PÁGINA DE CUADERNO DE VIDA
UN PASTOR EN EL DESIERTO DE SONORA
Relectura de la vida desde la mirada de Jesús
Pbro. Armando Armenta Montaño
Arquidiócesis de Hermosillo
Este escrito los hice cuando era diácono, simpatizante del Prado y me faltaba un mes para la ordenación presbiteral.
Había sido enviado a una parroquia en el desierto de Sonora. Anoté mis impresiones sobre un dialogo con el padre Luis Valencia (1924-2011), quien era párroco en la ciudad de Caborca, Sonora, y administrador parroquial de la comunidad de san Pedro y san Pablo, en Tubutama.
Tubutama, Sonora, 2 de septiembre de 1996.
Ayer, primero de septiembre, cumplí 10 años de haber ingresado al Seminario. Inicié este 1 de septiembre como Ayudante de la pastoral en Tubutama, junto con el seminarista Gilberto Lezama, “El Chuzín”.
Vino el padre Luis Valencia a celebrar misa. Venía sólo en su Pickup rojo, revestido con alba. Había madrugado de la “Y Griega” en la Costa de Caborca, a celebrar la eucaristía en Sáric y La Reforma.
Con una discreta sonrisa en los labios nos saludó a la entrada de la Iglesia. A sus 72 años, no usó micrófono para hablar ante la gente y su forma de celebrar es sencilla y directa. Ante la poca gente que asistió, una “pedrada” de Valencia fue que la escasa asistencia de niños a misa era un signo de falta de amor a Dios en Tubutama.
Después de desayunar en casa de los dueños de una tienda, se vino a recostar a la casa cural. La fatiga pastoral exigía un descanso.
Antes de irse platicó con “Chuzín” y conmigo sobre nuestros trabajos aquí. Respecto al nuevo cambio de obispo (14 días antes había sido nombrado arzobispo de Hermosillo don Ulises Macías) dijo unas palabras muy sabias: “Ojalá y no tenga problemas con los padres. Él es buena gente. Pero no tiene que ni qué; nosotros tenemos que seguir trabajando. Nosotros podemos tener a san Miguel Arcángel de obispo pero si el clero no trabaja de nada sirve. Hay que seguir cimentados en la oración, configurándonos con Cristo. Eso no tiene que ni qué”.
Estas regiones del distrito de Altar tienen un pastor, pensé. Un hombre que sigue en la formación permanente estudiando inglés. Alguien que es capaz de sentir la temperatura fresca de las lluvias que han caído aquí; de darle un beso a una anciana;
de rezar el rosario por el camino y de contemplar la belleza de este desierto.
Entonces sentí, Señor Jesús, gran alegría y confianza de percibir que es posible seguirte como sacerdote.










