FIDELIDAD Y RENOVACIÓN
40-59 EN LA MADUREZ DE LA VIDA PRESBITERAL
PARA TENER PRESENTES ALGUNOS PUNTOS BÁSICOS
- El Magisterio de la Iglesia
El Magisterio subraya que la formación no termina en el seminario, sino que es una exigencia intrínseca de la vocación.
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- Pastores Dabo Vobis (Juan Pablo II): Define la formación permanente como «el mantener vivo un proceso general e integral de continua maduración». San Juan Pablo II enfatiza que esta formación debe abarcar la totalidad de la persona y prolongarse durante todas las etapas de la vida.
- Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presbíteros: Afirma que la formación es una «exigencia que nace de la gracia» del sacramento del Orden. No se trata solo de actualizar conocimientos, sino de una asimilación progresiva de la vida de Cristo Pastor para responder a la nueva evangelización.
- Fundamento Bíblico: Se basa en la exhortación de San Pablo a Timoteo: «Te recomiendo que reavives el don de Dios que está en ti» (2 Tim 1, 6).
- Amedeo Cencini: De la «Docibilitas» a la Sensibilidad
El padre Cencini, referente en psicología y formación sacerdotal, advierte que si la vida sacerdotal no es formación permanente, se convierte en «frustración Permanente».
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- Docibilitas: Es su conceptocentral. Lo define como la «libertad del creyente que ha aprendido a dejarse formar por la vida para toda la vida». El presbítero debe ser un «eterno novicio» siempre a la escucha del Maestro.
- Sensibilidad: Cencini señala que la formación debe alcanzar el interior de la persona, conformando sus sentimientos y emociones con los de Cristo para ver la vida con «sus ojos».
- Crítica a la formación superficial: Lamenta que a veces la formación permanente se reduzca a simples cursos de actualización técnica o psicológica, olvidando que es una espiritualidad que debe empapar cada etapa de la vida.
- Juan María Uriarte: La Caridad Pastoral como Eje
El obispo Uriarte centra la formación permanente en la integración vital del sacerdote y su entrega pastoral.
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- La Caridad Pastoral: Para Uriarte, todo en la vida del presbítero debe estar ordenado a este principio. Las actividades y opciones del sacerdote son coherentes solo si son estímulo o consecuencia de su amor pastoral.
- Equilibrio y Humanidad: En sus escritos, como los referenciados en editoriales como Grupo Comunicación Loyola, destaca la necesidad de sanar crisis de vitalidad mediante un enfoque compasivo y realista que integre psicología y espiritualidad.
- La Oración: Subraya que la oración no es un paréntesis, sino el espacio donde el presbítero encuentra el sentido de su identidad y misión diaria.
LA EDAD DE LA MADUREZ, ENTRE 40 Y 59 AÑOS
Puntos Específicos
Esta etapa, a menudo llamada el «mediodía de la vida», es crítica porque el presbítero pasa del entusiasmo de la juventud a la confrontación con sus límites, la rutina y la realidad de su ministerio.
Aquí tienes las claves de los autores y el Magisterio para este rango de edad:
- Amedeo Cencini: El paso de la «Eficiencia» a la «Fecundidad»
Para Cencini, entre los 40 y 60 años se libra la batalla contra la «accedia» (el cansancio del alma).
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- El riesgo del activismo: El sacerdote corre el riesgo de refugiarse en el «hacer» para no mirar su vacío interior. Cencini advierte que si no hay una conversión del corazón, el cura se vuelve un «funcionario del sagrado».
- La madurez de los afectos: Es el momento de integrar la soledad. No se trata solo de aguantarla, sino de convertirla en un espacio de hospitalidad para los demás. Es la etapa de la paternidad espiritual real.
- La crisis como oportunidad: Cencini ve la crisis de los 50 como una «segunda llamada». Dios ya no llama al joven idealista, sino al hombre real que conoce sus pecados y debilidades.
- Juan María Uriarte: El realismo y la «segunda conversión»
Uriarte es un maestro en analizar la psicología del clero en esta etapa, destacando el desgaste y la necesidad de equilibrio.
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- Superar el desencanto: A esta edad surgen las decepciones con la institución, con los feligreses o con uno mismo. Uriarte propone una «fidelidad creativa»: aceptar que no cambiaremos el mundo, pero que nuestro sí sigue siendo Valioso.
- Cuidar la salud integral: Insiste en que el presbítero debe cuidar su descanso, sus amistades y su salud física. El agotamiento (burnout) suele aparecer en esta franja si no hay un equilibrio entre entrega y autocuidado.
- La caridad pastoral madura: Ya no se busca el aplauso o el éxito, sino la entrega gratuita. Es el paso de un ministerio «de conquista» a uno «de presencia».
- Magisterio: Pastores Dabo Vobis y el Directorio
El Magisterio reconoce que esta etapa es la de la plena responsabilidad, pero también de los mayores peligros de aislamiento.
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- PDV 77: Juan Pablo II advierte específicamente sobre el riesgo del «individualismo» y la «cerrazón» en los propios esquemas. Insta a los obispos a prestar especial atención a los sacerdotes de esta edad.
- Fraternidad Presbiteral: El Magisterio subraya que en estos años la vida común o los grupos de revisión de vida son vitales para evitar que el sacerdote se convierta en una «isla».
- Actualización teológica: Se pide no caer en la obsolescencia. El estudio no es para «saber más», sino para entender mejor un mundo que cambia rápido y al que hay que seguir pastoreando.
CUADRO RESUMEN: EL DESAFÍO DE LA MADUREZ
| Autor/Fuente | Riesgo Principal | Propuesta de Formación |
|---|---|---|
| Cencini | El «funcionarismo» y la rutina. | Pasar de la eficiencia a la fecundidad. |
| Uriarte | El desencanto y el cansancio vital. | Una segunda conversión basada en la realidad. |
| Magisterio | Aislamiento e individualismo. | Fortalecer la fraternidad y la caridad pastoral. |










