SUBSIDIO PARA LA HOMILÍA
BAUTISMO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
– Tú eres mi hijo querido –
Domingo 10 de enero 2021
(Marco 1, 11)
Lecturas bíblicas: Is 55, 1-11; Ct Is 12; 1Jn 5, 1-9; Mc 1, 7-11
Evangelio de Jesucristo según san Marco
Capítulo 1, versículos 7 al 11
[En aquel tiempo, Juan el Bautista proclamaba:] «Detrás de mi vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo». En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección».
El que viene detrás de mí
Vamos a caminar cada domingo con el evangelio de Marcos. Él comienza abruptamente. La descripción que hace de Juan el Bautista nos recuerda la de Elías, descrito en el segundo Libro de los Reyes (1, 8): “Era un hombre con un manto de piel y con un cinturón de cuero ajustado a la cintura”. Este hombre está totalmente volcado hacia aquel que “viene detrás”. Preparar el camino de otro: ¿qué indica esto de mi vocación? ¿Quiénes me han preparado el camino? ¿Quiénes son aquellos para quienes estoy llamado a preparar el camino? ¿Mi cónyuge, algún colega?
¿Dos bautismos?
Un bautismo con agua, otro con el Espíritu Santo: Juan, cuyo bautismo – se nos acaba de decir – es para “perdonar los pecados”, instaura una diferencia entre los dos. La concisión del evangelio, poco explicativo, me ordena sumergirme en estas misteriosas palabras de Juan. ¿Qué sentido tiene distinguir entre los dos bautismos? Al recordar bautismos a los que haya asistido o pensando en el mío propio, me doy cuenta de que efectivamente hubo agua… y que invocamos al Espíritu Santo. ¿Estos dos bautismos son distintos? ¿Equivalen a lo mismo? Medito todo esto.
Surgimiento
“Jesús viene”. Aquí también repasaremos los detalles. El texto de Marcos, el más antiguo de los evangelios, no contiene narración de infancia. El “acontecimiento Jesús” nos lo hace aparecer directamente adulto. Él viene de Nazaret, una ciudad tranquila de Galilea, casi insignificante. Trato de imaginarme cómo interpretaron esta venida quienes fueron testigos de ella. Curiosidad, hostilidad, benevolencia, desafío, ind
Solidario con los pecadores
La única alusión que Jesús hará al bautismo en el evangelio será en el capítulo 10, versículo 38. El “bautismo” con el que será “bautizado”, anunciado con ello su propia muerte en el futuro. Al recibir el bautismo de Juan, Jesús se solidariza con el hombre pecador. Al igual que en la cruz, cuando conoce el destino del hombre pecador, “Fue contado entre los pecadores”. Así pues, sin dejar de ser distintos, los dos bautismos son irreductiblemente unidos por el hombre Jesús. El agua manifiesta mi deseo de ser purificado del mal, una creación nueva, y esta nueva creación está también habitada por el Espíritu Santo, como la narrada al inicio del mundo (Génesis). La presencia de Jesús lo cambia todo. Reflexiono sobre esto.
Signos cósmicos
Este cambio se manifiesta a través de signos cósmicos: los cielos se abren, una voz se deja oír, la paloma desciende. Ya no estamos en el bautismo “únicamente” para la remisión de los pecados. Jesús, al salir del agua, se levanta ya de la muerte. Tomo tiempo para contemplar a Jesús saliendo del agua, y saboreo esta escena que expresa desde entonces el misterio pascual.
Alianza en Cristo
“Tú eres mi hijo querido”. Las palabras nos recuerdan el primer canto del siervo (Is 42). Todo el amor que hay en Dios nos alcanza a través de Cristo. Él es el lugar de encuentro, de la alianza. Saboreo el paralelo que hace la paloma entre la concepción del mundo y la concepción del Hijo. Ahora bien, este hijo es una persona de carne y hueso, histórica, un hombre en medio de los hombres, que un día me llamará a ser su “amigo”. Lejos de ser espectador desentendido de la escena, yo también soy solidario de esta narración. ¿Qué implicaciones tiene para mí el alba de este nuevo año?
Dejemos que nuestra comunidad nazca de Dios
“Así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril” (Is 55, 11 – Primera Lectura). ¿Y si nos pusiéramos a creer en ello, en comunidad? Sí, toda palabra es capaz de cambiar el curso de la historia. Palabras hirientes que matan o palabras de vida que reconfortan, consuelan y devuelven la vida. Así sucede con las de Dios que proclamamos cada domingo. Al creer que este hombre de Nazaret es Cristo, nacido de Dios, somos a la vez “engendrados” por Dios (Segunda Lectura). Es decir, engendrados a una vida nueva, a la alegría, a la Verdad. El Espíritu de Dios nos habita y hace nuestra comunidad infinitamente más fuerte de lo que sus debilidades (envejecimiento de los equipos animadores, por ejemplo) podrían permitirnos creer.
Orar al centro del mundo con el Papa Francisco
Para que el Señor nos conceda la gracia de vivir en plena fraternidad con nuestros hermanos y hermanas de otras religiones, orando los unos por los otros, abiertos a todos.
Somos un misterio para los demás y, algunas veces, para nosotros mismos. Y en este recibimiento progresivo de nuestro propio misterio, hay etapas y momentos de gracia en los que aprendemos un poco sobre nosotros, sobre nuestras propias raíces y nuestra misión personal.
Tenemos la impresión de que el bautismo es una etapa de este tipo para Jesús. Esta “voz que viene del cielo” lo confirma en su identidad filial. Así se le revelan en presencia de Juan el Bautista su origen y, de cierta manera, su vocación: él, a quien su padre ama infinitamente, sabrá a su vez amarnos a todos infinitamente y hacer de nosotros sus hermanos y hermanas.
Y para nosotros, ¿cuáles fueron las etapas que contaron en esta revelación de nuestro propio misterio? ¿Dejar la casa de nuestros padres? ¿Los primeros pasos en nuestra vida profesional o durante algún sacramento?
Escuchemos al Padre decirnos también que somos sus hijos queridos.










