RESPUESTAS DEL PADRE FRANCISCO GALO A LAS CUESTIONES PLANTEADAS EN LA SESIÓN DE SIMPATIZANTES
DEL miércoles 23 de marzo de 2022
¿Cómo ardió mi atractivo a Jesucristo, al Evangelio y a los pobres en el Prado?
Bueno es un poco larga; desde que hice Magisterio (un año entre Filosofía y Teología 1977-1978); lo realicé en la Pastoral Vocacional y Juvenil de la Diócesis, siendo acompañado por el padre Efrén Hernández quien era el responsable y a quien conocía desde hacía muchos años atrás.
El trabajo requería desde luego hablar de Jesucristo; Efrén me sembró el interés por leer acerca de su persona, su mensaje, a preparar no a partir sólo de lecturas sino también de la reflexión y de ese modo animar a los jóvenes.
Cuando pasé a Teología, Monseñor René Blanco a través de las clases de Cristología, me despertó más la inquietud y sobre todo de permanecer siempre en una constante lectura y referencia.
Todo esto desde luego era alimentado más desde lo intelectual; el mismo trabajo pastoral fue siempre un estar en permanente relación con los pobres. En ese tiempo fue nuestra bandera, defensa y sobre todo era una referencia constante.
Pero seguía insatisfecho, algo no me cuadraba bien: al terminar la formación en el Seminario, supe por medio del padre Héctor Villa de una reunión en Colombia, a la cual asistió junto con el padre José Luis Salinas de Chihuahua en ese tiempo: al regresar nos reunimos y nos contó un poco lo del Prado y con el compromiso de tener una junta más en forma con el padre Roger Servy que vendría a hablarnos de esto.
Posteriormente llegó el padre Manuel Medina precisamente a tratar de concretizar y acudí a los Ejercicios mediante los cuales se veía este camino como una realidad más concreta. Fue entonces cuando descubrí que era lo que buscaba.
Hasta ese momento los pobres eran más una cuestión ideológica que evangélica, es decir, me motivaba mucho el trabajo pastoral con ellos, el realizar labores en su apoyo, no puedo negar el invaluable y gran apoyo que me dieron las Comunidades Eclesiales de Base. Poco a poco fui cayendo en que debería descubrir el dejarme evangelizar por ellos, no tanto el hablarles o enseñarles conceptos, ideas, textos referentes a Jesucristo.
Nunca dejé al equipo del Prado; no era muy constante porque estaba retirado, pero nunca dejaron de ser una referencia y una familia con los que me fui identificando pues nos conocíamos desde mucho tiempo atrás.
Tampoco perdí las bases que Efrén y René me enseñaron, más bien le encontré sentido, dirección, camino concreto y sobre todo una fuente inagotable de alegría y riqueza pastoral y sacerdotal.
Luego de varias dificultades en 1989 realicé mi compromiso definitivo con esta familia y a partir de entonces he permanecido siempre gustoso en servir y a la vez compartir mi testimonio, en ese sentido he sabido perseverar, gracias a Dios.
¿Qué es lo que me impulsa?
Si no leo el Evangelio, ando muy distraído y hasta nervioso. Ha sido una necesidad que ahorita lo digo con facilidad, pero la tuve que “ir creando”. A diario hago una pequeña lectura para animarme durante el día. No se diga para preparar otro tipo de trabajos.
Ahora desempeño el cargo de Espiritual del Seminario Mayor; y en ese sentido valoro muchísimo lo que el Prado me ha dado y brindado, sin esto no hubiera podido desempeñar mi servicio. Todos mis trabajos: reflexiones, retiros, charlas y hasta Ejercicios Espirituales, los hago precisamente en base al Estudio de Evangelio y en la formación Pradosiana que he recibido.
Por obediencia episcopal, no hablo ni menciono para nada ni a Chevrier ni al Prado para evitar dificultades, prejuicios y malos entendidos, sobre todo por los antecedentes que se tuvieron en esta Institución. De ahí, sin hablar de esto, sin embargo, está presente en todo lo que realizo, pues es gracias al Prado como he podido canalizar y a la vez compartir lo hermoso que es mirar, actuar y responderle a uno por parte de Nuestro Señor.
¿Qué mensaje o palabras das a los simpatizantes?
Primeramente: aprender a realizar el Estudio de Evangelio; es muy importante distinguirlo incluso de la Lectio Divina; Creo que esto es básico para uno, pues es cuando por la PRÁCTICA, uno descubre y entiende este trabajo. Yo he asistido a los Encuentros, Ejercicios, Asambleas en México en donde nos hemos reunido como familia. En todas ellas el Estudio de Evangelio se vuelve la principal actividad ¿Cómo creer que no me haya ayudado?
Un segundo punto sería poner atención para saber discernir si es esta la vocación que quieren vivir. Estas reuniones son para irles ayudando a “familiarizarse”, a ir practicando las indicaciones que se les dicen. Hace mucha falta pedir ayuda y dirección al respecto.
Por último, dejarse conducir por el Espíritu Santo; desde luego invocarlo, por encima de todo permitirle que realice su obra. Esto a mí me ha ayudado mucho a querer el Sacerdocio a pesar de mis miedos, dudas, caídas y malos testimonios. He querido dejarme seducir por este Espíritu y me ha seducido. Gracias a Él no la he regado mucho más.
A lo mejor ya no organizo huelgas ni plantones, tampoco ando enfrente de marchas o protestas, puede ser que ni siquiera me consideren muy promotor de los pobres, pero puedo decir con mucha seguridad, cuando lo hago desde el Evangelio, le da un sabor y sentido muy propio a lo que realizo y a mí esto me llena, anima y satisface mucho.










