– Meditación –
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DEL DOMINGO XII ORDINARIO
Mt 10,26-33
Mons. Luis Martín Barraza
Torreón
25 de junio de 2023
“La persecución se convertirá, así, en una oportunidad de anunciar que el reino de Dios está llegando“
Después de instituir la misión, Jesús, advierte acerca de las resistencias y peligros que ella implica. Ha quedado claro que la misión no es otra cosa sino el Espíritu Santo que actualiza la compasión de Jesús por medio de sus discípulos, que las instrucciones que les da no deben de ser un formalismo vacío, que sólo se justifican en la medida que participan del celo evangelizador de Jesús y nunca deberán de ser meras medidas administrativas o de control. Darle cuerpo a la misión significa darle continuidad al misterio de encarnación, por medio de la cual Dios sigue poniendo su morada en medio de nosotros(Jn 1, 14). Llama la atención lo claro y preciso de las indicaciones, que pareciera que deben cumplirse al pie de la letra, pero que, más bien tienen la intención de darle identidad, personalidad a la misión como realidad de “carne y hueso”, que depende en última instancia de la voluntad de Otro y no de los caprichos o gustos humanos.
En el texto del evangelio que ahora meditamos, Jesús, continua dando realismo al proyecto misionero desde las resistencias que amenazan con destruirlo. Lo que realmente vale la pena siempre encontrará resistencias, lo meramente ilusorio no merece mucha atención. Hablar de las persecuciones antes que el absurdo de querer contradecir lo hasta ahora dicho, por parte de Jesús, resulta, más bien, un homenaje en favor de la misión. Invocar las cosas más aterradoras sobre su obra es darle demasiada importancia. Hasta se pudiera pensar que se trata simplemente de una forma de hablar apocalíptica, en la que no hay que tomar tan en serio lo que se dice, sino que se trata, más bien, de un truco del lenguaje. Sin embargo sabemos que para cuando se escribió el evangelio esto ya estaba sucediendo, lo escriben porque lo dijo Jesús, pero también porque lo sufrían en carne viva las comunidades a las que se dirigía Mateo.
Jesús, después de dar las indicaciones, que tienen que ver con la esencia de la misión: “Vayan y proclamen que está llegando el reino de los cielos. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, expulsen a los demonios…”(Mt 10, 7-8), habla ahora de los riesgos que implica. Pareciera que apela a esa lógica del conocimiento en la que negando se afirma. El mejor aprendizaje es el que asume la negación de la tesis que se propone. Tal vez por eso la mayoría de los mandamientos del decálogo están expresados en forma negativa, para afirmar mayormente la vida, el amor, la fe. Ciertamente Jesús insiste más en el anuncio que en la denuncia, pero también habló de renuncia, de cruz, sacrificio, persecución, muerte. Ahora fortalece su proyecto de envío en el trasfondo de la resistencia que sufrirá. Es claro que Jesús habla, más bien, de su experiencia más que de estos razonamientos abstractos ahora expuestos.
Además, se trata de un acto de honestidad y de caridad hacia sus discípulos, para que el sentirse engañados y defraudados no los tome por sorpresa: “Todos los odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el final, ése se salvará”(Mt 10, 22). Como un padre de familia que enseña sobre los asuntos de la vida a su hijo, y no puede evitar hablar de los peligros que necesariamente tendrá que enfrentar. De nada sirve ocultar las “piedras y espinas” que tiene el camino, se presentarán de todos modos, la diferencia la podrá hacer solamente el estar preparados o no para enfrentar las dificultades. Claro que otra cosa es transmitir los propios miedos que paralizan. Una cosa es ser realista y otra ser pesimista. Se trata de invitar a la prudencia y a la osadía, no de hacer personas apocadas: “Sean, pues, astutos como serpientes y sencillos como las palomas”(Mt 10, 16). La intención principal en este discurso de Jesús, como en todo otro discurso apocalíptico, es infundir esperanza, optimismo; el protagonismo sigue siendo de Dios: “¿No es verdad que se venden dos pajaritos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre”(Mt 10, 29). La persecución se convertirá, así, en una oportunidad de anunciar que el reino de Dios está llegando. Es tan valiosa esta obra que no sólo se debe constituir, sino hacerse responsable de su futuro, esto habla muy bien de lo que significa evangelizar para Jesús y de que está dispuesto a todo con tal de pasar el mensaje del amor de Dios al mundo.
Jesús sabe de la autoridad que tiene el miedo sobre nosotros, capaz de acabar con convicciones, principios y creencias. Sin embargo, las dimensiones de la libertad y dignidad humanas deben ser construidas sobre el miedo, para que alcancen su plenitud. El miedo es una reacción muy legítima y necesaria para la sobrevivencia y para impulsar lo mejor de nosotros mismos, sin embargo estamos invitados a construir un proyecto por encima de estos límites. Sabemos de lo temeroso que era el profeta Jeremías(Jer 1, 6), podemos suponer que el terror que siente ahora ante el cuchicheo de la gente(Jer 20, 10) y, sin embargo, se sobrepone desde su confianza en Dios: “Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo…”(Jer 20, 11). Jesús, por su parte, no propone un simple voluntarismos o estoicismo, sino que da argumentos sólidos, sacados de la relación con Dios: “…hasta los cabellos de su cabeza están contados”(Mt 10, 30), o de la experiencia ordinaria: “No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse”(Mt 10, 26).
Tal vez, de todos modos después de todas estas consideraciones nos venza el miedo, es preciso que sepamos que si queremos construirnos como seres humanos y ejercitar nuestra libertad, tendremos que luchar contra él, cuanto más si verdaderamente nos interesa anunciar el evangelio. Además, será más fácil que le robemos algo al miedo con la actitud que promueve Jesús, que si nos vencemos antes de tiempo; más aún, puede ser que nos granjeemos la misericordia de Dios en caso de ser vencidos.
Jesús respeta nuestros miedos, él mismo tuvo miedo, supo sangre por la angustia que sentía frente a su muerte. Pero, precisamente, porque conoce nuestros miedos y sabe de su fuerza paralizante quiere ayudarnos a hacernos espacio dentro de él. Finalmente sabemos que si el miedo nos vence, seguiremos contando con él. La Iglesia, con santo Tomás de Aquino, nos enseña que el miedo es un atenuante en la gravedad del pecado(EG, 44). No tengamos pendiente de la comprensión de Dios hacia nuestros miedos, el problema no es con Dios sino con nosotros mismos que nos privaremos de la fecundidad necesaria para ser felices.
Si el miedo es a perder la buena fama, a ser acusados falsamente, a que se tomen decisiones equivocadas sobre nosotros, sepamos que la verdad tarde que temprano saldrá a la luz(Mt 10, 26). Es cierto que tendremos que sufrir un poco el descrédito, la calumnia, pero al fin la verdad nos hará justicia, ¡hay esperanza! Tal vez no nos resulten muy consoladoras estas palabras, queremos la verdad ya, pero mientras sale la verdad no debemos de perder de vista esta enseñanza de Jesús. Si el temor es a ser agredido físicamente, incluso ser aniquilados, aún en esta situación hay salida: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden quitar la vida”(Mt 10, 28). Tal vez tampoco nos consuelen estas palabras, pero son ciertas, parecen más una broma, porque si nos quitan el cuerpo aparentemente nos quitan todo; es aquí donde entra la provocación de Jesús a rediseñarnos más allá de toda seguridad. Tendremos que tener cuidado de que esto no sea pura arrogancia, el único remedio para ello es una mirada que trascienda los horizontes de este mundo, obra del Espíritu en nosotros. Todo esto sólo puede tener sentido desde la visión del reino de dios en medio de nosotros, que es lo que está en cuestión en este discurso; el fin último es anunciar que algo totalmente nuevo, radicalmente diferente y bondadosamente a nuestro favor está en medio de nosotros.
No sabemos si Jesús se haga mucho las ilusiones de que superaremos el miedo por sus enseñanzas, pero lo que sí es muy cierto es que nos podemos fiar de sus enseñanzas. Si poco a poco vamos construyendo un ambiente donde la verdad sea lo que importe, es muy probable que las amenazas a la integridad y a la vida de las personas, que nos angustia tanto, vaya disminuyendo; pero, sobre todo, que tendremos más valor para anunciar el evangelio e irle robando terreno a la irracionalidad.
No basta con tener grandes sueños, ideales, habilidades para visualizar horizontes luminosos, es igualmente necesario, o tal vez más, estar dispuesto a comprometer lo mejor de sí mismos por ellos, a jugarse la vida de acuerdo a lo que está en cuestión. Jesús sabía lo que traía entre manos y quería confiar a sus discípulos el sueño de Dios para la humanidad, la dignidad del ser humano, la justicia, la felicidad. Conocía, también, las resistencias del mundo, pero de todos modos: “lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas”(Mt 10, 27).










