PRADOS DE AMÉRICA LATINA – ECUADOR

“BODAS DE ORO DEL P. JUAN CRISTÓBAL ESPINOSA PEREIRA
28 DE JUNIO DE 1964 – 28 DE JUNIO DEL 2014″

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P. Víctor Manuel Yanangómez

 

El P. Juan Cristóbal Espinosa Pereira nació el 11 de agosto de 1938. Y fue ordenado sacerdote el 28 de junio de 1964. Aquí les comparto algunos testimonios de su vida sacerdotal.

Modelo de pastor: El P. Cristóbal, estudió en Canadá, habla el francés y el inglés,  fue educado en la mentalidad del Concilio Vaticano II, quien dijo que Cristo hizo partícipes a los presbíteros “de su consagración y misión” (PO 2). Por consiguiente, el P. Cristóbal, no solo se dedicó a los sacramentos, como se subrayaba antes del Concilio, a construir templos materiales, casas parroquiales, (aunque esto también lo ha hecho por añadidura), sino, sobre todo, a evangelizar: ejerció la pastoral del encuentro, de salida, de los caminos y de la calle, la pastoral de la escucha; y, para encontrarse con la gente recorría pueblos y caseríos. Realizaba, por lo tanto, una pastoral de presencia en todos los lugares en donde viven los hombres, especialmente ahí donde se toma las decisiones que marcan la vida de los pueblos; y, ahí también ejercía la pastoral de la misericordia. Fue un gran predicador, con su palabra culta, profunda, teológica, directa y sencilla, con su fino buen humor llegaba a la gente, nada de vulgaridades y groserías; era un buen consejero, y tenía palabras espirituales para levantar las esperanzas de la gente. Aprovechaba la celebración de los sacramentos para evangelizar, fiel a las normas litúrgicas, pero sin caer en ritualismo y en acciones mágicas, y siempre con creatividad. Tenía un gran amor al Santísimo, lo demostraba cuando llevaba a los enfermos, jamás lo tuvo al Santísimo tirado en el bolso, sino del Sagrario al enfermo.

Con la pastoral, el P. Cristóbal, promovió las pequeñas comunidades, los frentes de solidaridad, los movimientos laicales, como la Legión de María. Realizó una pastoral profética, organizando al pueblo y acompañando a las organizaciones populares en su promoción humana, como tiendas comunales y en la defensa de sus derechos, cuando realizaban los paros. No tanto hizo una pastoral social de asistencia, sino liberadora, que el pueblo se valga por sí mismo para su vida y su desarrollo; promovió el diálogo fe y cultura, sociedad, por eso, era invitado a muchos diálogos en la academia, en la política y en temas sociales y de moral; y, muy hábil, preciso y claro para las entrevistas en los Medios de Comunicación social. Para que su pastoral responda a la realidad siempre estaba atento a lo que pasaba en la realidad del pueblo y del país. Y fue un gran educador de la gente en la manera de cómo deben vivir y actuar. Siempre subrayaba que el atraso de la gente se debe a la falta de educación. 

Comunión eclesial: El P. Cristóbal fue muy fiel a la Iglesia, optó siempre trabajar en equipo, con un plan de pastoral, la pastoral de conjunto fue su prioridad, puso mucho énfasis en la vida fraterna tanto en el clero como en los laicos, no cayó en los chismes eclesiales, en las envidias ni en el carrerismo, nunca tuvo ambiciones por una mejor parroquia (económicamente), para él todas las parroquias eran importantes, pues su prioridad era como hacer que crezca el Reino en donde lo pongan; fue un gran conocedor de la realidad eclesial del Loja profundo. Su fidelidad a la Iglesia, también, la expresó siendo crítico a ella, no tanto con palabras, sino con estilo de vida. Muy respetuoso con sus obispos, por eso, para no incomodarlos, mejor pedía salir de la diócesis e irse de misionero.

Pobre para los pobres: El P. Cristóbal siguió el nuevo estilo de Iglesia que propuso Juan XIII y la Iglesia de América Latina: “la Iglesia pobre para los pobres” y como sacerdote pradosiano siguió la espiritualidad del Prado que propone: “sacerdotes pobre para los pobres”. Por eso, él  jamás ha gastado su vida haciendo dinero en las fincas de la Iglesia o en otros negocios para tener más de lo necesario a nivel personal: solo ha tenido lo estrictamente necesario para vivir con dignidad y para evangelizar.  Él,  toda su vida  ha evangelizado, llevando una vida pobre, sencilla, austera y con medios pobres, así como lo quería Jesús. Por eso, el P. Cristóbal no se hacía problema para hacer la misión viajando en acémila, en el bus; nunca tuvo un vehículo particular. Y si tenía el vehículo de la parroquia lo trataba de cuidar al máximo para no ser carga de la gente y usarlo solamente para el servicio pastoral de la parroquia; y, nunca dudó de llevar en el vehículo a gente que encontraba en el camino. Y ahí aprovechaba para evangelizar. Fue muy prolijo para llevar las cuentas económicas de la parroquia y de gastarlo en lo estrictamente necesario, nada de lujos. Pero no se preocupó de “salvar la economía” (porque para vivir con lo necesario había lo suficiente), sino en la “Economía de la Salvación”.

Formación permanente: El P. Cristóbal ha puesto prioridad en su pastoral la formación permanente. Consideraba todo curso, todo encuentro de formación diocesana, nacional e internacional, como parte de su pastoral. Pero como sacerdote pradosiano, desde los años ochenta, consideró a la formación, no tanto, intelectual, sino como configurarse más a Cristo cada día. Para configurarse a Cristo hay que conocerlo, amarlo y seguirlo. Y para conocer a Cristo, el Prado propone el Estudio del Evangelio. El único trabajo del pradosiano es el Estudio del Evangelio. Y el P. Cristóbal fue por esa línea: configurarse más a Cristo y formar a Cristo en los fieles. También se conoce a Cristo, dice el Prado, en la Iglesia, en las comunidades cristianas. Por el P. Cristóbal estuvo atento a las enseñanzas de la Iglesia y a la vida de las comunidades cristianas, pues, desde ahí nos forma Cristo. Y así fue con el P. Cristóbal, en un comienzo era muy crítico con la religiosidad popular, pero la vida de fe de la gente pobre le fue cambiando. También, nos habla Cristo, dice el Prado, en la vida de los hombres, a través de la realidad del pueblo. Para escuchar a Cristo en el pueblo, el Prado nos enseña a practicar el Cuaderno de vida, ahí se anota lo que pasa en la vida del pueblo para luego, ir descubriendo a Cristo. Por eso, el P. Cristóbal cultivó mucho: un oído con el pueblo y otro oído con la realidad. La oración es un gran medio para conocer a Cristo. Y el P. Cristóbal cultivó mucho la oración, sobre todo, la liturgia de la Horas; pero una oración que parte de la realidad y para la realidad. El Prado propone a la vida fraterna como un medio de formación, pues ahí se discierne juntos, se confronta, se corrige y se ayuda a configurarse más a Cristo. Por eso, el P. Cristóbal trató siempre de cultivar la vida fraterna entre sacerdotes y laicos. Finalmente, el Prado propone sacerdotes pobres para los pobres. Y por esa línea fue el P. Cristóbal, con sus luces y sombras, propio de la condición humana.

Hay muchas cosas que quedan en el tintero, pero habrá otro momento para decirlo.

Quiero darle gracias al P. Cristóbal, por todo el bien que ha hecho a nuestra Iglesia de Loja, sobre todo, por su testimonio de vida. Por un lado, me apena que se nos vaya de la diócesis.  Pero, por otro lado me alegra por su testimonio de vida, que a pesar de sus años, se va de misionero con mucha alegría y disponibilidad al nuevo obispo, no tanto a buscar buenas parroquias, sino a donde el obispo vea lo más necesario su servicio pastoral. Bien dice un refrán: así como es la vida se es en la vejez. El P. Cristóbal toda su vida ha hecho pastoral de salida y así lo es ahora en sus bodas de oro sacerdotales.

Quiero darle gracias, porque él fue quien preparó y motivó para que Orianga sea parroquia eclesiástica.

Pero, sobre todo, quiero darle gracias porque con el P. Cristóbal entró el Prado al Ecuador y él fue el que me introdujo a la Asociación de Sacerdotes del Prado, nacido en Francia, con el Beato Antonio Chevrier. Y gracias al Prado me mantengo fiel a Cristo, me siento más Iglesia, me siento con orgullo del clero diocesano, porque el Prado nos ayuda a ser más diocesanos, y me siento más interpelado a vivir el evangelio. Y esta acción de gracias quiero darlo a nombre de los pradosianos del Ecuador, pues el P. Cristóbal ha sido responsable del mismo por muchos años.