– Meditación –
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DEL DOMINGO XVI ORDINARIO
20 de julio, 2025
Luca 10, 38-42 (Gen 18,1-10ª)
Mons. Luis Martín Barraza
Torreón
Jesús va de camino a Jerusalén y en el trayecto ofrece enseñanzas decisivas. Sobre todo inculca una actitud discipular. El primer anuncio de la pasión y el consiguiente desconcierto de sus discípulos, justifica la necesidad de “un proceso catecumenal” a fondo. Ciertamente Lucas no narra la pretensión de Pedro de disuadir a Jesús de no enfrentar la cruz, pero sí una serie de desaciertos de parte de sus discípulos que hacen que Jesús les hable con toda claridad: “Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos?”(Lc 9, 41). Frente a todas las manifestaciones de sus discípulos Jesús les irá dejando claro que seguirlo a él es obsequiarle su libertad sin esperar nada a cambio, aunque después sí haya alguna gratificación: “Los zorros tienen guaridas y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”(Lc 9, 38). Jesús les invitará a ir más allá de las generosidades humanas, de la opinión pública, de los respetos humanos, de lo políticamente correcto, para ponerse totalmente a merced de la obra de Dios. Se trata de una inversión de muchos “valores” desde la óptica del reino de Dios.”Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír los que ustedes oyen pero no lo oyeron”(Lc 10, 23-24).
En ese caminar hacia Jerusalén Lucas nos narra, muy al principio del recorrido el pasaje del encuentro de Jesús con Marta y María. San Juan pone dos encuentros con estas mujeres, uno cuando murió Lázaro, el hermano de ellas y otro, unos días antes de la pasión de Jesús y el tema en ambas ocasiones es más su muerte y resurrección(Jn 11, 17-27). No parecen estar muy separadas en el tiempo las dos visitas. Podemos pensar que la intención de Lucas, al ponerlo al principio de su recorrido hacia Jerusalén sea lo que ha venido insistiendo: lo importante es la fidelidad al proyecto de Dios y no tanto el éxito mundano que se pueda alcanzar. Los likes, el marketing, la fama, el ruido, la popularidad no quieren decir mucho: “alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”(Lc 10, 20). Como si dijera Jesús: “asegúrense de que están anunciando el reino de Dios y no tanto si están vendiendo bien su imagen”. Enseguida, Jesús, hace una oración donde verifica su misión desde el corazón de su Padre, y no tanto desde la aceptación que ha adquirido: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos…”(Lc 10, 21). Si Jesús se rigiera por los criterios de éxito del mundo, no habría mucho que celebrar: sus discípulos no lo están entendiendo(Lc 9, 41. 46. 49. 54); su familia tampoco comprende(Lc 8, 19-21); algunas ciudades no lo aceptan(Lc 10, 13-15; las autoridades religiosas lo acosas, (Lc 7, 39), llegando a acusarlo de que es un enviado de satanás(Lc 11, 15), etc. Su criterio absoluto es: “Sí, Padre, así te ha parecido bien”(Lc 10, 21).
En este pasaje de la visita de Jesús a las hermanas Marta y María nos da otra cátedra sobre el ser discípulo superando las sutilezas de la mundanidad espiritual. Jesús nos invita, ahora, a estar revisando continuamente nuestros criterios de éxito en la misión evangelizadora: las estadísticas, la popularidad, las construcciones materiales, las relaciones influyentes, etc. Sin duda que los seres humanos necesitamos signos tangibles para medir las cosas, pero siempre puede estar escondida una intención perversa en los “pliegues” del celo evangelizador o de cualquier servicio. Marta puede representar los afanes no tan honestos de todos los apóstoles del bien común y de la salvación. Se pudiera pensar que bastaría con que alguien trajera “la piel de oveja” del servicio y la evangelización. Pero sabemos que el peligro de intereses personales siempre pueden estar en cualquiera de nosotros. Mientras nuestro servicio no sea plenamente gratuito y lo estemos cobrando de alguna manera, siempre habrá el riesgo de que nos desesperemos por no estar bien remunerados. No hablo principalmente de economía, esta siempre se va a atravesar, sino de total libertad de indiferencia frente a las glorias humanas, que hace que también en lo económico nos guiemos con el criterio de lo único necesario. Mientras haya algún interés mezquino en nuestras obras, así sean las más generosas, hay peligro de descomposición de todo. Hay muchas instituciones de servicio “picadas” de turbios intereses.
No es que Jesús sea un malagradecido con la anfitriona, que pareces ser la que encabeza aquella casa, pero tampoco se deja “apantallar” con cualquier servicio. Todo lo que sea ayudar al prójimo en términos generales es bueno, pero si queremos que sea santo necesitamos “ir a vender lo que tenemos y dárselo a los pobres”(Lc 18, 22). Estas palabras nos invitan a un camino que no tiene fin, porque siempre querremos regatearle a la entrega. Esto es parte del mismo amor que tiene a sus amigas(os), no son relaciones de complicidad, sino de crecimiento, de ayudarse a cimentar la vida en la verdad. Porque Jesús valora mucho la hospitalidad y la amistad de Marta es que la quiere sanar de algún egocentrismo. Más bien, Jesús se compadece de la angustia que percibe en Marta. No estaba sirviendo a gusto , su laboriosidad era proporcional al resentimiento que iba acumulando en su corazón. Era una “bomba de tiempo” que tarde o temprano estalló.
Seguramente la actitud de Marta evocó en Jesús la religiosidad rigorista, aparente, legalista de los judíos. Tal vez vuelvan a aparecerse el levita y el sacerdote de la parábola del buen samaritano, en esta manera de proceder. En esta ocasión muy activos, muy acomedidos, pero, igualmente, con su corazón frío y calculador. No basta detenerse ante la necesidad, curar las heridas, trasladar al herido, asegurar la curación, es necesario tener compasión: “¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?. El doctor de la ley le respondió: ‘El que tuvo compasión de él”(Lc 10, 36-37). Pero de la compasión a la que se refiere Jesús nosotros sabemos poco. Tal vez podamos ser un poco altruistas, filántropos, pero compasivos al grado de no pasar ninguna “factura” a nadie, está por verse. Ya lo he dicho que sabemos cobrar muy bien, de alguna manera, nuestros servicios, y con el descaro de todavía hacernos llamar bienhechores(Lc 22, 25).
Es por ello que Jesús da una enseñanza a propósito de la actitud de María: “María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”(Lc 10, 42). Está volviendo a decir: “Cuídense de la levadura de los escribas y fariseos”(Mt 16, 6). “Todo lo hacen para que los vea la gente: exageran sus distintivos religiosos y alteran los adornos del manto; les gusta los primeros asientos en los banquetes y los puestos de honor en las sinagogas, el ser saludados por la calle y que los llaman maestros”(Mt 23, 4-7). Tal vez sea injusto poner estos sentimientos y pensamiento en Jesús hacia su amiga Marta, pero nos ayuda a comprender la coherencia de Jesús, que actúa siempre desde la única cosa necesaria. Su reacción, esta vez, no está desconectada de toda su predicación. Nuevamente, el absoluto es la voluntad de su Padre y no sentimientos particulares hacia una u otra mujer. Esto nos hace ver cómo Jesús no tiene tratos preferenciales sospechosos, actúa siempre desde el proyecto del reino.
Tratando de interpretar este pasaje desde la convivencia social, podemos decir que Jesús , en María, defiende la vida contemplativa, espiritual, de la cultura de la eficiencia, de la ganancia, del utilitarismo. No dispensa a los creyentes de la acción, de la responsabilidad, de que tengan iniciativa y que sean emprendedores y trabajadores. De la catequesis de Jesús a Marta, María tiene que aprender que estar a los pies de Jesús escuchándolo debe ser signo de un auténtico discipulado. El creyente contemplativo también puede tener motivaciones no correctas de los momentos de recogimiento y oración. Puede pensar que se debe de huir del mundo, que es suficiente con la vida litúrgica y los actos de piedad; que es superior porque él sí va al templo. El que Jesús considere que, frente a esta situación concreta, haya que resaltar la escucha con docilidad y afecto, que se reflejan más en María, no significa que no la este llamando también a la conversión. Recordemos cómo en un determinado momento reconoció a Pedro su respuesta sobre el Mesías(Mt 16, 17), para después llamarlo satanás(Mt 16, 23). Desde María también se puede solamente quererse ser Marta, que hace oración para que la vean las gentes(Mt 5, 5).
Si en la cultura moderna tan acelerada, que frecuentemente empuja a atropellar personas, valores, espacios, no hubiera signos de malestar podríamos dejarla continuar su marcha sin cuestionar, pero esta prisa es a costa de la espiritualidad, de la moral y, a veces, de la vida. Hay demasiada violencia, muertes, divisiones, enfermedades, pérdida del sentido de la vida. Mientras que, por un lado, se pueden presumir todos los avances del “homo faber”, por otro, hay más descartados de las condiciones dignas de vida.










