SUBSIDIO PARA LA HOMILÍA DEL SEXTO DOMINGO DE PASCUA
– Ámense los unos a los otros–
(Jn 15,12)
Domingo 9 de mayo de 2021
Lecturas bíblicas: Hch 10, 25-26. 34-35. 44-48; Salmo 97; 1Jn 4, 7-10; Jn 15, 9-17
Evangelio de Jesucristo según san Juan
Capítulo 15 , versículos 9 al 17
“Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto. Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”.
• Historia de amor
Tres veces en el Evangelio de este domingo, Jesús narra una historia de amor: primero nos recuerda cómo él mismo ha amado a sus discípulos, como el Padre lo ha amado; luego, les ordena hacer lo mismo, amarse como él los ha amado. Finalmente, les ordena amarse los unos a los otros; el “como” ha desaparecido, para expresar que se trata de amar sin límites, sin barreras. San Felipe y Santiago, a quienes se celebra en esta semana, escucharon estas palabras. Como ellos, dejo que resuene en mí esta invitación a amar como el Padre ama a Jesús y como Jesús mismo nos ha amado.
• Mandamiento
¿Por qué habla Jesús de mandamiento parra invitarnos al amor? Dos pistas pueden ayudarnos a comprenderlo. Por una parte, podemos entender el término mandamiento, la noción de ley, como la buena manera de vivir, la manera de vivir bien: ¿acaso el reglamento de tránsito no es la manera de vivir bien el camino? Por otra parte, a través del “y” bíblico, signo de equivalencia, Jesús nos dice que cumplir los mandamientos es lo mismo que permanecer en el amor del otro: él cumple los mandamientos de su Padre, es decir, permanece en su amor. Puedo meditar todo esto en mi corazón.
• ¿Qué es amar?
Amar como el Padre y como el Hijo es dar la vida por aquellos a quienes se ama. El Padre da Su Vida por Aquel a quien ama; de la misma manera, el Hijo no deja de dar su vida por aquellos y aquellas con quienes se cruza por el camino, para que tengan la vida. La buena manera de vivir, la manera de vivir bien, nos dice Jesús, es dar la vida, ofrecerla, hacerla un regalo para quienes se ama. ¿Cómo recibo la vida de Aquel que me ama, de aquellos que me aman, y cómo a la vez hago un regalo de mi vida por aquellos a quienes amo?
• Servidor y/o amigo
“Yo los llamo amigos”. Nos vemos aquí colocados ya no en la posición de servidores del Hijo sino de amigos, amados por el Hijo. ¿Por qué? Porque Jesús nos ha dado a conocer todo lo que ha oído del Padre, a través de lo que es, dice y hace. Algunos se sienten más a gusto en la posición de servidores, otros prefieren el hecho de ser “amigos(as)” de Cristo. No dudemos en hablar a Cristo como un amigo habla a su amigo o un servidor a su maestro, según lo que nos convenga mejor.
• Sean fecundos
En una línea, se nos revela por qué Jesús nos ha elegido, el porqué de nuestra existencia, nuestra vocación. Vocación que recuerda la palabra que YHWH dirige a aquel a quien crea el sexto día, hombre y mujer: “sean fecundos” (Gn 1, 28). Dios nos crea para y nos llama a la fecundidad. Nos elige, nos da la vida, para dar fruto “y que su fruto permanezca”. Él nos da un medio: “ámense los unos a los otros”. Puedo meditar sobre la manera en la que doy fruto, o podría dar más fruto.
• …y en la alegría
Al centro del Evangelio, en su (casi) centro, se nos propone una especie de horizonte y esperanza: la alegría, la alegría perfecta, duradera. Nuestra fe no es asunto de regla o de práctica; es asunto de alegría, camino hacia una alegría perfecta, la alegría del Padre, la alegría del Hijo de estar con nosotros y para nosotros. Una alegría que es el fruto de nuestra fecundidad, del amor que tenemos los unos por los otros; una alegría a la medida sin medida del amor de Dios por cada uno de nosotros. En la víspera del sexto domingo de Pascua, pidamos la gracia de la alegría.
• único mediador
En este sexto domingo de Pascua, detengámonos sobre este “como” que entona el Evangelio. Jesús revela que la relación que ha mantenido con sus discípulos es exactamente la misma que la que el Padre mantiene con él, y los invita a hacer lo mismo entre ellos. El proyecto de Dios, el deseo de Dios por nosotros es que vivamos entre nosotros la relación de amor que une al Padre y al Hijo, y que estemos así plenamente asociados al Padre y al Hijo en el Espíritu. Dios nos propone convertirnos en sus hijos e hijas, a imagen del Hijo único. Nada menos. Y es para enseñarnos a vivir así que el Verbo se hizo carne y vino a habitar entre nosotros, para “darnos a conocer todo lo que oyó de su Padre”. Todo. ¡Aleluya!
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Este pasaje es en verdad una hermosa historia de amor. Amor en cascada. De Dios Padre por su Hijo Jesús. De Jesús por su Padre. De Jesús por nosotros, sus “seguidores” pero, ante todo, sus amigos – él nos lo dice. Y de nosotros, por todos aquellos a quienes frecuentamos y amamos. Una verdadera locura y un magnífico reto. Además, obtendríamos y nos invadiría la alegría, su alegría. ¿Debemos comprender que el amor, la alegría y la amistad van de la mano? ¿Que esta historia de relaciones nos invitaría a ser responsables de transmitirla? El Señor no nos eligió como amigos para que nos quedemos con los brazos cruzados sino para que vayamos a la vida, y para que en ella demos fruto. ¿De qué manera? A cada uno de nosotros nos toca descubrirlo. Pero siempre hacia adelante. Él nos lo pide y es seguro que nos espera en este camino.










