AVANCES DEL PROCESO DE PRIMERA FORMACIÓN
2ª parte
Ejercitar la contemplación apostólica y establecer lazos de fraternidad, compartiendo nuestras historias de vida.
Insertos en la misión del pastor mesiánico, los presbíteros no se limitan a ejercer unas funciones perfectamente delimitadas. Están llamados a ser auténticos contemplativos de la acción del Espíritu en la historia. Y esto debe determinar su manera de orar y de actuar. Su misión de guía y educador de personas y comunidades, sólo la puede desarrollar si su acción fluye de la contemplación. Por ello, la espiritualidad pastoral alimenta una circularidad entre acción y contemplación, entre la vida del mundo y la palabra de Dios. En el corazón del pastor se establece un diálogo permanente entre la experiencia de los hombres y la palabra hecha carne.
Todo esto supone un aprendizaje continuo de la mediación verdadera. La oración y acción de Moisés fue un ir continuo de Dios al pueblo y del pueblo a Dios. Y, en Jesús, el nuevo Moisés, vemos cómo contemplaba en el Padre a los suyos y, en ellos, la acción de su Padre. Ante la confesión de Pedro en Cesarea como Mesías, respondió: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.» (Mt 16, 17) Por otra parte desde el Padre, desde la soledad de la montaña, ve las fatigas de los suyos en alta mar y acude a socorrerlos (cf Mc 6, 46-52). La oración y la acción del pastor se enmarcan en la dinámica del único Mediador. Es el camino para conseguir una unidad de vida.
El ejercicio del Relato de Vida, así como la práctica constante del Cauderno de Vida y de la Revisión de Vida son una riqueza para los sacerdotes del Prado y por ello constituyen una dimensión muy importante en el camino de la Primera Formación.
Junto con el aprendizaje constante de la contemplación apostólica estas prácticas del Relato de Vida, del Cuaderno de Vida y de la Revisión de Vida forman también en el verdadero sentido de la fraternidad apostólica. (cfr. Mc 3, 13-19.)
El seguimiento de Jesús comporta una llamada personal; pero esta llamada, así como la respuesta libre, acontece en una comunidad o colegio. Los Doce fueron con-vocados para constituir un colegio. La importancia de esto es tal, que el evangelista repite: Instituyó Doce. Y juntos fueron donde él. Antes de citar los nombres de los llamados se insiste en los Doce, que serán el cimiento del nuevo pueblo de Dios. Juntos serán testigos de la fe y fundamento sobre el que el Señor edifica la Iglesia, la Fraternidad. Por tanto, no hay cabida para el individualismo, sin por ello negar la diversidad y diferencia de las personas. Pedro y Juan son muy diferentes, pero los vemos correr juntos.
Insistamos. La vocación es con-vocación. Dios no llama a individuos aislados, sino a personas en una comunidad y al servicio de la totalidad del pueblo de la alianza. La respuesta a la llamada, por otra parte, implica siempre mutua responsabilidad, pues la con-vocación comporta ser enviados juntos en misión. No se es pescador de hombres por libre, ni se puede ser testigo del Resucitado al margen del testimonio de los otros. La vocación y la misión son siempre comunitarias. La fraternidad apostólica es la condición de la misión.
La sicología de Jesús, como la de todo ser humano, tenía, sin duda alguna, sus preferencias por alguno del grupo de los Doce. Pero todos fueron llamados a estar y caminar con él, de acuerdo con el proyecto del Padre. Jesús, en última instancia, no elige a sus discípulos, sino que los recibe del Padre. En la oración sacerdotal, insiste: los que tú me has dado, sacándolos del mundo. Cuando le piden los hijos del Zebedeo sentarse en su reino uno a la derecha y otro a la izquierda, contestará: eso corresponde al Padre. No obstante, los Doce caminan con Jesús a lo largo del camino de Galilea a Jerusalén.
Por tanto, no se puede estar con Jesús al margen del resto de los hermanos.
Aquí algunos de los hermanos de la Primera Formación, como la semana anterior, nos dan su palabra acerca de lo que, por varias semanas en el contexto de la pandemia han sido reuniones quincenales de grupo, para escucharse y fraternizarse compartiendo sus relatos de Vida.
Arquidiócesis de Tlalnepantla
1. P. José Luis Juárez Ramos
2. P. Rodrigo Medina
Arquidiócesis de México
3. P. Alfonso Martínez Regalado
Diócesis de Torreón
4. P. Álvaro Omar
Diócesis de Puerto Escondido
5. Diác. Julio Cesar Merlín Gabriel










