SUBSIDIO PARA LA HOMILÍA
DEL DOMINGO XX ORDINARIO
“Mujer, ¡qué grande es tu fe!”
Mateo 15, 28
Lecturas bíblicas: Is 56, 1.66-7; Salmo 66; 11,13-15.29-32; Mt 15, 21-28
Evangelio de Jesucristo según san Mateo
Capítulo 15, versículos 21 a 28
“Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!». Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada”.
POSIBLES PUNTOS A MEDITAR DURANTE LA SEMANA PARA PREPARAR LA HOMILÍA
• San Lorenzo
La Iglesia festejó el lunes 10 la memoria de San Lorenzo, diácono, que vivió en el siglo III. Cuenta la leyenda que el prefecto de Roma, informado de que la Iglesia poseía tesoros, hizo venir a Lorenzo y le ordenó que los entregara al emperador. Lorenzo pidió tiempo para reunir los tesoros de la Iglesia, luego hizo que vinieran huérfanos y dijo al prefecto mientras se los mostraba: “He aquí los tesoros de la Iglesia que le había prometido. Le agrego las perlas y piedras preciosas, estas vírgenes y estas viudas consagradas a Dios; la Iglesia no tiene más que estas riquezas”. Oremos a san Lorenzo para que, siguiendo su ejemplo, no desviemos los ojos de la pobreza.
• Un grito
La escena comienza con un grito. Jesús y sus discípulos caminan, Jesús se retira después de haber multiplicado los panes y cruzado espadas verbalmente con los fariseos. Y de pronto, un grito. Hay muchos gritos en la Biblia. Gritos de dolor, de alegría, de súplica, de revuelta: “mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios viviente” (Salmo 84,3). Y a mí, ¿me ha pasado clamar al Señor? El día de hoy,
puedo hacer esta petición un poco paradójica a Dios: que me conceda atreverme a dejar que suba hasta él mi grito, lo que llevo en el fondo de mí.
• Los gritos del mundo
Oímos el grito de la cananea como sin duda también oímos gritos a nuestro alrededor, se nos dirijan directamente o no. ¿Cuáles son mis reacciones frente a los gritos del mundo? ¿Cuáles son los que me conmueven y me llaman? Por el contrario, ¿cuáles me esfuerzo por no oír, incluso hacer callar? Tomo tiempo para presentar al Señor los gritos que me rodean y le pido no permanecer sordo a ellos e inventar con él la manera de actuar ante ellos.
• Dos tipos de oración
En esta hermosa página de evangelio, oímos dos tipos de petición: por una parte, la de la cananea que suplica e insiste por la curación de su hija; por otra parte, la petición de los discípulos hartos e importunados por esta mujer. Es interesante ver cómo se formulan estas peticiones: los discípulos dicen a Jesús qué hacer: “atiéndela”. La mujer por su parte se posiciona de manera muy humilde: “Señor, ten piedad de mí”. Sin duda, en mi oración me sitúo tanto a la manera de los discípulos como a la manera de la mujer. Pido al Señor que venga a purificar mi oración, a hacerla más humilde, más amante, más esencial.
• Una escuela de oración
Finalmente, podríamos tomar a esta cananea como un modelo de persona que ora: se postra ante Jesús, confiesa su divinidad, se “centra” en Jesús sin dejarse preocupar por los discípulos ni por las conveniencias; ora con todo su ser: su cuerpo, su sensibilidad y también su fina inteligencia que le permite responder a la imagen utilizada por Jesús. Puedo pedir al Señor en este día la gracia de enseñarme a orar a la manera de esta mujer, con su fe, su audacia y su humildad.
• Ustedes las mujeres
Una mujer viene a molestar el camino de Jesús y de sus discípulos. La Iglesia celebra hoy justamente a una mujer: se trata de la Asunción de María. Esta fiesta remite al hecho de que desde su “sí” inaugural hasta su propia muerte, María es la mujer que tiene total confianza en Dios y que se atreve a pedir cosas a Dios como en la Anunciación, en Caná o en el Cenáculo. Confiémonos a su oración: que ella interceda por nosotros ante su hijo y nos obtenga algo de la fe de esta Cananea.
• Una mujer, perros, migajas
Es relativamente sorprendente ver a esta mujer humillarse ante Jesús que no reacciona, luego compara a los paganos con cachorros. ¿Qué debemos entender de esto? Quizá tres lecciones: perseverancia, pedagogía e inteligencia. En primer lugar, esta mujer despierta nuestra admiración por su tenacidad: no cede.
Además, utiliza la misma pedagogía de Cristo que consiste en acercarse al otro en el nivel y lugar donde se encuentra. Al retomar la imagen de los cachorros que utilizó primero Cristo, se le une en su lógica. Gran lección: mantener la preocupación de comprender la lógica del otro y unírsele en ella. Finalmente, la Cananea tiene una fe tan profunda en Jesús que ni siquiera sus respuestas la desvían de su finalidad. Que nuestra caridad y nuestra fe se vuelvan inventivas.
Orar al centro del mundo con el Papa Francisco
Por las personas que trabajan y viven del mundo del mar, entre ellas los marineros, los pescadores y sus familias.
En este evangelio se atraviesan todas las fronteras (Jesús no está en su país), se sacuden todas las convenciones (una mujer dirige la palabra a Jesús), se aniquilan los proyectos (los apóstoles no pueden estar tranquilos con Jesús como previsto), desaparecen el silencio y la calma (los gritos impiden cualquier conversación).
Y sin embargo, en esta sucesión de sacudidas de costumbres y de convenciones, la fe puede nacer y arraigarse. Y también Jesús se deja molestar. Ciertamente, hace un desaire a esta mujer, pero no se cierra y no da media vuelta. Ve el corazón de esta mujer, la fuerza de su deseo, el vigor de su fe.
Esta semana, dejémonos sacudir para ver el corazón de aquellos a quienes encontremos con los ojos de Jesús.










