SUBSIDIO PARA LA HOMILÍA DEL DOMINGO XXXII ORDINARIO
“Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”
Mt 25. 1 – 13
Lecturas bíblicas: Sab 6, 12-16; Salmo 62; 1T 4, 13-18; Mt 25, 1-13
Evangelio de Jesucristo según san Mateo Capítulo 25, versículos 1 al 13
“Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: «¡Ya viene el esposo, salgan a su encuentro!». Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: «¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan? Pero estas les respondieron: «No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado». Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: «Señor, señor, ábrenos», pero él respondió: «Les aseguro que no las conozco». Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora”.
Asamblea mixta
La parábola de las diez vírgenes me acompañara hacia el domingo. Dice que el Reino de los cielos se parece a estas diez: necias y prudentes. Es como el campo donde crecen juntas la buena semilla y la cizaña. Dicho de otra manera, el Reino de los cielos es lo contrario de un “club de perfectos”: es una
asamblea mixta, donde sería muy imprudente decir con anticipación quién es insensato o previsor. Señor, en tu Iglesia, concédeme renunciar a poner una etiqueta sobre los demás, sobre mí mismo. Es lo más sabio.
¿Iglesia dormida?
Todas se quedan dormidas. No las juzgamos. Es normal, pues el esposo tarda en llegar. La primera comunidad cristiana, que creyó en el regreso inminente de Cristo, debió sentirse desconcertada. En mi Iglesia, también hay adormilamiento: por repetición de prácticas pastorales, discursos utilizados que no me llegan, reflejos corporativos o sencillamente desaliento frente a los pocos frutos de sus iniciativas… A veces confundimos las costumbres y las tradiciones con La Tradición, que configura a la Iglesia al centro de su misión única: proclamar la Buena noticia. Señor, concédeme una mirada misericordiosa sobre mi comunidad.
En medio de la noche
Llega el esposo en medio de la noche, invitando a venir a su encuentro. Las tinieblas con frecuencia son signo de confusión; Judas, por ejemplo, huye “en la noche”. Jesús, el esposo de la parábola, aparece en el momento en que no lo esperamos. Algunas narraciones de conversión señalan la venida de Cristo a la vida de personas en plena tormenta: porque han sufrido violencia, porque no ven claro el sentido de la existencia, etc. Señor, la noche no es el fin de la Historia; concédeme creer que tú puedes aparecer y revelarte en ella para nuestra alegría.
Preparase
La narración se desboca… pero renuncio a hacer una lectura moral. La actitud de las vírgenes prudentes, que se rehúsan a prestar su aceite, es imperfecta: alejan a las otras de la sala del banquete y las envían al mercado… Así se han preparado mejor para del encuentro, este momento crucial que no puedo vivir a través de otro, ni en lugar de otro. Señor, ¿qué encuentros estoy esperando? ¿Qué hace que me levante cada mañana? ¿Hacia qué fin tiende mi vida?
A la espera
“Estén prevenidos”. No sé cuándo va a venir el Señor. De hecho, puede recoger mi vida en cualquier instante, pero también se manifiesta, afortunadamente, antes de mi muerte. La recepción improvisada de algún amigo me invita a tener siempre preparada mi casa. La fuerza de perdonar a alguien que me ha hecho mal me habita. Una oportunidad profesional que creía desaparecida puede volver. Sin volverme propietario celoso del aceite, símbolo del Espíritu, sin quiere “captar” un día o un horario que no puedo dominar, tan solo me queda disponerme y estar preparado. Señor, concédeme la gracia de permanecer en tu espera.
No nos distraigamos
La Sabiduría “se deja encontrar por los que la buscan”, proclama el libro del mismo nombre, Sabiduría, en la Primera Lectura de este domingo. “Meditar en ella es la perfección de la prudencia”. Salomón, joven rey, lo había experimentado: ya es sabio pedir serlo. De ahí que la disposición del corazón que nos hace amar la Sabiduría nos parezca tan complicada de esperar. Quizá porque preferimos, a un nivel individual pero también en comunidad, distraernos como las vírgenes necias, dedicándonos a actividades que consideramos más importantes. Que nuestra comunidad cristiana no pierda nunca de vista lo esencial: prepararse para la celebración y el anuncio del Señor de los vivos.
Orar al centro del mundo con el Papa Francisco
Para que los avances en robótica e inteligencia artificial sean siempre al servicio del ser human.
Durante una boda, nuestras miradas se posan sobre los esposos, que sellan entre sí una alianza tan fuerte como la que Dios sella con su pueblo.
En el evangelio de este próximo domingo, se trata del esposo que regresa. No se dice nada de la esposa. Esto se parece extrañamente al evangelio de las bodas de Caná. ¿Dónde se esconde entonces la esposa? Las diez jóvenes esperan, como damas de honor, la venida del esposo que tarda. ¿Por qué tarda? ¿Acaso busca a su esposa? Tantas preguntas sin
respuesta. Se nos remite a nosotros mismos para encontrarles sentido.
Y si Jesús nos dijera simplemente que su esposa es la Iglesia que espera su regreso, aunque no sabe cuándo. Y si la esposa fuera cada uno de nosotros. ¿Qué aceite compramos para mantener la flama de nuestras lámparas? ¿Cuál es la calidad de nuestra espera?
No tardemos más, salgamos a su encuentro.










