¿Qué es El Estudio del Evangelio?

El Estudio del Evangelio en las Constituciones del Prado n° 37.

Para crecer en el conocimiento de Jesucristo, nos comprometemos a estudiar el Evangelio de manera habitual y a aplicarlo en nuestra vida.

Ya sea de manera individual o en común, dedicaremos un tiempo considerable a este estudio espiritual. “Aquél que quiera llenarse del Espíritu de Dios deberá estudiar a Nuestro Señor cada día: sus palabras, sus ejemplos, su vida; he aquí la fuente en la que encontramos la vida, el espíritu de Dios” (VD 226)

Haremos de este estudio un verdadero trabajo que tome en cuenta la totalidad de las Escrituras. Lo realizaremos en la simplicidad de la fe, según la tradición de la Iglesia, en unión con los pobres cuya vida compartimos.

            “Es en la oración de cada día que hay que llevar a cabo este estudio y que hay que llevar a Jesucristo a nuestra vida…

            Es ahí que encontraremos cada día una pequeña luz del Espíritu Santo, y que llegaremos poco a poco a conformar nuestra vida a la de Jesucristo. Es necesaria una oración asidua” (VD 227)

En su oración, el verdadero discípulo pide a Cristo, Verbo Salvador, que tenga a bien abrir su espíritu y su inteligencia, con el fin de que la Palabra de Dios entre en su corazón y que pueda apreciarla y comprenderla.

Él desea que todas las palabras del Evangelio sean para él luz que ilumina, que lo lleva a Jesús, y que lo acompañen por todos los caminos de la justicia y la verdad.

Aunque siempre estamos tentados a considerar impracticable el Evangelio, el Padre CHEVRIER nos enseña a volvernos disponibles al Espíritu para escuchar, meditar y poner en práctica la Palabra, porque en esta palabra están la vida, el gozo, la paz y la felicidad.

1) ¿Qué es?

  • Un estudio “studeo”, en latín, tiene una connotación afectiva. Expresa una pasión, una decisión, un compromiso asiduo. Es un trabajo serio, regular, ordenado, que compromete nuestra inteligencia y nuestro corazón.
  • Espiritual “en el Espíritu”, bajo la acción del Espíritu Santo, para dejarnos configurar en Cristo, hoy en día, en su misión, a través del Espíritu.
  • Del Evangelio (de la Escritura): de la persona de Jesucristo, a través del carácter sacramental de la Palabra, en la totalidad de la Escritura.

2) Actitudes esenciales:

  • Fe y oración: colocarse ante Dios, que quiere manifestarse y comunicarse con nosotros.

Creer que la Palabra de Dios es activa y eficaz en el Espíritu Santo.

Creer que cada palabra o gesto de la persona de Jesús es un rayo de luz que ilumina nuestra vida y nuestra misión.

Creer que esta Palabra se confía a los apóstoles, a la Iglesia.

Dejar que el Padre nos atraiga en el Espíritu hacia el Hijo, Jesucristo, para conocerlo, amarlo y seguirlo; y darlo a conocer, amar y seguir cada día más.

  • Simplicidad: Aprender de los humildes y de los pobres a recibir el Evangelio como un don siempre nuevo y fresco, con sorpresa, gozo y gratitud. Al Padre le agradó revelar a los niños los secretos de su Reino (Lc 10, 21).

Demasiados razonamientos matan el Evangelio y desvían de lo esencial, que es buscar la persona de Jesucristo, para dejarse transformar por su Espíritu.

  • Disponibilidad: Con la docilidad del discípulo, abrir totalmente la puerta de nuestra vida al Señor que llama” (Ap 3, 20; VD 125). Tener un corazón purificado, libre, disponible para seguirlo a donde Él quiere conducirnos (Jn 21, 18), porque sólo Él tiene palabras de vida eterna (Jn 6, 68).

 

El Estudio del Evangelio para conocer a Jesucristo.

Carta 105: “¡Oh, volveos santos! Ahí está todo vuestro trabajo de cada día. Creced en el amor de Dios, creced para llegar a él en el conocimiento de Jesucristo, porque ahí está la llave de todo. Conocer a Dios y a su Cristo, ahí está todo hombre, todo sacerdote, todo santo: sed capaces de llegar ahí”.

VD 46: “Nuestro primer trabajo es pues conocer a Jesucristo para después ser completamente suyos”.

  • La experiencia del Padre CHEVRIER

La vida del Padre CHEVRIER está completamente impregnada de la Palabra que leía sin cesar, que anotó y meditó. Antonio CHEVRIER estudia a Jesucristo en la Escritura y hace de este estudio su trabajo principal. Nos impresionamos cuando observamos las 20 ó 25000 páginas de manuscritos, fruto de sus estudios del Evangelio, sobre todo cuando pensamos en su vida tan llena de actividades y de compromisos.

En su Estudio del Evangelio, Antonio CHEVRIER está iluminado por la gracia de la Navidad de 1856, cuando contempla al Verbo que se hace carne y que nos revela el amor infinito de Dios y cuando recibe esta nueva luz sobre el ministerio apostólico.

De la gracia de Navidad nacen convicciones profundas que animaron su Estudio del Evangelio y le dieron perseverancia.

  • El sacerdote es otro Cristo: un hombre que vive de Cristo, que está lleno del Espíritu de Cristo, que se deja guiar en todos los momentos de su vida por el Espíritu de Jesucristo.
  • Para lograr ser otro Cristo, el sacerdote debe conocer a Jesucristo: “Es este conocimiento lo que hace al sacerdote. Conocer a Jesucristo lo es todo. El conocimiento produce necesariamente el amor”. Este amor es la fuerza que impulsa al sacerdote en su actividad apostólica, “la caridad pastoral”. (PO 13).

“Es necesario leer y releer el Santo Evangelio, penetrar en él, estudiarlo, saberlo de memoria, estudiar cada palabra, cada acción, para comprender su sentido y llevarlo a los propios pensamientos y a las propias acciones” (VD 227).

2) Conocer, amar, seguir a la persona de Nuestro Señor Jesucristo.

  • No se trata de conocer en el sentido de estar informado acerca de algo, ni de tener una relación superficial con una persona.

No se trata tampoco de un conocimiento puramente intelectual, sino de un conocimiento en el sentido bíblico, de una experiencia profunda y personal con alguien, de una comunión y de un amor con el Verbo de vida.

  • En San Juan 17, 3, se ve que el conocimiento de Jesucristo es decisivo para tener la vida eterna. Es la vida nueva en Cristo.

En San Pablo, el conocimiento de Jesucristo es una finalidad, la finalidad misma de un creyente. No se puede reducir a un medio (Cf. 1 Co 13, 12) “Lo conoceré como Él me conoce”. (Cf. Gal 2, 20; Fil 3, 7)

En la tradición bíblica, conocemos porque hemos sido conocidos por nuestro nombre por el Amor eterno. Jesús conoce y ama a cada uno personalmente (Jn 10).

Somos llamados a conocer a Cristo Jesús Vivo en su Iglesia, nuestro contemporáneo, entrando en comunión con la persona y el misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección hoy en día en el mundo.

  • Es un conocimiento en la fe. La fe nos hace sentir y afirmar a Cristo Jesús como Vivo hoy en día en su Cuerpo, en la Palabra, en los Sacramentos, en los pobres. Como en Pablo y Juan, la fe desborda en conocimiento, en deseo de conocer más al Señor en quien creemos. Es un conocimiento progresivo, un proceso vital que nunca terminará.

Es un conocimiento en el amor. El conocimiento incluye el amor y el hecho de crecer. El conocimiento produce la imitación, el “seguimiento”. Éste libera de todo aquello que impide seguirlo totalmente.

Es un conocimiento en la objetividad de la fe de la Iglesia, en la comunión eclesial. Es solamente en la Iglesia que tenemos acceso al Cristo de ayer, de hoy y de siempre.

Este conocimiento es la obra del Espíritu Santo en nosotros. Es un don trinitario que debemos recibir, pedir, cultivar. Antonio CHEVRIER nos dice, con San Pablo, que este conocimiento es el bien supremo, la anticipación de la gloria, lo es todo.

 

El Estudio del Evangelio para la evangelización de los pobres.

            Antonio CHEVRIER es un catequista y un formador. Estudia el Evangelio para darlo a conocer a los pobres, a los ignorantes, a los pecadores, y para formar a sus seminaristas.

  • Estudio del Evangelio para los pobres.

En la experiencia apostólica de Antonio CHEVRIER, el Estudio del Evangelio nace de una exigencia de la caridad pastoral: dar a conocer a Cristo Jesús es el regalo más grande que podamos hacer a los pobres. Es la energía de donde sale todo el dinamismo de su liberación.

Para evangelizar a los pobres, es necesario conocer a Jesucristo, su palabra, su vida, su misión. De este modo podremos hablar de Él de manera vital, simple, familiar y concreta.

Antonio CHEVRIER está convencido de que tratar de cambiar a la gente es una pérdida de tiempo, mientras que la verdadera eficacia de la misión está en comunicar nuestro conocimiento de Jesucristo.

Ésta es la misión del apóstol: comunicar la fe en Alguien, una Persona, el Señor Jesucristo. Entonces, es necesario ser testigo de Él, del verdadero Salvador, y no de los profesores de ética o de religión. Para esto, necesitamos conocer la persona del Verbo, para poder conducir a los hombres a su encuentro, al “Sígueme”.

Los pobres tienen derecho a los frutos de nuestro Estudio del Evangelio. Para comunicar y compartir su Estudio del Evangelio, Antonio CHEVRIER nos enseña a hacer una pequeña síntesis, que no es una construcción intelectual, pero que es, como él lo dice: “un ramo de flores”, en el cual recogemos las luces más vitales para nosotros. De esta manera, construiremos “nuestro propio catecismo”.

  • El estudio del Evangelio con los pobres.

El Padre CHEVRIER y la tradición pradosiana subrayan la importancia de llevar a cabo el Estudio del Evangelio con los pobres. ¿Por qué? Los pobres, en la medida en que leen el Evangelio sin “todos estos razonamientos”, dejándose conducir por el buen sentido del Espíritu de Dios depositado en ellos, pueden enseñarnos muchas cosas para comprender el Evangelio.

Antonio CHEVRIER nos recuerda que la buena voluntad del Padre ha querido revelar a su Hijo a los niños y a los sencillos. Debemos pues escuchar a los pobres. Es por esto que los pobres son nuestros maestros.

Antonio CHEVRIER nos enseña también cómo estudiar la Escritura con los pobres:

  • Con la pobreza que los caracteriza a profundidad: escuchar con fe y poner su confianza en el Señor.
  • Con “la audacia” de los pobres. Quienes filosofan encuentran que el Evangelio es impracticable, incluso antes de intentarlo. Los pobres están conscientes de su debilidad, pero están conscientes de que su fuerza está en el Señor.
  • Con “el gozo” de los pobres, que sienten que el Señor los ha “llenado de gracia”, como María en el Magnificat.

Siguiendo a Antonio CHEVRIER, estamos llamados a comprometernos para que los pobres tengan la posibilidad de compartir entre sí y con los demás su experiencia y su comprensión del Evangelio. Debemos recibir con fe lo que la Palabra suscita en los pobres y dejar que el Espíritu Santo nos ilumine a través de ellos.