EL CARISMA DEL PRADO EN LA JUVENTUD MADURA DE LOS PRESBÍTEROS
Testimonio del P. Antonio Vidal en la Reunión Mensual del Prado Mexicano del 6 de agosto de 2026
El llamado y la gracia a seguir a Jesús más de cerca, desde nuestras fragilidades
La experiencia que he tenido de los primeros años de ministerio es una conjugación entre la fascinación y el desencanto, entre la estabilidad y la crisis; aunque con el paso del tiempo, se va alcanzando una cierta madurez alimentada por el discernimiento.
El principal motivo del desencanto en los primeros años de sacerdocio, lo he encontrado en la sobrecarga de tareas. Desde mi realidad concreta, el caer en el funcionalismo, el dar resultados y continuar con lo que sigue, parece ser la regla de acción que lleva a un desgaste físico, emocional y mental, a la monotonía y a la costumbre, a la constante queja, a hacer todo por inercia y con esto se olvida la sorpresa de Dios en el ejercicio del ministerio.
Otro motivo de desencanto, que para mí ha resultado significativamente importante, es la falta de una verdadera fraternidad sacerdotal y de un acompañamiento cercano por parte de la autoridad. La falta de lealtad y de confianza lleva al aislamiento; se va produciendo una búsqueda de salidas fáciles, rápidas, que solo acrecientan el vacío interior. Cuando realmente comprendes que con nadie más vas a encontrar ayuda con lo que vives y con lo que sientes, que no sea un sacerdote que vive lo mismo que tú, es como realmente sales adelante. Solo teniendo apertura y atreviéndote a compartir lo que vives, es como se va avanzando en la creación de verdaderos lazos de fraternidad que sostienen en el camino.
Tristemente me encontrado con sacerdotes contemporáneos a mí, que se han secularizado, que han caído en adicciones, por una falta de un verdadero acompañamiento. Esto me lleva a reflexionar sobre cómo estoy siendo compañero; ya que no solo se trata de que te acompañen, sino que tú también sepas acompañar.
Evidentemente no todo es negativo. La constante gratitud de los fieles que con sencillez reconocen tu entrega, la preocupación y la oración de aquellos que te vas encontrando en el camino, realmente fortalecen y animan a continuar entregando la vida; el mirar esos rostros en donde se contempla el dolor, la tristeza, el cansancio, el peso de los años, la desesperanza, y que tu tengas la oportunidad de ser un medio para llevar lo contrario, es una gracia que solo Dios puede conceder.
El Prado ha significado para mí un cimiento fuerte en mis primeros años de ministerio. En el carisma pradosiano he aprendido a mirar y conocer a Jesús a través de mi fragilidad y la de mis hermanos y también a sentirme realmente acompañado, teniendo confianza en que lo que compartía era escuchado y comprendido, no juzgado. En el Prado he vivido una verdadera fraternidad sacerdotal que me ha fortalecido en mi ministerio y que ha evitado que vaya por otros caminos. La propuesta del Prado de un mentor y una fraternidad sacerdotal elegida, me parecen una opción muy buena para acrecentar y fortalecer la vida sacerdotal de los primeros años. Siempre es importante estar acompañado y dejarse acompañar










