ESTUDIO DE EVANGELIO DE PEDRO
¿Cómo Jesús va capturando el deseo de Pedro de crearlo Discípulo y Apóstol?
P. Juan Olloqui,
Arquidiócesis de Chihuahua.
Juan Olloqui nos ayuda con su profundidad y su experiencia como formador en el Prado, a adentrarnos en el camino que se recorre del atractivo por Jesucristo y que va conduciendo a ser de Jesús totalmente, al deseo sincero de santidad.
INTRODUCCIÓN
La formación que Pedro recibe se lleva a cabo en un contexto de misión: es Jesús quien asocia a un hombre al desarrollo de una obra, como es la de anunciar el Reino (Mc 1,14-15; ver Mt 4,12-17; Lc 4.1s).
Jesús inicia esta labor en relación estrecha con el Espíritu y marcado, a la vez, por la presencia de fuertes tentaciones, y por la lucha (Mt 4,1-11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-15; Jn 1,31-34). La claridad con que se manifiesta el rumbo de su ministerio, nos permitirá comprender su particular modo de formar a Pedro y a los otros que serán sus discípulos.
“El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: Conviértanse, porque el Reino de los cielos ha llegado” (Mt 4,16-17).
Viene para servir al Reino, ya cercano con él (Mc 1,15).
En Nazaret explicita la misión a la que le Espíritu le conduce: “Me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor… Comenzó a decirles: Esta Escritura, que acaban de oír, se ha cumplido hoy” (Lc 4,18-19.21).
Juan el evangelista nos dirá con expresiones diversas que Jesús ha venido a dar vida eterna.
1. – EL LLAMADO
Antes del llamado explícito, según Lucas vemos a Jesús ya en contacto con Pedro: va a la casa de éste y cura a su suegra (Lc 4,38-39). Marcos pone esta visita-curación después del llamado (Mc 1,29-31), e igual hace Mateo (Mt 8,14-15).
El evangelio de Juan nos muestra cómo Pedro se encuentra con Jesús, gracias a su hermano Andrés, que le lleva donde Jesús. Este, “fijando su mirada en él, le dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas, que quiere decir Piedra” (Jn 1,42).
Según Mateo y Marcos, Pedro es uno de los cuatro primeros discípulos en ser llamado: “Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: Vengan conmigo, y les haré pescadores de hombres. Y ellos al instante, dejando la barca y a su Padre, le siguieron” (Mt 4,18-20; ver Mc 1,16-18).
Y Lucas: “Estaba él a la orilla….” (Lc 5,1-11).
2.- CONVICCIONES QUE JESÚS SIEMBRA EN PEDRO
Quien llama y forma para el seguimiento y la misión es Jesús (Mt 4,18-20; Mc 1,16-18; Lc 5,10-11), y es él quien marca el nuevo rumbo de Pedro al llamarlo “Cefas-Pedro” (Jn 1,42).
Por experiencia, Pedro sabe que es también Jesús quien, durante el camino, elige a Doce de entre los llamados para hacerles sus apóstoles (Mt 10,1-4; Mc 3,13-19; Lc 6,12-16). No hay otro Maestro ni otro a quien seguir. Más claramente: pide amarlo por sobre todo, tomar la cruz y seguirle (Mt 10,37-39).
Cuando Jesús cura a la hija de Jairo, es Jesús quien decide cuáles personas estarán con él en ese momento. Elige a Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago (Mc 5,37; Lc 8,51).
Esta será la gran lucha de Pedro, la convicción desde la que tendrá que vivir: quien conduce su vida de ahora en adelante es Jesucristo.
La condición de pecador de Pedro no impide a Jesús llamarle en su seguimiento, porque la misericordia antecede a la justicia de los hombres: “No temas. Desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5,10). Jesús, así, acepta a Pedro con todo lo que éste es, lo cual es tanto más significativo por lo que inmediatamente sucede después del “no temas”: lo hace pescador de hombres. Es decir, siembra en Pedro la certeza de ser amado. Fijó en él su mirada (Jn 1,42). Saberse y reconocerse amado es la salvación de Pedro, y será también el resorte fundamental de su entrega.
En el mar, Pedro experimenta profundamente su miedo, que le lleva a hundirse. Jesús le invita a confiar en sus palabras: “¡Ven!” Pedro descubre a Jesús como el que tiene poder sobre el mar (Mt 14,22-33).
Con motivo de la intervención de Pedro sobre la higuera seca, Jesús le invita a tener fe en Dios y a orar, convencido él y los demás de ser escuchados (Mc 11,20-26).
El silencio vivido por Pedro inmediatamente después del primer llamado, nos hace pensar en lo que corresponde a todo verdadero discípulo: escuchar, ver, oír, ir detrás del Maestro. Pero este ejercicio dura toda la vida.
Algunos de los discípulos, entre los que está Pedro, interroga a Jesús acerca del momento de la destrucción del Templo. El, por su parte, les invita a permanecer serenos y alerta, dedicados a la proclamación de la Buena Nueva, y conscientes de que esto les acarreará persecución. La perseverancia de ellos será motivo de salvación. Como se ignora el momento, lo importante es vigilar (Mc 13).
Es también el Maestro quien dirige la celebración de la cena pascual: envía a Pedro y Juan a realizar los preparativos, y ellos hacen las cosas tal como él les dice (Lc 22,7-13).
3.- MANERAS COMO LE EDUCA EN EL SEGUIMIENTO
Una vez que ha sido llamado, le hace seguirle en silencio; Pedro va detrás de Jesús junto con los demás discípulos, aprendiendo así a ser pescador de hombres.
Jesús reprende al conjunto de sus discípulos cuando va sobre la barca: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” (Mt 8,26; ver Mc 4,40; Lc 8,22-25).
Reprende directamente a Pedro por su desconfianza al ser invitado a caminar sobre el mar: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” (Mt 14,31). Y cuando Pedro confiesa a Jesús como “el Cristo”, les mandó enérgicamente a todos que a nadie hablaran de este asunto (Mt 16,20 par.).
Las instrucciones son algo esencial, tanto como el hecho mismo de ser enviados; no les envía sin antes haberles instruido largamente (Mt 10,5s; Lc 9,1s; Mc 6,7s).
Les explica todo en privado (Mc 4,34; ver Mt 13,11.36; 15,15-16; Lc 8,10).
Para Jesús es importante que ellos atiendan a lo que la gente y ellos mismos piensan de él. Siguen al Maestro, pero también caminan cerca, al lado de un pueblo. No pueden ir detrás de él de cualquier forma, sino escuchando lo que la persona de Jesús va dejando en los corazones e inteligencias (ver Mt 16,13 par.).
4.- EXPERIENCIA ESPIRITUAL DE PEDRO
¡El Maestro me conoce y me ama!
“¡Simón, Simón!” Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca…” (Lc 22,31-32). Pedro descubre que en sus debilidades –no a pesar de ellas- Jesús le ama.
Cuando oye que es el Señor quien les pide lanzar las redes, Pedro se lanza al mar (Jn 21,7).
Jesús conoce hondamente al hombre que es Pedro. La manera como lo corrige nos permite ver aún más cómo Pedro vive desde sí. Las correcciones por parte de Jesús le permitirán conocerse él mismo de una manera muy verdadera y humilde (ver Jn 21: “Tú lo sabes todo…”).
Pedro y los otros reconocen la fuerza salvadora de Jesús sobre el viento del mar; lo descubren como el que está con ellos durante la travesía, aun cuando al principio lo ven como si fuera fantasma. Profesan su fe: “Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mt 14,22-33).
Mientras Jesús vive con profunda tristeza la cercanía de su “hora”, Pedro y otros discípulos duermen (Mc 14,32-42; Mt 26,36-46). Lucas dice que estaban dormidos debido a la tristeza (Lc 22,45-46). El los levanta.
Al momento que toman preso a Jesús, le dice éste a Pedro: “Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?” (Jn 18,10-11).
El momento de la dispersión da cuenta de cómo conoce Jesús a los suyos, y nos muestra hasta dónde seguir a Jesús es obra de Dios, no algo debido a las fuerzas humanas: “Llega la hora (y ha llegado ya) en que se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo” (Jn 16,31-32). “Los discípulos le abandonaron todos y huyeron” (Mt 26,56; ver Mc 14,50).
Pedro y otro discípulo siguen a Jesús después que éste ha sido tomado preso (Jn 18,15): “Pedro le iba siguiendo de lejos” (Lc 22,54; Mc 14,54; Mt 26,58). (Mc 14,51-52: “Un joven lo seguía cubierto sólo de un lienzo; y le detienen. Pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo”).
Todo el camino que Pedro tendrá aún que recorrer, y toda la profundidad del conocimiento que de él tiene Jesús, se ve en los señalamientos acusatorios hacia Pedro y en la respuesta correspondiente de éste durante la pasión. Los evangelistas dan cuenta de ello:
Primer señalamiento: estar con Jesús, ser uno de sus discípulos.
Respuesta de Pedro: Dice no saber, no entender, no conocer a Jesús ni ser uno de sus discípulos.
Segundo señalamiento: estar con Jesús, ser uno de sus discípulos.
Respuesta de Pedro: Dice no conocer a Jesús ni ser uno de sus discípulos.
Tercer señalamiento: estar con Jesús, ser uno de sus discípulos
Respuesta de Pedro: Dice no conocer a Jesús.
Al canto del gallo, “el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces. Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente” (Lc 22,61-62; Mc 14,72; Mt 26,75).
Pedro vive al mismo tiempo un fuerte atractivo hacia su Maestro y una debilidad muy marcada en
cuanto a su fe. Se nota esto, sobre todo, al entrar de incógnito al atrio del sumo sacerdote (Jn 18,16); se sienta alrededor del fuego con los servidores y guardias (LC 22,55; Mt 26,69; Mc 14,66; Jn 18,18).
No creen a María de Magdala cuando les habla de Jesús resucitado (Jn 20,2; Mc 16,11; ver 16,12-13); les parece que son “desatinos” lo que dicen las mujeres sobre el sepulcro vacío y los anuncios del ángel (Lc 24,11). Con todo, “Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero sólo vio las vendas y se volvió a su casa, asombrado por lo sucedido” (Lc 24,12; ver Jn 20,3-10).
Jesús resucitado reprocha a los discípulos su incredulidad (Mc 16,14; Lc 24,25). Son las mujeres quienes ahora serán invitadas a decir a los discípulos y a Pedro cómo Jesús irá delante de ellos a Galilea (Mc 16,7).
5.- LUCES Y LLAMADOS
Es El amor quien guía al discípulo: el amor del Maestro hacia el discípulo; el amor del discípulo al Maestro (ver VD).










