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Seguir a Jesucristo


No se puede ser discípulo de Jesús a distancia, sin asumir sus opciones y correr sus mismos riesgos. Practicando el Evangelio y caminando tras las huellas del Maestro, se amplía nuestro conocimiento de Jesucristo y se refuerza nuestra adhesión inicial.

Tomo a Jesús como Maestro. Quiero escucharle y seguirle, como un verdadero discípulo, no de lejos, sino lo más cerca posible (MsXI, 34).

Seguir a Jesucristo es ir por donde él va, es hacer todo lo que él hace, es no abandonarle jamás.
Es imitarle en todo lo posible.
Es seguir sus ejemplos, parecerse a él lo más perfectamente posible para llegar a ser como él, otro “él-mismo”: el sacerdote es otro Cristo.
Es poder decir como san Pablo: “Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo” (1Cor11,1).
Es lo que indica Nuestro Señor cuando dice a sus apóstoles: “Os he dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn13,15).

Seguir a Jesucristo es ir con él al Pesebre para allí hacerse pobre.
Es ir con él a Egipto para compartir allí su exilio y su pobreza.
Es permanecer con él en Nazaret, en el silencio, para llevar allí una vida oscura y oculta.
Es ir con él al desierto para ayunar y orar.
Es recorrer las ciudades y aldeas instruyendo a los ignorantes, consolando a los afligidos, curando a los enfermos y anunciando la salvación al mundo.
Es combatir los vicios y luchar contra el mal con valor y firmeza.
Es caminar en medio de las persecuciones e injusticias del mundo.
Es subir al Calvario para morir allí.
Es dejarse clavar en la cruz y morir en ella para obedecer a Dios y salvar al mundo.
Es ir al cielo con él, porque dijo que los que le hubieran seguido en la tierra estarían a su lado en el cielo.
El siervo no es más que el amo: al siervo le basta con parecerse a su amo para ser perfecto.
“Yo soy el Camino” (vd341).

 “Seguidme, es decir, haced como yo, pasad por el mismo camino que yo; seguidme en el camino que he tomado para cumplir mi misión; actuad como he actuado yo, caminad tras mis huellas, no toméis otro camino, pues podríais equivocaros y no llegar a la meta. Debéis continuar mi obra. Vosotros sois mis apóstoles, mis sucesores, tenéis que actuar como yo para llegar a la meta. Yo he convertido al universo: he tomado el camino del Pesebre, de la Cruz. Tomad el mismo camino si queréis llegar al mismo fin; de otro modo no llegaréis... Yo os envío a vosotros como mi Padre me ha enviado a mí; haced pues, como yo, si queréis cumplir la misión que yo os confío en nombre de mi Padre” (vd342).

 

Llegar a ser otro Jesucristo

Para la mayoría de la gente del barrio obrero de La Guillotière, los sacerdotes representaban  los intereses y los hábitos de una Iglesia alejada de ellos. Antonio Chevrier creía, sin embargo, que el sacerdote podía llevar el Evangelio a esas personas con tal de que éstas pudieran ver en él a Jesucristo pobre, crucificado y comido. La vida del apóstol adquiría así un valor sacramental.

 Nuestra unión con Jesucristo debe ser tan íntima, tan visible, tan perfecta, que los hombres deben decir al vernos: ¡es otro Jesucristo! Debemos reproducir, exterior e interiormente, las virtudes de Jesucristo, su pobreza, sus sufrimientos, su oración, su caridad. Debemos representar a Jesucristo pobre en su pesebre, a Jesucristo sufriente en su pasión, a Jesucristo dejándose comer en la santa Eucaristía (vd 101).

 “Si no creéis en mi palabra, creed en mis obras”, decía Nuestro Señor a los judíos. Ojalá pudiéramos decir nosotros lo mismo y mostrar nuestras obras a los hombres para comprometerles a creer y a convertirse. “Ved cómo soy pobre, ved cómo estoy clavado en la cruz, ved cómo me dejo comer por vosotros, sin decir nada, para vuestro bien” (vd137).

Es necesario que se vea a Jesucristo en todo nuestro exterior. Todo nuestro ser debe revelarlo (vd197). Es preciso llegar a ser otro Jesucristo visible (Ms X, 38). Imitar a Nuestro Señor, seguir a Jesucristo, llegar a ser otro Jesucristo en la tierra, ésa es la meta que me he propuesto desde el principio (Carta al sacerdote Dutel, 75 [1869]).

 

El Pesebre, el Calvario, el Tabernáculo

Ser otro Jesucristo es el punto de llegada; y no se llega de golpe. Antonio Chevrier, fijándose en Jesucristo, señaló tres etapas para identificarnos con Jesús y su ministerio mesiánico: el Pesebre, la Cruz y la Eucaristía.
A un amigo, que quería unírsele para compartir la vida de El Prado, le escribía en enero de 1866:

El tema de mis continuas reflexiones es éste: el sacerdote es otro Cristo. Debemos reproducir en toda nuestra vida la de Jesucristo, nuestro modelo: ser pobre como él en el pesebre, ser crucificado como él en la cruz para la salvación de los pecadores y ser comido como él en el sacramento de la Eucaristía. El sacerdote es, igual que Jesucristo, un hombre despojado, un hombre crucificado, un hombre comido; pero para ser comido por los fieles, hay que ser un buen pan bien cocido por la muerte a sí mismo, bien cocido en la pobreza, en el sufrimiento y en la muerte, como el Salvador, nuestro modelo; entonces todo lo nuestro servirá de alimento a los fieles: nuestras palabras, nuestros ejemplos; nos desviviremos como una madre se desvive por dar de comer a sus hijos (Carta al sacerdote Gourdon, 56 [1866]).

En Saint-Fons, que era entonces un pueblecito a las afueras de Lyon, le regalaron al padre Chevrier una casa pequeña. Allá iba a menudo a pasar algunos días de retiro, solo o con sus seminaristas.
En la planta baja aún se conserva un mural, en el que Chevrier escribió con grandes caracteres un cuadro sintético con su ideal del “sacerdote según el Evangelio”. Es lo que se conoce como “el Mural de Saint-Fons”.

Aprende sobre todo a ser pobre, mortificado y caritativo. El Pesebre, el Calvario, el Tabernáculo: ahí debes acudir todos los días a instruirte para llegar a ser un buen sacerdote, un buen catequista (Carta a Jean-Claude Jaricot, 61 [1866]).

 Qué grandes vais a ser cuando seáis sacerdotes, pero tendréis que ser pequeños al mismo tiempo para ser verdaderamente otros Jesucristo en la tierra. Tened presente que debéis representar el Pesebre, el Calvario, el Tabernáculo; estos tres signos deben ser como los estigmas que habéis de llevar continuamente sobre vosotros: los últimos de la tierra, los servidores de todos, los esclavos de los demás por la caridad, los últimos de todos por la humildad. ¡Qué hermoso, pero qué difícil!

 

Sacerdos Alter Christus
Verbum caro factum est et habitavit in nobis
Exemplum dedi vobis, ut quemadmodum ego feci, ita et vos faciatis

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