LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
Sólo en Jesucristo nos podemos hermanar:
“él ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba…Él ha creado en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad, restableciendo la paz”
(Ef 2, 14-18).
HOMILÍA DE MONS. LUIS MARTÍN BARRAZA
Domingo 3 de enero de 2020
Mt 2, 1-12
Seguimos dentro del tiempo de Navidad, donde celebramos la manifestación del Dios hecho niño en Belén en un pesebre. Celebramos hoy “otra navidad”, la de la manifestación del recién nacido a todos los pueblos, representados en los llamados “reyes magos”. Se trata de la navidad de la fe, creer que el que está en el pesebre es el Hijo de Dios. Por la fe “todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio…”(Ef 3, 6). ¿De qué hubiera servido el nacimiento de Jesús en la carne si no hubiera nacido en el corazón del hombre? Lo que resulta extraño es que se ponga como ejemplos de fe a personajes que no pertenecen al pueblo judío. Como si Mateo quisiera provocar los celos de sus paisanos, los hiere en su amor propio, no para descalificarlos sino para invitarlos a creer en Jesús.
Se trata, pues, de la revelación del amor universal de Dios. Él se deja encontrar por todo el que lo busca con sincero corazón. Dios permanece libre frente a cualquier doctrina o culto, con la única intención de ser de todos. No es propiedad privada de nadie, ni del más justo y virtuoso. No quiero decir que las religiones no sirven o que no haya una verdadera, sino que nadie puede adueñarse de Dios. El pueblo judío adoptó actitudes de autosuficiencia frente a Jesús, y dejó escapar la oportunidad que Dios le ofrecía(Mt 23, 37-38). Le quiso poner condiciones a Dios para aceptar a su Mesías y se quedó fuera de la fiesta de la salvación.
Frente a la negativa de su pueblo, de acudir al banquete de bodas, Dios sale a las plazas y cruces de los caminos a invitar a todos lo que pasaran por ahí(Mt 22, 9). De esta manera queda claro que nadie puede echar a perder la fiesta de la salvación, ni sus representantes oficiales, Dios tiene amigos por todo el mundo. Si los que habían sido invitados no fueron considerados dignos, sale a buscar a quien desee asistir a la fiesta. Todos los que respetan la ley natural u obedecen a una conciencia recta, en la defensa de la vida y la dignidad de las personas, son amigos de Dios.
Este es un pasaje exclusivo de Mateo, Lucas que también habla de la infancia de Jesús no lo relata. Mateo escribió su evangelio pensando en judíos convertidos al cristianismo. Es un evangelista que conoce muy bien la Ley y los Profetas, continuamente los está citando para indicar su cumplimiento en Jesús. Esto puede explicar por qué trasmite esta narración de la visita de los Magos al portal de Belén. Seguramente, Mateo, ve en la visita de estos reyes, el cumplimiento del anuncio que hacía el profeta Isaías en la primera lectura: “Caminaran los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora…Te inundará una multitud de dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor”(Is 60, 2.6). También el Salmo 71, nos habla de un rey ante el que se inclinarán todos los demás reyes: “Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones. Ante él se postrarán todos los reyes y todas las naciones”. Esta era la forma como se anunciaba la llegada del Mesías: como un rey que establecería la justicia y la paz. De ahí la ofrenda de oro, que indica su realeza.
También el lugar del nacimiento estaba previsto por los profetas. Entre otros pasajes está el que mencionan los sumos sacerdotes y escribas, del profeta Miqueas: “En cuanto a ti, Belén tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”(Mi 5, 1). Dicho sea de paso que, es extraño que conociendo la palabra de Dios, no hayan reconocido al Mesías en Jesús. No es suficiente saber la letra de la Escritura, es necesario buscar el Espíritu que ha inspirado la Ley. Recordemos como enseña Jesús a entrar al espíritu de la Ley a aquel hombre que decía cumplir todos los mandamientos: “Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme”(Mt 19, 21).
Frente a los textos del Antiguo Testamento, arriba mencionados, queda el episodio de los Magos venidos de oriente, como una credencial de presentación en favor de Jesús, en verdad es el rey de los judíos. Al mismo tiempo, invita a los que conocían las profecías mesiánicas a reconocer su cumplimiento en este gesto.
Sin embargo, la Epifanía es la fiesta del mundo entero, porque hace resonar el deseo de Dios de salvar a todos los hombres. Nadie debe sentirse excluido de la fiesta del nacimiento del Hijo de Dios, él ha venido para todos. Hay quien tiene resentimiento contra Dios, porque ha nacido en la raza judía y los demás quedaríamos fuera. Esto es una acusación grave contra él, como si Dios hiciera favoritismo, tuviera sus consentidos y excluyera a los demás. Pareciera, más bien, una proyección de sentimientos muy bajos que hay en el corazón humano. El racismo, el sectarismo, la exclusión, son enfermedades del corazón del hombre, que nos lleva a dudar de Dios. Nosotros, apenas hay algo que nos distingue de los demás y lo aprovechamos para hacerlo motivo de división. Hasta Dios, que se ha presentado como Padre universal, llega a ser puesto al servicio de los bajos instintos de supremacía, para que unos se quieran afirmar por encima de los demás.
Así las cosas, resulta este episodio de la visita de los paganos al recién nacido, una denuncia del instinto sectario y discriminatorio que amenaza el corazón de cualquier ser humano. La patología de la raza superior está en cada uno de nosotros y no sólo en personajes del pasado, que causaron holocaustos pequeños o grandes.
En esta fiesta de la Epifanía, Dios se resiste a ser encasillado en nuestras fronteras y jerarquías. Si los sabios de oriente llegaron hasta él fue porque estaba a la intemperie, no estaba escondido en el templo de Jerusalén, en el palacio de Herodes, ni en su raza, en sus tradiciones, estaba ahí, simplemente, bajo el cielo, sin ninguna barrera, al alcance de todos. Este es el mensaje que nos da Dios en esta fiesta, que no está encerrado, asegurado, acaparado, sino que está a disposición de quien quiera encontrarlo.
Ciertamente su pueblo lo esperaba para esconderlo, para adueñarse de él, para afianzarse a sí mismo por sobre los demás pueblos. Al nacer, Jesús, no compra el pleito de su pueblo contra las demás naciones, sino que llega como amigo de todos. Esto es lo que no le perdonarán nunca los de su raza, el no haber aceptado privilegiar a algunos por encima de otros. El pasaje que meditamos nos da testimonio de que negaron su nacimiento, se avergonzaron de él. Apenas inicia su misión y tratarán de acabar con él.
Sin embargo, Dios continuó su fiesta con todos los que lo aceptaron, judíos o no judíos: “Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijo de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado”(Jn 1, 12-13). Aquí comenzó la verdadera globalización, Dios nos anuncia que toda la humanidad somos una sola familia. Jesús, con su nacimiento pone las bases para un proyecto de hermanos. Los que son considerados paganos(perros), infieles o condenados pueden participar en la fiesta de la vida con derechos propios.
Todo otro fundamento de la globalización es excluyente, la dinámica del dinero, de las ideologías, del bienestar, de la vanidad, descarta a muchos. Algo de esto nos dice el Papa Francisco en su Exhortación: “La alegría del Evangelio”: “Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del “descarte”, Los excluidos no son “explotados”, sino desechos, “sobrantes”(EG 53). En el 54° Mensaje de la Jornada Mundial por la Paz, el Papa Francisco, nos invita a promover “La cultura del cuidado como camino de paz”. “Hacernos cargo los unos de los otros y también de la creación…”
Sólo en Jesucristo nos podemos hermanar: “él ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba…Él ha creado en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad, restableciendo la paz”(Ef 2, 14-18). “¡Dichoso el que no se escandalice de mi!”(Mt 11, 6), decía Jesús a los discípulos de Juan el Bautista. Los sabios venidos de oriente, no se escandalizaron de aquel espectáculo tan pobre, no se desilusionaron, no reclamaron, sino que lo adoraron, simplemente aceptaron, obedecieron y se regocijaron en que Dios hace las cosas como le parece. Pongámonos en camino hacia una fe que contempla, que adora, que se regocija en Dios hecho hombre.










