 2020


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Lecturas bíblicas: Za 9, 9-10; Salmo 144; Rm 8, 9.11-13; Mt 11, 25-30

Evangelio de Jesucristo según san Mateo 11, 25 – 30

“En esa oportunidad, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”.

“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré”
Mateo 11, 28

Algunos puntos posibles a desarrollar en la homilía

  • En este inicio del mes de julio, qué mejor que oír estas palabras reconfortantes de Jesús que nos comparte lo más íntimo de su oración. Tomemos tiempo para recibirlas en lo más profundo de nosotros. Jesús se dirige a su Padre para bendecirlo y cantar su alabanza. Nosotros también pongámonos en presencia de nuestro Padre del cielo y de la tierra con los santos Pedro y Pablo, pilares de la Iglesia, a quienes celebramos el pasado lunes. Con ellos, bendigámoslo y cantemos su alabanza. Su benevolencia es para todos. Padre, te bendigo pues tú eres mi Padre, tú me das la vida cada día, así como tu amor.

 
  • En estos días de incertidumbre por la pandemia, pongámonos en esta celebración en presencia del Hijo que nos conduce hacia su Padre y que nos dice qué lazo lo une a él. Qué sorprendente es oír a Jesús darnos así su identidad de Hijo a través de una o dos frases solamente. Dejémonos atrapar por este misterio de comunión que nos toca el corazón. Solo el Padre conoce al Hijo, solo el Hijo conoce al Padre. Ninguno de los dos guarda nada para sí mismo. Entre ellos, todo se comparte y comunica. Señor Jesús, te bendigo, tú nos conduces hacia tu Padre que es también el nuestro.


  • Este misterio se oculta a los sabios y a los prudentes, pues no es la posición social lo que da acceso a Dios. Por el contrario, se revela a los más pequeños, pues tienen el corazón abierto. Aunque es revelado, este misterio sigue estando oculto de alguna manera. El día de hoy, tantos seres humanos ignoran que Dios existe o no quieren oír hablar de él pues se hacen imágenes totalmente falsas de él. Espíritu Santo, inúndame con tu luz para que perciba a mi alrededor cualquier reflejo trinitario. Concédeme un corazón lo suficientemente humilde para recibir tu misterio.
  • La mirada de Jesús es abierta. No se dirige solo a sus discípulos sino a todos aquellos que cargan el peso de la vida con sus altas y sus bajas. Nadie está excluido del llamado a venir hacia él: “Vengan a mí todos”. Escuchemos el llamado de Cristo él nos invita ahora en medio de incertidumbres o de dolores a ir hacia él. Señor Jesús, vengo hacia ti, no quiero ser sordo a tu llamado sino rápido en responder con un corazón abierto y generoso.
  • Jesús nos hace una promesa: la de encontrar alivio con él pues su yugo es ligero. Con él, la carga se vuelve ligera, pues todo lo que nos pide tiene como fuente el amor y la misericordia. La carga ya no hay que llevarla solos sobre los hombros sino con él, que la lleva con nosotros. De ahí la imagen del yugo. Los bueyes van de dos en dos para tirar del carro. Señor, concédeme acceder a dejarte llevar conmigo todo lo que es difícil en mi vida. Puedo tan fácilmente pasar a tu lado sin verte.
  • El día de hoy, domingo, tomemos tiempo para meditar estas palabras de Jesús: “porque soy paciente y humilde de corazón”. En la oración, dejémonos habitar por esta paciencia y esta humildad que Cristo resucitado nos comunica para que vivamos de ellas. Sí, tomemos sobre nosotros su yugo y encontraremos alivio. Sin importar lo que suceda en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestro ambiente, no estamos solos. Cristo nos acompaña. Después de haber sido privados de eucaristía durante semanas, participemos, si es posible, con alegría en la eucaristía de nuestras parroquias para dar gracias por lo que recibimos cada día, en comunión con nuestros hermanos y hermanas en la fe. Presentemos al Señor a aquellos y aquellas que llevan pesadas cargas a fin de que reciban la paz.