RETIRO PARA SACERDOTES
Animado por el P. Reinaldo Fredy Ruiz Serna
Miércoles 27 de octubre 2021
Reflexión 3
«La Atracción por Jesucristo y la Adhesión a su Persona»
“Entonces me decidí a seguir más de cerca a Nuestro Señor Jesucristo, para hacerme más capaz de trabajar eficazmente en la salvación de las almas” (Relato de la conversión, Const. 2).
El texto de nuestras Constituciones, en su numeral primero comienza diciendo: “La Asociación de Sacerdotes del Prado es fruto de una gracia concedida por el Espíritu Santo a la Iglesia en la persona de Antonio Chevrier, sacerdote de la diócesis de Lyon, para la Evangelización de los pobres. (Const. 1).
Según este texto, a mi modo de entender, el Prado tiene en sus orígenes, como fundamento, los siguientes elementos que se concluyen del mismo enunciado:
1. Es un don del Espíritu del Resucitado. No nació por lo tanto del capricho de un sacerdote que buscaba un nuevo método para hacer pastoral con los pobres. El ser don nos coloca, por una parte, en una dinámica permanente de agradecimiento al Padre de la gloria, dador de todo don perfecto; y por la otra, en una dinámica de discernimiento permanente, para que nunca perdamos la fuerza de la originalidad y de la gratuidad del don.
2. Es un fruto. En un árbol, el fruto es el resultado, el punto de llegada de un largo proceso biológico: una semilla que se siembra, un terreno fértil que acoge esta semilla, una semilla que brota, una atención permanente del agricultor y finalmente el fruto. En la noche de Navidad del año 1856, brotó la semilla que el Espíritu Santo había sembrado en la vida de fundador del Prado. El Padre Chevrier cuidó e hizo germinar la semilla. El padre Chevrier fue un hombre de contemplación. Pudo contemplar el paso de Dios por la vida de los hombres de su tiempo, particularmente de los pobres marginados del barrio de la Guillotiere.
3. Este don es para la Iglesia. Todos los dones que Dios da son para el bien de la edificación de la Iglesia, que es su cuerpo, siguiendo las enseñanzas del Apóstol de los gentiles. Nada es para beneficio exclusivo de una persona o de un grupo cerrado.
4. Este don se manifestó en una respuesta libre y confiada del Padre Chevrier. Esta fue su decisión: “entonces me decidí”. Es una respuesta de libertad y de fe al proyecto que Dios ha destinado para cada uno de nosotros. No es una respuesta instintiva, es el fruto de una maduración: la lenta maduración de la semilla. En este proceso es Dios quien ha tomado la iniciativa, es quien ha acompañado la implicación inteligente de la libertad humana. Hay una inteligencia de la fe.
5. Dios hace su obra sirviéndose de la respuesta obediente del Discípulo que se transforma en Enviado. Lo que lleva la primacía es la obediencia de la fe, obediencia que surge de una relación confiada con quien nos eligió y nos llamó. El discípulo se hace instrumento eficaz del actuar de Dios en medio de los hombres.
6. Tanto la convocación del que llama como la respuesta del enviado se realizan en un contexto histórico concreto, coordenadas de tiempo y espacio. Dios llama y sigue llamando en contextos concretos, porque es el Dios encarnado y mediado por las circunstancias históricas concretas. Fue la situación de pobreza y abandono de los pobres de la Guillotiere quien movilizó el corazón del joven vicario de la parroquia de San Andrés.
7. Las llamadas de Dios se realizan siempre en el marco del proyecto de salvación: Dios ha decidido salvar a su pueblo. Así lo hizo lo hizo con el pueblo de Israel durante la primera alianza, y cuando llegó la plenitud de los tiempos el proyecto se personalizó en la mediación de su hijo amado. (Hb 1,1; Jn 3, 16-17). ). La llamada sólo se entiende desde la dinámica de la salvación de Dios en favor de todos los hombres, ayer, hoy y siempre.
LAS EXIGENCIAS DE UNA DECISIÓN
1. El P. Chevrier al tomar la decisión “eligió seguir el camino del amor verdadero que nos acerca más a Jesucristo, configurándonos según él, de acuerdo con su vida y su misión”. (Const. 3). Es la exigencia de configurarse cada día como discípulos del único maestro. Sin esta certeza nada podemos hacer y nada podemos pensar.
2. “Se sintió llamado a unirse a otros y, más tarde, a formar colaboradores que tuvieran la misma vocación de participar, por el Espíritu de Dios, en la consagración y misión de Jesucristo, para anunciar a los pobres la Buena noticia del Reino y hacer visible en medio de ellos una comunidad cristiana”. (Const. 3). Es la exigencia de ser apóstoles, enviados del único Maestro. No nos anunciamos así mismos, somos portadores y testigos de un proyecto que no es Nuestro.
3. “El Padre Chevrier nos enseña a hacer del Evangelio nuestra regla de vida y la fuente de nuestra acción apostólica en medio de los pobres…; Conocer a Jesucristo y a su Padre, y darlo a conocer a los demás. ¿Acaso no estamos aquí para esto y sólo para esto? Esta es nuestra vida y nuestro amor”. (Const. 4).
LA DECISIÓN NOS TRAZA UN ITINERARIO
La decisión del seguimiento nos traza una ruta segura: recorrer el mismo camino del Enviado, en solidaridad con la humanidad. Nuestro compromiso es “entregarnos enteramente a Cristo, la ¨Palabra hecha carne, y a dejarnos conducir y modelar por su Espíritu, para ser completamente suyos y seguirle, en todos los aspectos de su vida de Enviado del Padre.” (Const. 5)
“El mural de San Fons en el que contempla cómo ha cumplido el Verbo su misión de Enviado del Padre, nos traza el camino que hemos de recorrer para llegar a ser discípulos y apóstoles de Jesucristo en medio de los pobres: Debemos reproducir en toda nuestra vida la de nuestro modelo, Jesucristo: ser pobre como él en el pesebre, ser crucificado como él en la cruz para la salvación de los pecadores y ser comido como él en el sacramento de la Eucaristía. El sacerdote es, como Jesucristo, un hombre despojado, un hombre crucificado, un hombre comido”. (Const. 5).
LLAMADOS QUE NOS PLANTEA PERMANENTEMENTE LA DECISIÓN TOMADA
Les comparto las llamadas que personalmente he tratado de trabajar, en estos últimos años, como fruto de un retiro espiritual que nos dirigió el Padre Antonio Bravo, a un grupo de sacerdotes, de varias partes del mundo, en un encuentro en Lyon, en el año 2005. Que prácticamente se han convertido en certezas de vida.
1. CAMINAR CON LOS OJOS FIJOS EN JESÚS.
La carta a los Hebreos nos invita a caminar con los ojos fijos en aquel que es el autor y consumador de nuestra fe (12,1); y San Pablo nos lo repite con palabras similares: “consciente de haber sido alcanzado por Cristo me lanzo hacia adelante con los ojos fijos en el Señor”. (Fil 3, 12-16). Fijar la mirada en Jesús, es antes que todo, tomar conciencia que la salvación nos viene de él mismo. Esto significa pedirle todos los días a Dios que nos libre de la tentación de poner toda la confianza en la obra de los hombres, en nuestras propias fuerzas, y nos ayude a abrirnos cada día al amor de Dios. Haremos el ridículo y seremos hipócritas cuando olvidemos que necesitamos permanentemente del Señor y que no nos podemos poner como modelos para los otros. Se trata, en definitiva, de caminar hacia Jesús bajo la autoridad de su Palabra. (Mt 14, 22)
2. PERMANECER EN CRISTO.
Es lo que aparece presentado en la imagen del tronco y las ramas. (Jn 15,1-7). Estar insertos radicalmente en Cristo para producir muchos frutos. Permanecer en Cristo significa para el discípulo tener su centro vital en el TU que lo convoca a la amistad y a la fraternidad, aquel que lo envía al mundo para anunciar la buena noticia de la salvación. La fe en Jesús implica un descentramiento radical en la vida del discípulo. Exige una obediencia a su Palabra, en la cual debe apoyarse siempre y de la cual debe siempre depender. Comiendo la carne y la sangre el discípulo vive de Cristo, en él y para él. Permanecer en Cristo es compartir sus sufrimientos para engendrar nueva vida. La alegría del discípulo será siempre pascual. El camino de realización del discípulo no puede ser distinto del camino recorrido por el maestro. Los apóstoles fueron llamados para estar con él y caminar con él.
3. DISCÍPULOS EN EL ESPÍRITU.
El discípulo no es un repetidor, solo debe copiar al Maestro. Camina con él y detrás de sus huellas, pero lo hace con la personalidad, la historia, la cultura y la libertad propias. Para recorrer el camino del discipulado y apostolado, los doce recibieron el Espíritu, el cual no conoce la repetición, porque, como Dios, es novedad absoluta que se revela de manera progresiva en el curso del tiempo. Lo propio del Espíritu es hacer nuevas todas las cosas. Jesús formó sus discípulos para enseñarles a caminar en el Espíritu, para librarles del peligro de un mimetismo estéril. Los instruyó de manera progresiva y pedagógica porque no eran capaces de recibir de un solo tajo toda la verdad plena. (Jn 16,12). Jesús no dejó nada por escrito, ni entregó un testamento cerrado. El Espíritu se encargaría de conducirlos hacia la verdad plena y de hacerles conocer el futuro. El verbo encarnado continuaría su enseñanza a través del Maestro interior, que es el Espíritu de la verdad.
4. CÓMO CAMINAR EN EL ESPÍRITU.
Para aprender a caminar en el Espíritu, el discípulo, con sus debilidades y heridas está llamado a desarrollar de manera especial una verdadera interioridad, porque es en el centro vital de la persona donde el Espíritu ejercita su magisterio interior. Es en el corazón donde el discípulo experimenta la libertad y la salvación para poder dar testimonio de ellas. La interioridad de la fe es sin duda, un don del Espíritu, pero debe ser cultivado mediante el silencio, la memoria y el Estudio permanente de la Escritura. Es necesario dedicar mucho tiempo a la oración en el silencio. Una información desbordada obstaculiza la serenidad y la calma para una escucha reflexiva de los signos de los tiempos, escucha del paso de Dios por la vida de los hombres de nuestro mundo.
PREGUNTAS QUE NOS PUEDAN AYUDAR A LA REFLEXIÓN PERSONAL Y GRUPAL
1. ¿Siento esta llamada específica de la vocación pradosiana como un don que el Señor está poniendo en mis manos?; ¿Qué signos me lo confirman?
2. ¿Me está ayudando el Prado a ejercitar una mirada contemplativa de la vida de los hombres, de los pobres, para descubrir en sus vidas la presencia del Señor que me evangeliza?
3. Los instrumentos que el Prado coloca en mis manos: Estudio de Evangelio, Revisión de vida, Cuaderno de vida, Encuentro de equipo, ¿me están ayudando a caminar hacia una decisión radical: seguir al Señor más de cerca, para ser más eficaz…?
4. ¿Me estoy dejando evangelizar por las realidades sociales, religiosas y eclesiásticas en las que estoy inmerso? ¿Están ellas afinando mi decisión de seguir al Señor más de cerca?
5. Muy importante compartir las dificultades y los llamados, especialmente para el trabajo de los equipos diocesanos o regionales.
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