PÁGINA DE CUADERNO DE VIDA
«YO SOY JESÚS, A QUIEN TÚ BUSCAS»
(Cfr Hech 9, 5)
Relectura de la vida desde la mirada de Jesús
Pbro. Rubén Medrano Gordillo
Arquidiócesis de Tula
20 de Junio 2020
Male, Bernardo y yo fuimos a comprar tela para confeccionar bolsas que servirán en el reparto de despensas. Es una de tantas acciones de Caritas Nacional para todas las diócesis en este tiempo de emergencia del Coronavirus (Covid-19). Male es madre de familia. Se las arregla para dejar de comer a su familia (su esposo y dos hijos) y dedicar tiempo para la pastoral social. Bernardo es diácono permanente, antiguo asesor de Caritas HIdalgo. En la tienda de telas lo veo contento y dice: «me encantan los retazos». Estamos buscando las ofertas y los precios más baratos.
22 de Junio 2020
Ante la emergencia sanitaria (debido a la pandemia) emerge la persona de Jesús.
Hoy comienza mi tarea de repartir cincuenta despensas a los pobres de la parroquia. Recibo la lista y me organizo para comenzar la distribución. Son quienes solicitaron despensas. Obviamente no son todos los pobres. Hay muchos más. Esto me lleva a pensar en las innumerables acciones para esta obra asistencial. Siento un poco de pesar pues lo deseable serían acciones de promoción pero así y todo me toca ser un eslabón más en estas acciones solidarias. Pienso en las personas anónimas que están detrás de la organización nacional: algunos desde el escritorio, otros buscando instituciones de beneficencia, otros coordinando en las diócesis… y los próximos son Male que confeccionará las bolsas y, junto con el grupo juvenil parroquial (Diana, Héctor, Zaira, Luis,…etc) compondrán las despensas. Yim con la lista en mano, voy a buscar las familias necesitadas.
Comienzo por los más alejados geográficamente: Donguiño, un pueblo en tierras de agostadero, agua escasa y un panorama semidesértico.
Lucina me acompaña para la repartición. Las casas están muy dispersas y lejanas, una tradición hñähñú. Don Lalo , octogenario, está convaleciente en casa de su hijo y su nuera lo atiende. Zenaida es viuda y está a la Providencia de Dios. Nos invita a pasar a su casa. Muy amable y su rostro irradia paz, alegrìa por nuestra visita. A pesar de la escasez de agua tiene macetas con flores (aprovecha el agua pluvial que acapara del techo de su casa).
Cuando llego a casa de Marcos, quien sale es su mamá que nos invita a pasar a saludar a su hijo que es Marcos. Con él no hay diálogo. Tiene veinte años y es discapacitado. Sus manos están torcidas y sus extremidades inhábiles. No puede comunicarse. En su rostro se adivina que sus gestos son de alegría o algo indescifrable. Para mis adentros me hace parafrasear una frase de aquel Encuentro de Saulo con Jesús, camino a Damasco: «YO SOY JESÚS, A QUIEN TÚ BUSCAS».










