ESTUDIO DE EVANGELIO
A PARTIR DEL “ESQUEMA XIV” DEL CONCILIO VATICANO II
SOBRE LA IGLESIA DE LOS POBRES
La urgencia permanente de una Iglesia evangélica se actualiza hoy, ante la situación mundial y de nuestro país. Volver a las fuentes.
EL “ESQUEMA XIV” DEL CONCILIO VATICANO II
Al final del Concilio, G. Hadad, Obispo de Beirut, invitado por una docena de Obispos de diversos países, redactó un texto de claro compromiso para la época posconciliar; en él se reunía lo que se había elaborado en diversos equipos que no se conocían, pero que estaban animados por el mismo Espíritu.
Completado y aprobado por varios Cardenales y Obispos, se dirigió el texto a todos los padres, no para que lo firmaran ni para que se comprometieran públicamente, sino para que sirviera de meditación y compromiso de conciencia. No se trata sino de sugerencias, cuya aplicación práctica ha de ir dictada por las circunstancias de cada sitio. En una conferencia de prensa, Helder Camara, Arzobispo de Recife, habló del texto que se estaba preparando. Un periodista lo titulo “El Esquema XIV”, apelativo que encontró aceptación en la prensa.
Nosotros, Obispos,
reunidos en el Concilio Vaticano II,
habiendo sido iluminados sobre las deficiencias de nuestra
vida de pobreza, según el Evangelio,
animados mutuamente, de forma que cada uno quiere
evitar las singularidades y la presunción,
unidos a todos los hermanos en el episcopado,
contando con la fuerza y la gracia de nuestro Señor Jesucristo,
con la oración de los fieles y sacerdotes de nuestras diócesis respectivas,
y colocándonos por el pensamiento y la oración ante la Santísima Trinidad,
la Iglesia de Cristo, y los sacerdotes y fieles de nuestras diócesis, en la humildad
y en la conciencia de nuestra debilidad, pero también con toda determinación, y fuerza que Dios nos quiere conceder por su gracia,
nos comprometemos a lo que sigue:
Los dos primeros puntos se refieren a la simplicidad exterior, como la primera de las dos mociones que se propusieron durante la tercera sesión. Estos problemas estaban presentes desde el comienzo del Concilio. Es verdad que no son sino un primer paso, pero no deja de tener su importancia y consecuencias.
1. Procuraremos vivir según la manera ordinaria de nuestra población, en lo que se refiere a la vivienda, alimento, medios de locomoción, y a todo lo que se sigue.
-Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mt 5,3).
-Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal (Mt 6,33-34).
-Dícele Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Mt 8,20).
2. Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, especialmente en los hábitos (telas de calidad, colores vistosos), en las insignias de metales preciosos (deben ser evangélicas).
-Calzaos con sandalias y no vistáis dos túnicas (Mc 6,9).
-No os procuraréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento (Mt 10,9-10).
-No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te lo doy: En nombre de Jesucristo el Nazareno, echa a andar (Hech 3,6).
3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni cuentas corrientes a nombre propio. Si es preciso tenerlos, pondremos todo a nombre de la diócesis o de las obras sociales o caritativas.
-No amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mt 6, 19-20).
-Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (Lc 12, 33-34).
4. Confiaremos siempre que sea posible la gestión financiera y material, en nuestra diócesis, a un grupo de laicos competentes y conscientes de su deber apostólico, para ser más pastores que administradores.
-Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis (Mt 10,8).
-Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de discípulos y dijeron: “No está bien que nosotros abandonemos la palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de esa tarea; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra”.
La propuesta le pareció bien a toda la asamblea y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito antioqueno; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.
La palabra de Dios iba creciendo; el número de los discípulos se multiplicaba considerablemente en Jerusalén; también una gran multitud de sacerdotes iba aceptando la fe. (Hech 6, 1-7).
Los párrafos, 5, 6 y 7 y proponen el mismo desprendimiento ante otras ataduras mundanas que aprisionan el apostolado.
5. Nos negamos a que se nos llame de palabra o por escrito con nombres y títulos que significan grandeza y poder (p. e., eminencia, excelencia, monseñor…). Preferimos el título evangélico de padre.
– Más Jesús los llamó y dijo: Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (Mt 20, 25-28).
– Quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que las gentes los llamen: “Rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre”vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Instructores”, porque uno solo es vuestro Instructor: el Cristo. El mayor entre vosotros sea vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado (Mt 23, 6-11).
-Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros (Jn 13, 12-15).
6. Evitaremos en nuestra conducta y relaciones sociales lo que pueda parecer que da privilegios, prioridades, o incluso preferencias a los ricos y a los poderosos (p.e., banquetes ofrecidos y aceptados, clases en los servicios religiosos).
-Dijo también al que le había invitado: Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos (Lc 14, 12-14).
-Del mismo modo, también el Señor ha ordenado que los que predican el Evangelio vivan del Evangelio.
Más yo, de ninguno de esos derechos he hecho uso. Y no escribo esto para que se haga así conmigo. ¡Antes de morir…! Esta gloria ¡Nadie me la arrebatará! Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Más si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado. Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio.
Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda (1 Co 9,14-19).
7. Evitaremos igualmente animar o halagar la vanidad de cualquiera con vistas a recompensas, dones o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a considerar sus ofrendas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social.
-Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará (Mt 6,2-4).
-Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo insignificante, lo es también en lo importante. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?
Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se dedicará a uno y desdeñará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero (Lc 16, 9- 13).
-Mirad, es la tercera vez que estoy a punto de ir a vosotros, y no os seré gravoso, pues no busco vuestras cosas, sino a vosotros. Efectivamente, no corresponde a los hijos ahorrar para los padres, sino a los padres ahorrar para los hijos (2 Co 12, 14).
El párrafo 8 se refiere a la evangelización de los pobres y del mundo del trabajo, y se le concede prioridad.
8. Daremos todo lo que sea necesario (tiempo, reflexión, corazón, medios, etc.) para el servicio apostólico y pastoral de las personas y grupos trabajadores, económicamente débiles y subdesarrollados, sin que sea esto un perjuicio para otros grupos y personas de la diócesis. Sostendremos a los laicos, religiosos, diáconos y sacerdotes que el Señor llame a evangelizar a los pobres y a los obreros, compartiendo su vida y trabajo.
-El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor (Lc 4, 18-19).
-¿No es éste el carpintero? (Mc 6,3).
-Jesús les respondió: Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva (Mt 11, 4-5).
-… y como era del mismo oficio, se quedó a trabajar en su casa. El oficio de ellos era fabricar tiendas. Todos los sábados discutía en la sinagoga, y se esforzaba por convencer a judíos y griegos (Hech 18, 3-4).
-Yo de nadie codicié plata, oro o vestidos. Vosotros sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros. En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hech 20, 33-35).
-Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos (1 Co 4,12).
-¿No soy libre? ¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros sí que lo soy; pues ¡vosotros sois el sello de mi apostolado en el Señor! He aquí mi defensa contra mis acusadores. ¿Por ventura no tenemos derecho a comer y a beber? ¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y de Cefas? ¿Acaso únicamente Bernabé y yo estamos privados del derecho de no trabajar? ¿Quién hace de soldado a costa propia? ¿Quién planta una viña y no come sus frutos? ¿Quién apacienta un rebaño y no se alimenta de su leche?
¿Hablo acaso al modo humano o no lo dice también la Ley? Porque está escrito en la Ley de Moisés: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Es que se preocupa Dios de los bueyes? O, ¿no lo dice más bien por nosotros? Por nosotros ciertamente se escribió, pues el que ara, en esperanza debe arar; el trillador trilla, con la esperanza de recibir su parte. Si en vosotros hemos sembrado bienes espirituales, ¡que mucho que recojamos de vosotros bienes materiales! Si otros tienen estos derechos sobre vosotros, ¿no los tenemos más nosotros? Sin embargo, nunca hemos hecho uso de estos derechos. Al contrario, todo lo soportamos para no crear obstáculos al Evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los ministros del culto viven de los dones del templo? ¿Qué los que sirven al altar, del altar participan? Del mismo modo, también el Señor ha ordenado que los que predican el Evangelio vivan del Evangelio.
Más yo, de ninguno de estos derechos he hecho uso. Y no escribo esto para que se haga conmigo. ¡Antes morir…! Esta gloria ¡Nadie me la arrebata! Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado. Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio.
Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los que más pueda. Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley, como quien está bajo la Ley –aun sin estarlo- para ganar a los que están bajo ella. Con los que están sin ley, como quien está sin ley, para ganar a los que están sin ley, no estando yo sin ley de Dios sino bajo la ley de Cristo. Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo.
¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, más uno sólo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible. Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, habiendo proclamado a los demás resulte yo mismo descalificado (1 Co 9, 1-27).
Los párrafos 9 y 10 proponen un anuncio del Evangelio de la justicia en el mundo actual, con sus organismos sociales públicos para que se produzca un orden social más justo.
9. Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad y de sus relaciones mutuas, intentaremos trasformar las obras de “beneficencia” en obras sociales, basadas en la caridad y en la justicia, que tienen cuenta de todo y de todas las exigencias como un servicio humilde de los organismos públicos competentes.
-Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa a las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y acudisteis a mí. Entonces los justos le responderán: Señor ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y acudimos a ti? Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis. Entonces dirá también a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer;
tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces dirán también estos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel y no te asistimos? Y él entonces les responderá: En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo. E irán estos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna (Mt. 25, 31-46; cfr. Lc. 16, 13- 14; 19-31).
10. Procuraremos por todos los medios que los responsables de nuestros gobiernos y de los servicios públicos decidan y apliquen las leyes, estructuras e instituciones sociales necesarias para la justicia, igualdad y desarrollo armónico y total de los hombres, y se consiga así un orden social nuevo, dignos de los hijos del hombre y de los hijos de Dios.
-Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.
Pero el temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y signos.
Todos los creyentes estaban de acuerdo y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían entre todos, según la necesidad de cada uno (Hech 2,42-45).
-La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder. Y gozaban todos de gran simpatía.
No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de las ventas y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad (Hech 4,32-35).
-¿Es que no era tuyo mientras lo tenías, y, una vez vendido, no podías disponer del precio? ¿Por qué determinaste en tu corazón hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios (Hech 5,4).
-Os damos a conocer, hermanos, la gracia que Dios ha otorgado a las iglesias de Macedonia. Pues, aunque probados por muchas tribulaciones, han rebosado de alegría y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad. Porque atestiguo que según sus posibilidades, y aún sobre sus posibilidades, espontáneamente nos pedían con mucha insistencia la gracia de participar en el servicio en bien de los santos. Y superando nuestras esperanzas, se entregaron a sí mismos, primero al Señor, y luego a nosotros, por voluntad de Dios, de forma que rogamos a Tito llevara a buen término entre vosotros esta generosidad, tal como la había comenzado.
Y del mismo modo que sobresalís en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés y en la caridad que os hemos comunicado, sobresalid también en esta generosidad. No es una orden; sólo quiero mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de vuestra caridad. Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre, a fin de enriqueceros con su pobreza. Os doy un consejo sobre el particular que va con vosotros: ya que desde el año pasado habéis sido los primeros no sólo en hacer la colecta, sino también en tomar la iniciativa, ahora llevadla también a cabo de forma que vuestra prontitud en la iniciativa corresponda la realización conforme a vuestras posibilidades. Pues cuando hay buena voluntad, es bien acogida por lo que se tiene, no por lo que no se tiene. No se trata de que paséis apuros para que otros tengan abundancia, sino de procurar la igualdad. Al presente, vuestra abundancia remedia su necesidad, para que la abundancia de ellos pueda remediar vuestra necesidad y reine la igualdad, como dice la Escritura: El que mucho recogió, no tuvo de más; y el que poco, no tuvo de menos (2 Co 8, 1-15).
-Mirad: el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; y el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia. Cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues: Dios ama al que da con alegría (2 Co 9,6-7).
El párrafo 11 alarga las perspectivas a toda la humanidad. Lo redactó el P. Chenu, a petición de varios Obispos, y fue añadido al texto primitivo.
11. Ya que la colegialidad de los Obispos encuentra su realización más evangélica en compartir la carga común de las mayorías en estado de miseria física, cultural y moral, que son dos tercios de la humanidad, nos comprometemos:
A participar según nuestros medios en las inversiones urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
A requerir de forma conjunta a los planes de los organismos internacionales, pero testimoniando el Evangelio, como Paulo VI en la ONU, la realización de estructuras económicas y culturales que no produzcan naciones proletarias en adelante en un mundo cada vez más rico, sino que permitan a las mayorías salir de su miseria.
-Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, pero los miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un solo cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
Así también el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Si dijera el pie: Puesto que no soy mano, yo no soy del cuerpo ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso? Y si el oído dijera: Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde quedaría el oído? Y si fuera todo oído, ¿dónde el olfato?
Ahora bien, Dios puso cada uno de los miembros del cuerpo según su voluntad. Si todo fuera un solo miembro, ¿dónde quedaría el cuerpo? Por tanto, muchos son los miembros más uno el cuerpo. Y no puede el ojo decir a la mano: ¡No te necesito! Ni la cabeza a los pies: ¡No te necesito!
Más bien los miembros del cuerpo que tenemos por más débiles, son indispensables. Y a los que nos parecen los más viles del cuerpo, los rodeamos de mayor honor. Así a nuestras partes deshonestas las vestimos con mayor honestidad. Pues nuestras partes honestas no lo necesitan. Dios ha formado el cuerpo dando más honor a los miembros que carecían de él, para que no hubiera división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocuparan lo mismo los unos de los otros. Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. (1 Co 12, 12- 26).
-Pues este es el mensaje que oísteis desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín, que, al ser del Maligno, mató a su hermano.
Y, ¿por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran justas. No os extrañéis hermanos, si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos.
Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que odia a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino posee vida eterna en sí mismo. En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con obras y según la verdad. (1 Jn 3, 11-18).
Finalmente, los dos últimos puntos consideran con realismo qué hay que hacer concretamente para que este compromiso se lleve a cabo en la vida de la Iglesia, partiendo de las diócesis.
12. Nos comprometemos a compartir en la caridad pastoral nuestra vida con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos, laicos, para que nuestro ministerio sea un servicio verdadero; por eso:
Nos esforzaremos en “revisar nuestra vida” con ello; suscitaremos colaboradores para ser animadores según el Espíritu mas que jefes según el mundo;
Intentaremos estar presentes de la manera más humilde, acogiendo a todos; nos mostraremos abiertos a todos, sea cual sea su religión.
-Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará (Mc 8,34-35).
-A los ancianos que están entre vosotros los exhorto yo, anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y participe de la gloria que esta para manifestarse. Apacentad la grey de Dios que os está encomendada, vigilando, no forzados, sino voluntariamente, según Dios; no con mezquino afán de ganancia sino de corazón; no tiranizando a los que os ha tocado cuidar, sino siendo modelos de la grey. Y cuando aparezca el Mayoral, recibiréis la corona de la gloria que no se marchita (1Pe 5,1-4).
13. Prometemos que cuando regresemos a nuestras diócesis, haremos conocer a nuestros diocesanos el compromiso tomado por los medios más discretos pero, al mismo tiempo, más eficaces, pidiéndoles que nos exijan cuenta de los diversos puntos de este compromiso, y que nos ayuden con su comprensión, concurso y oraciones.
¡Que Dios nos ayude a ser fieles!
Este ultimo párrafo insiste en la discreción y la eficacia, que van juntas en este terreno. En este documento se palpa la orientación del “camino de Belén”.
Para Trabajar el Esquema XIV
- ¿Qué nos inspira cada uno de estos compromisos a nosotros, a partir de nuestra propia condición de presbíteros?
- En esa perspectiva: ¿qué puntos nos llaman más la atención y por qué motivos?
- ¿Qué se requiere para hacer de estos propósitos un programa concreto de vida?
- ¿Cómo podemos apoyarnos entre sacerdotes para vivir estos llamados evangélicos?
- ¿Cómo vivir esta invitación evangélica sin arrogancia, ni vanagloria, sino en la discreción y eficacia del “camino de Belén”?——————————–










