MENSAJE DEL P MICHEL DELANNOY RESPONSABLE GENERAL

Asamblea del Prado Mexicano
(09-13 Noviembre 2015)

 

Queridos amigos,

Hoy quiero dar gracias a Dios porque es él quien no reúne; por él y para él hemos acudido cada uno de nosotros a vivir esta Asamblea del Prado Mexicano. Queremos compartir la alabanza de Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”. Sí, nosotros somos de esos pequeños a los que el Padre llama para ser sus discípulos y sus apóstoles para que la Buena Noticia sea anunciada a los pobres. No es posible anunciar la Buena Noticia a los pobres sin descubrir y vivir con ellos su propia debilidad, su pobreza.

Para mí es una alegría inmensa presidir vuestra Asamblea General. Es la primera vez que vengo a Méjico. Algunos rostros me son más familiares: Manuel Zubillaga Vázquez,, su Coordinador, a quien he podido conocer con ocasión de la Asamblea General de 2013; Juan Olloqui Martínez, que, junto con José Aristeu Vieira, ha acompañado nuestro Año Internacional del Prado en 2008-2009, año que yo he compartido con Francisco Estrada Ortega.

De su país, de su Prado, tengo todo aún por descubrir. Perdonen que no hable español; no he podido hacer más que un curso de tres semanas en España, y eso es demasiado poco. Necesitaría quedarme por lo menos seis meses con ustedes para familiarizarme con su lengua y así conocerlos mejor a ustedes y comprender mejor las realidades de su país y de la Iglesia en México. (Doy las gracias ya desde ahora a los traductores presentes a mi lado). Por supuesto que, en el Consejo General,  Armando, que acompaña más de cerca su país, ha compartido largamente sus descubrimientos, las cuestiones que le dan que pensar, y lo mismo Xosé Xulio. Aprovecho para transmitirles su saludo y la comunión de todo el Consejo General y de todos los pradosianos que han vivido junto a ustedes, Jean Michel Salomon, Yves Perraud, entre otros.

Vivimos nuestra Asamblea en el dinamismo de la Asamblea General de julio de 2013: “Anunciar a los pobres la riqueza de Jesucristo”. Cada uno ha podido hacer suyas las orientaciones que el Prado General propone para alimentar la vida pradosiana durante los próximos años. La dimensión de discípulo, de apóstol, la importancia de la formación y de la vida fraterna.

Estoy profundamente convencido de que todos nosotros tenemos que ayudarnos mutuamente  a vivir estas dimensiones de nuestro ministerio. No es fácil, es exigente; para vivir como apóstol es preciso estar en la escuela de Jesús haciéndose discípulo suyo. La fraternidad presbiteral debe sostenernos y dinamizarnos. Ojalá podamos en estos días experimentarlo y enriquecernos con ello en nuestros diálogos y nuestras búsquedas.

Esta Asamblea tiene como finalidad, en primer lugar, elegir a quienes tendrán la responsabilidad de conducir el Prado de Mexicano en comunión profunda con el conjunto del Prado y su Consejo. ¿Qué quiere decir “conducir”?  ¿En qué Espíritu, de qué manera pide hoy su familia ser conducida?  Se trata, ciertamente, de perfilar el ministerio de un hermano para el servicio de la coordinación junto con un Consejo. Recibimos todo esto como un don de Dios. Que el Espíritu Santo nos acompañe y nos ilumine. Que nos conduzca también encontrar pistas, orientaciones que nos lleven a responder siempre a la llamada de nuestro Beato Antonio Chevrier que quería sacerdotes pobres para los pobres, que encuentran su fuerza enraizándose en el Evangelio. Tenemos que ponernos a la escucha de los ruidos del mundo, de las aspiraciones de las personas con las que caminamos. El reciente documento de Aparecida tiene una fuerte intencionalidad evangelizadora. Dice que todo bautizado en la Iglesia debe ser misionero. ¡Todo bautizado  tiene un trabajo! Por otra parte, no hay ningún lugar que no sea tierra de misión. En la Iglesia todo debe girar sobre la misión.

No podemos ignorar la insistencia del Papa Francisco en ir a las periferias, en vivir la preocupación por la familia en todas sus dimensiones como lo ha hecho el Sínodo que terminó hace unos días, en acercarnos a los jóvenes. La familia y los jóvenes, dos realidades sobre las que hemos reflexionado y discutido en la Sesión Internacional de Formación del último mes de julio, cuyo tema era “el carisma del Padre Chevrier y el anuncio del Evangelio”.

El Prado América Latina – Caribe ha celebrado recientemente una sesión sobre el tema de la vocación. Se ha recordado de nuevo la importancia de despertar en nuestros hermanos y particularmente en las nuevas generaciones el interés por el carisma del Padre Chevrier. Es uno de los retos a los que se enfrenta su Prado.

Vamos a entrar en el Jubileo que ha querido el Papa Francisco para que descubramos la infinita misericordia de Dios para con su pueblo, para cada uno de nosotros. ¡Qué grande es el Amor que Dios nos tiene a cada uno de sus hijos! Desbordando ese amor, Dios nos envía cerca de nuestros hermanos perdidos, de nuestros hermanos forzados a emigrar para construir un futuro mejor, de todos nuestros hermanos que sufren. La última encíclica Laudato si nos invita a construir la Casa Común en el respeto al don de Dios en su creación.

¡Hay tanto que hacer para que el hombre encuentre de nuevo el lugar que le corresponde en la armonía con el cosmos! No olvidemos jamás que el hombre ha sido creado a imagen de Dios, que toda la creación ha sido puesta en nuestras manos, ¡que es sagrada!

Queridos hermanos, que nuestra Asamblea pueda dar buenos frutos. Ya estamos cosechando lo que el Señor sembró para que, por nuestra parte, seamos sembradores de Esperanza para nuestro mundo, tan desfigurado a veces, tan destruido por la exclusión, las guerras, el miedo al otro. A este propósito, señalo en su país la violencia gratuita ejercida por quienes tienen la responsabilidad de combatirla. 

Dios realiza su obra a través de la pequeñez de nuestras personas y la debilidad de nuestro Prado. Él nos concede su gracia para que ocupemos nuestro puesto en la historia de la salvación al lado de los más pobres. Que nuestra Asamblea pueda servir y construir el Reino proclamado por Jesús nuestro Salvador. Que Dios nos acompañe y esté con nosotros.

 

                                                                                    Michel DELANNOY

                                                                                    Responsable General del Prado