– Reflexión y Comunidad –
CARTAS DEL PADRE CHEVRIER
Meditar y compartir con hermanos sacerdotes y seminaristas
Sección Presbíteros
Lee cuidadosamente esta carta de un sacerdote humilde, pobre y misionero en su propia diócesis, que comparte con otro sacerdote que busca la santidad en el ministerio. Date un tiempo para alimentar tu experiencia del Maestro Interior; subraya, escribe un breve comentario sobre cómo Jesús Pastor sale a tu encuentro en este testimonio antiguo pero con la novedad del evangelio. ¿Que quieres retener? Anímate a compartir esta carta con otros hermanos sacerdotes y con algún seminarista. Estarás construyendo la fraternidad apostólica.
Al Reverendo Gourdon (1865)
52 (49) [1]
Querido compañero:
He leído con agrado su carta. El gran misterio de la Encarnación, que ha tocado su corazón, es verdaderamente el fundamento de nuestro celo, de nuestras acciones, y un gran motivo para humillarnos ante Dios. Es el misterio que me ha llevado a pedirle a Dios la pobreza y la humildad, y la razón de haber dejado mi ministerio parroquial para practicar la santa pobreza de Nuestro Señor.
Deseo, y se lo pido a Dios todos los días, que llene a los sacerdotes del espíritu de Jesucristo y que nos parezcamos cada vez más a Jesús, nuestro Divino Modelo, el gran modelo de los sacerdotes. Oh, si nos pareciéramos a Jesucristo nuestro Salvador, ¡cuánto bien, cuántas buenas obras se harían en la Iglesia de Dios!
Convirtámonos, mi buen hermano, ayúdeme a convertirme y pidamos juntos llegar a ser dignos representantes de Jesucristo en la tierra y dispensadores de sus gracias.
El sacerdote es otro Jesucristo, esto es verdaderamente hermoso. Pida usted para que lo llegue a ser de verdad. Me siento tan alejado de este hermoso modelo que, a veces, me desanimo, tan lejos de su pobreza, tan lejos de su muerte, tan lejos de su caridad. Pida y pidamos juntos para que nos vayamos configurando con nuestro bello Modelo.
En cuanto a la obra de que me habla, haga usted lo que Nuestro Señor le inspire, pero déjese guiar por las circunstancias, más que por usted mismo. Dejemos actuar a Dios, he descubierto que, cuando actuamos por nosotros mismos, al final hay que deshacerlo todo, y que cuando las cosas las hace Dios, todo sale bien. Así, pues, si puedo darle un consejo, emprenda su obra con la mayor humildad; el pesebre, ése es el comienzo de toda obra de Dios, las cosas exteriores significan poco, haga usted todo lo que se refiera a la salvación de los demás, a la gloria de Dios sobre todo; no les dé usted otro reglamento que el de amar al prójimo y sufrir, la primera regla es la caridad. Comience con poca gente, una sola persona que posea el espíritu de Dios vale más que cien que no hacen más que poner trabas.
Perdóneme todas estas cosas, no soy más que un pobre mendigo en el cuerpo y en el espíritu; le envío un pequeño impreso sobre la pobreza de Nuestro Señor, he visto varias personas que serían verdaderamente dichosas si vieran que los sacerdotes lo cumplen.
Rece por mí,
su compañero en Nuestro Señor Jesucristo.
A. Chevrier Capellán del Prado, en la Guillotière










